con dos palabras o más
A mí me encanta decir las cosas en pares o por lo menos con dos palabras, si se puede y me dejan que las diga con más, mejor. Por ejemplo, si escribo mixto, después pongo híbrido, si escribo, medular, luego pongo toral, crucial, y así, es una especie de necesidad de no querer alcanzar las cosas, los conceptos, una suerte, un cierto tipo de búsqueda del lenguaje, pero en el fondo es un no querer, un resistirse, a alcanzarlo, a conquistarlo, domarlo al indómito. No es necedad, es como saber que no se tienen las cosas bien claras, como estar muy conciente de ello, que el mundo es mundo por inasible, si fuera rodeable sería manzana no mundo. Me gusta sentir que no acaba la búsqueda, pues, el rastreo, el incontenible impulso de soñar que se puede decir algo más algún día, diferente de todo lo primero que se planteó y para que realmente eso que venga sea totalmente nuevo, hay que tratar las mayores posibilidades actuales. Pero sí es una necedad porque está mal escribir así en un trabajo de investigación, es incorrecto y da un aire de imprecisión y de molestia al que lo lee, ¿por qué carajo me aumentan palabras si esto se puede decir con menos? –dice el lector. Y yo digo, es que si la quito, siento feo, como que se suprimiera una parte de mi y mis ideas, entonces lo dejo y al lector real no le agrada y no lo entiende, pero a mí sí, mi lector implícito es alguien que entiende que por muchas palabras que se suelten nunca se podrá decir bien todo, siempre queda algo sin poder ser traducido, algo indescifrable. Por eso aumento palabras equivalentes (no sinónimas desde hace mucho no me gusta esta palabra porque si los términos realmente significaran lo mismo, no habrían más términos, no significan lo mismo, si cambia la forma y su carácter, cambia el sentido) pero tampoco equivalentes me gusta, como que en realidad lo que siento a la hora de emplear dos o más palabras lo que hago es un ensayo de completitud, como que aviento varios términos para que entre los tres me acerque más a la idea, aunque en el fondo sepa que tres palabras no hacen un mundo y eso me guste de mi mundo. Bueno pues sí, soy necia, pero no está en ese ensayo una búsqueda de más palabras, tal vez lo que me gusta comprobar es que cada vez puedo conocer una palabra al bordear una idea, por eso, muchas palabras que no conocía me las ha dado la invención, la curiosidad; las he encontrado así, tratando de entender una canija idea desordenada, muchas palabras que no conocía de repente aparecen en mi cabeza con el sentido adecuado y digo “¿dónde escuché esto? ¿dónde lo leí? ¿quién habla así? ¿quién me la enseñó? ¿en qué lugar de mi memoria estaba que nunca la había usado y ahora brota? No puedo creer tanta genialidad y la busco y resulta que sí existe y que la estoy aplicando bien, ¿cómo funciona ese fenómeno? Entonces me maravillo de que sigo aprendiendo a hablar, de que en el fondo soy una nena inocente, de que mi lengua tiene un mar, un infinito, un cosmos y un sótano interminable que decirme que aún con todo no hacen un mundo, pero lo rozan, ¿de eso se trata el camino, no? ¿de eso se trata el lenguaje qué no? Todo se trata de vivirlo.
Qué hacer, qué dar.
Un abrazo
una mirada de comprensión,
un gesto de ternura
un ademán de afecto
auxilio a su alma
aliento,
un toquecito de calma.
Que sepa que lo quieres
que no haya duda en su corazón
que tu voz lo alivie
que su cuerpo se confíe a ti
es casi un hijo:
arrópalo.
Su conciencia es distinta a la tuya,
su enfermedad es otra también.
Necesita irse tranquilo,
necesita confiar en ti,
saber que lo entiendes;
creerse acompañado:
está solo, solo, siempre ha estado solo
(como todos nosotros
como se suele estar frente a la incomprensión de la vida
frente a la endemoniada falta de certezas)
siempre ha estado aislado, más que todos
porque nadie cree en lo que él,
nadie comparte su pasión-locura
nadie se aferra a una vida tan áspera
nadie sufre como él, a voluntad.
Su única compañía es el verdugo de sus pensamientos;
su único ruido lo silencia, lo aparta más. Y más.
No lo cambies, no lo convenzas.
Dile que lo entiendes;
dile que sabes lo que siente.
Dile que te duele que le duela.
Dile que te preocupa su preocupación.
Dile que lo amas y ámalo.
Antes de que se vaya,
antes de que te sientas tú vacía y sola
porque no lo amaste
y porque sí lo amabas y no lo sabías hasta que se fue.
Sola
S O L A
Con todas sus letras.
Se equivocó la paloma,
se equivocaba…
Por ir al norte fue al sur.
Creyó que el trigo era agua
…se quivocaba.
Qué duro es aceptar que uno se ha equivocado
pero no tanto la aceptación, sino la nostalgia de la ilusión
y al mismo tiempo es tan sólida la equivocación que lo lamentado es el tiempo perdido.
Y como el mismo Serrat diría: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Escribir, petite mort.
Ay, siento que me muero un poco. Llegar al orgasmo siempre me ha dado miedo porque implica una entrega total, un darse completo, mostrarse, soltarse y acercarse al final. A pesar de mi deseo astronómico de concluir y de que ése término significará una entrada a otro ciclo, a la renovación, advierto vértigo en el repunte. Hay un cierto temor a que no sea suficiente, a que sea un espasmo incompleto, un temor de terminar para siempre y que aún así, no sea suficiente. Es exactamente la descripción de mi escritura, hay un algo inasible, un concepto que no alcanzo, una expectativa nueva en el último momento antes del éxtasis. Escribir, venirse, discurrir, fijar, sellar la monumental caricia efímera de la revelación.
Escribir también es una muerte chiquita.
Otro anuncio
http://www.festivalmemoria.com.mx/index.html
Tercer Festival Internacional de Cine Documental en Tepoztán, Mor. Cuba como Invitado.

Gran noticia: ¡MONTT SE PUEDE COMPRAR YA!

http://www.dosisdiarias.com/2009/05/me-canse-de-esperar.html
La buena noticia es que podremos ver a Montt impreso. La mala es que aún no lo editan en México, pero creo que ese es un error que puede corregirse muy pronto (se pide a Chile por internet en buscalibros y lo envían a domicilio). La otra mala noticia, para mí, es que mis vacas andan flacas, pero igual y en una vuelta lo compro en la meritita Sudamérica, no pasa de este año, lo tendré así tenga que ser feliz y vivir intensamente en el intento, ja!
Dos motes: Letra / Ruda
Clases en ese intento de institución de nivel superior para el que trabajo “de cuyo nombre no quiero acordarme”.
1) Un día, al finalizar la explicación saussuriana de la doble articulación de la lengua, mi alumnito…
Aníbal: (Tono recriminativo) Profesora, usted debió haber sido una letra. Me cae.
Maestra Luci: Y entonces, ¿sería parte del significado o del significante ¿y en qué sentido?
Aníbal: Sin comentarios.
—-
2) Otro día a media argumentación en la clase, diálogo con el mismo alumno:
Maestra Luci: El corrector ortográfico y gramatical de Word es muy deficiente, bla, bla, bla. Deben aprender la ortografía de la época o tendrán mala imagen hasta en los mensajes de texto de celular, bla, bla, bla.
Alumno Aníbal: ¿Por ejemplo, maestra?
M. Luci: El otro día me enviaron un mensaje con la palabra ‘escepción’.
A. Aníbal: Uy, maestra, lo debe haber puesto como chancla, a su galán, ya me imagino, pobre cuate.
M. Luci: (casi sonrojada) ¿Mi galán? No, claro que no. No andaría con nadie que no supiera escribir ‘excepción’.
A. Aníbal: Aaay (mueve la cabeza hacia los lados). Qué ruda.
Nunca me habían hecho cumplidos tan bonitos. Lo irónico es que la intención era criticarme.
Auuuuuuu…
Estoy buscando algo, lo sé, debe de ser como un vientre; como ir a dar al rincón blando, placentero, natural de donde vine; busco sin buscar; hago todo lo que me aleja de ese lugar y con ello me acerco más, sé que estoy a punto de hallar una ruta hacia allá, aparece en sueños, lo saboreo en instantes semiconcientes. Hay un sitio para mí, separado de toda lógica de toda historia de vida, hay un espacio que ahora es extraño pero es lo más cercano a mí en el Otro Tiempo; es simple llegar a esa configuración pero este nivel de submundo tiene una estructura tan laberíntica que me impide mirar lo fácil que es, corriendo sin rumbo quizá lo encontraría más fácilmente, pero ¿no estoy ya sin dirección, cuánto tiempo ha pasado desde que comencé a buscar sin buscar? A veces lo presiento como si estuviera a la vuelta de la esquina y otras se funde entre un sueño, una asociación, una idea y una historia que se inventa. Esta madrugada pude olfatearlo. Y era tan atractivo el impulso de dejarse llevar por la irracionalidad que por poco el deseo se troca, preferí olvidar la imagen mental a permitir que el miedo la despintara. Esta mañana he estado evocando segundo a segundo ese olor original, esa semilla que he de encontrar y me ha dado nostalgia no ser dueña en el presente de ese poder, ¿lo fui antes o lo seré? ¿veo el pasado o recuerdo el futuro? Algo dentro de mí, mi tuétano sabe lo que yo desconozco. Se trata de acallar lo demás y dejarlo en silencio hasta que perciba la confianza necesaria para hablar. También pueden ayudar los días y la búsqueda errática que practico hasta ahora; lo único que me aflige es que llegue tarde, que transcurra un tiempo largo sin mayores pistas y que llegue a él sólo antes de la muerte o entonces ¿de qué se trata esta vida? Han pasado décadas y yo sólo tengo pistas, lo único importante es estar allí, cómoda y feliz, no quiero morir ni vivir sin ese ambiente, no quiero desperdiciarme, sería una lástima invertir tanta energía en lo que no forma parte de esa dimensión, sería un desgaste inútil, como tantos otros, como tantas vidas grises que se emplastan se endurecen y se vuelven un objeto, masa, metal, plástico, sonido hueco. Yo quiero un arrullo eufónico, yo tengo uno, lo he adivinado divisado, atisbado varias veces, mi libertad consiste en encontrarlo, la tranquilidad se hará cuando ese sonido, ese espacio, ese sabor, esa presencia, ese color de conciencia aparezca.
Nublado frío
A mí los días nublados me vaticinan buen tiempo, no afuera, sino dentro. Y si hace fuerte viento todavía mejor. En eso soy totalmente individual y me separo de la convención del significante y significado de los días parduzcos. El frío aire me viene bien porque me despabila, me refresca no sólo el rostro, sino la entraña, me despeina, me recuerda mi estado natural original, me vuelve una especie de hoja suelta. Luego, viene el color del ambiente, percibir eso no lo cambio por nada, el tono que toman los objetos, los árboles, las personas me trae suspiros que atraen hondonadas de presencia de lo real maravilloso, múltiples puertas (o-port uninades) que conducen al camino que quiera y siempre me decido por vivir el extrañamiento; llegar al estado de desconocimiento de todo lo conocido, volverme una pequeña observadora asombrada que aspira inmensidad. Los días nublados con viento frío me vuelven la ciudad más liviana, como la que veía cuando era niña. Venía al DF en verano, es decir, en temporada de lluvias y para mí el DF era eso, una ciudad nublada y fría, así que cuando vuelve a estar nublado en esta vida “adulta”, me torno niña.
Tres (M-JP-L)
Hoy lo más apremiante, lo único que se salva dentro de la densa y estupidizante marea entre el sueño y las percepciones laterales es la necesidad de CREER. Me ha dado frío y debajo de mi piel siento venas vaciarse de calor, confieso que este temor es más grande que todas las falsas imágenes de mi misma; me rebasa, aniquila mi energía; me coloca en mi real dimensión de nimiedad y me calla. Necesito precisamente por ello afirmar la vida, tomar el último centímetro cúbico de aire y devolverlo al espacio en forma de beso, de la angustia hacer agua de sonrisa; del temor, deseo; de la oscuridad, luz. Sublimar, no a la Freud, sino emocionalmente; repuntar antes de la caída como un corequenque, me toca ser artista de las apariciones, inventar la dicha, olvidarme de un ‘yo’ y concentrarme en ustedes, seres vitales excelsos, saben amar, quiero estar cerca y dar lo que haya. La vela está prendida.
También compartiré las canciones, en cuanto sepa como subirlas.
El fin de semana pasado estuve en Oacaxa city, entre otros sitios en uno llamado El tamarindo, una especie de bar de precopeo, según Claudia Magaña. En las puertas había carteles con todo tipo de actividades, el más grande, en naranja y blanco, llamó mi atención porque anunciaba tres toquines de Tlalok Guerrero y yo conocí a un Tlalok en el bachillerato que cantaba y tocaba la guitarra, sólo que no estaba segura de su apellido. Me acerqué para mirar la foto y maliciosamente comenté a mi acompañante que sí era mi compañero y que ya se veía algo ‘ñor. Sé que lo dije con la saña que puede tener alguien que está enojado porque sus pocos conocidos estimados de la prepa desaparecieron y enojado con la idea de que la gente se case y entre a las estructuras de conducta y modus videndi de la media. Pensé en eso en Tlalok y me dio coraje verlo llenito porque cuando lo conocí era si bien robusto nunca gordito y también me enojó que desapareciera (y también pensar que ya no era el tipo necio, libre, con ganas de prender), pues tengo pocos vínculos con gente de mi edad en el Istmo. Después me arrepentí del comentario y vi las fechas en las que tocaría en Santo Domingo y en el Tamarindo: tocaba dos días antes de mi estancia en Oaxaca y tocaría un día después de que yo saliera, así que no era el momento de escucharle. Hace poco más de un mes, había preguntado a Belem qué se había hecho de él porque fuimos a un lugar en DF que los viernes tiene música en vivo, tlayudas, mezcal y garnachas, pertenece por supuesto a un grupo de istmeños (Xquenda Binni záa Centro cultural). Todo ese ambiente me hizo recordar a Tlalok y preguntar por él. Belem mencionó que era el mismo de siempre y que andaba tocando aquí y allá. Hoy recibí este mensaje por correo electrónico y lo paso al costo, para quien también lo conozca. Gustos musicales aparte, Tlalok vale como persona y un chingo. Ahora sé que aunque estaba anunciado en Oaxaca para hace unos días, no lo habría podido oír tocar.
From: gubidxa7@hotmail.com
Subject: Dos regalos de Tlalok: Te perdono y La Cruz de Ixtaltepec
Date: Sat, 7 Feb 2009 02:59:19 +0000
Hermanos:
Hace poco anuncié que Tlalok salió del coma, después de 9 días en esa situación. Los dos primeros días, asentía y negaba con la cabeza. Pero ayer jueves 5 de febrero finalmente pudo hablar. Habla despacito, con una voz medio ronca, parecida a la de José José, jaja.
Estuve con él de 5 a 6:30 de la tarde. Le di de comer su primera comida en casi dos semanas. Pollo con arroz. Le volví a enviar saludos de todos. No podía cree que tanta gente hubiera preguntado por su salud. Me dijo: “Dale a todos las gracias de mi parte. No pensé que tanta gente me quisiera. Diles que seré una nueva persona, que estoy agradecido con Dios por la lección que me ha dado”. ¿Saben qué más me contó?: “Gubidxa, haré un disco. Se llamará Saa Guendaxheela y cantaré varias canciones de César López. Ya pensé en las letras, las canté entre sueños…”
Tlalok pues, dormido, con el cuerpo tendido en una cama de hospital, no deja de pensar en su música; en nuestra música. Me pidió escribirles nuevamente y agradecerles. Dijo que cuando esté mejor les agradeceré personalmente cada una de sus atenciones y rezos.
Por cierto. Les envío dos canciones de él*. Una se llama “Te perdono” grabada en estudio hace como 8 años y casi desconocida. Apereció en un disco colectivo llamado Amigos del Sagrario, en apoyo a una noble causa. La otra “La Cruz de Ixtaltepec”, grabada en vivo hace poco más de un mes, en Juchitán, en otro evento altruista durante la presentación de la Primera Campaña por la Memoria Histórica.
Para quienes hayan escuchado su música y sepan poco de él les cuento: Tiene 28 años (nació un 20 de novoviembre). Se llama Tlalok Guerrero Luis (su nombre se escribe con “k”, no por querer parecer original, sino porque así fue registrado, ya que en el Alfabeto Práctico Nauatl no existen la “c” la “h”, la “z”, etc.). Es de Juchitán. Los primeros instrumentos que aprendió a tocar fueron la flauta de carrizo -tradicional en los pueblos zapotecas- el tambor y el caparazón de tortuga. Toca también la kena, y la guitarra. Las primeras canciones aprendidas fueron en zapoteco, y aunque ha viajado mucho, siempre regresa a su pueblo. En fin. Los dejo con las canciones y las buenas noticias.
Saludos y gracias nuevamente.
Gubidxa
PD: Si pueden, compartan las buenas noticias.
*Creo que Gubidxa quiso decir aquí canciones cantadas por él. Pues al menos “Te perdono” pertenece a Noel Nicola.
Rebeca en el espejo.
Hoy recuperé la inversión del espejo; el mundo al revés cobró forma gracias a una infección en los ojos. Me disponía a aplicarme terramicina en los párpados cuando un salto de Rebeca me hizo verla en el fondo de la imagen brincando a mi maleta. Su curiosidad aventó mi vista hacia la profundidad de campo en la imagen en el espejo y volverme un cuarto enrarecido, diferente, como si nunca lo hubiera mirado invertido, fue buenísimo romper mi esquema de recámara y meterme en ese viaje de descubrimientos que puede ser mirar el mundo como si lo acabara de conocer. Quizá también ayudó el traguito de mezcal que había apurado para calentar mi pecho congestionado.
2009
El estado bloggero de la cascabelera, a inicios de año, está así:
Llega a 5 mil visitas exactamente el 1 de enero.
Advierte que cuenta con otros cinco lectores además de Pispiration, jeje.
Niña fonema hace una simpática invitación a escribir un meme, lo cual ha sido un honor, sobre todo por leer que me lee. Aunque ya había hecho uno parecido hace “N” días, no declinaré este otro. Además, la idea de Nora de que andamos reteocupados entre el fin y el inicio de años, las tesis por escribir, el stress de las cosas pendientes, una manera de dizque distraer la voracidad del discreto lector es ésta:
Ale mireles, la ex jefa de Pablo Mata, según Pablo Mata.
Mario Sánchez, poeta conocido mediante mi expareja; homónimo del desconocido autor de uno de mis poemas favoritos hallado en un libro pintado por el papá de mi amiga Idunaxhíi. Chingón
Lucía Malvado (que diga, Malvido), tocaya que aún se pregunta pero que escribe como ella misma, es decir, como nadie más. La conocí vagando en el blog de Memo Vega: Ombloguismo
Ira, el blog de esta vieja es tan interesante como ella; es de los pocos blogs que he visto que se despeinan, que gritan y provocan. La conocí por Pispiration
Pispiration es buen escritor, principalmente de textos para niños, divertido, y aunque no sea su intención, formativo.
Por él conocí también a Nora. Niña Fonema sabe mirar hacia adentro, es de las más productivas que conozco y aunque cambia de parecer cada 5 minutos o cada dos posts, me cae rebien.
Sr. Montt, además de ser buen dibujante, creativo y crítico, me hace reír y por eso lo leo a diario.
Y… quién más? bueno, aunque esté tan consagrado y no necesite un lector más, este perengano por definir me hace reír a menudo.
Realmente me cuesta no recurrir a mi lista de blogroll y no repetir la lista del meme pasado, pero la verdad no leo tantos blogs y soy así en casi todo, tampoco leo demasiadas noticias y casi nunca prendo la TV, soy una negativa del mundo y siempre creo que no hay muchas cosas nuevas que me puedan mostrar o que no vale la pena estar tan informado.
The Boy in Striped Pyjamas

No leí el best-seller, hablo aquí de la peli. Me pareció regular porque es inverosímil que al médico pelapapas no le ocurra nada antes, entre otros resbalones de continuidad. Y no sé si sea intencional pero tal como está contada, lleva derechito al lector a compadecerse sólo del ricachón niño alemán y no por los cientos o miles de judíos que se quemaron en los hornos, cuya presencia, por cierto, anticipa la intriga de predestinación desde muy pronto. Un final irónico, sí, pero también antisemita, jeje. Por otro lado, creo que sí se refuerza la idea apenas esbozada en otras películas sobre este tema de que muchos alemanes tuvieron que ser ojetes, aún en contra de sí mismos, debido al miedo, al terror (el mismo miedo que hace que el pueblo cubano no se levante, según la mujer exiliada de Cuba que conocí hace un par meses). Mención aparte merece el casting, la música, el vestuario y parte de la ambientanción que me parecen excelentes. Además lloré durante toda la película, quizás sólo por motivos personales e indirectos. O porque recordé a los niños que en mi país les es arrebatada la magia y que no hago nada al respecto; o por el infanticidio que significa que hayan niños tragando fuego, trabajando o viviendo en la calle y mi responsabilidad como parte de la “sociedad” acerca de eso.
Lo prometido es deuda

Si uno pudiera tener la facultad de decidir lo que guarda en la memoria, otro gallo nos cantaría. Con frecuencia sucede que la gente vive amarga porque no puede desechar un mal recuerdo; otras veces, algo que no se quisiera olvidar, joyas de la memoria, se desvanecen frente a un evento traumático. Según el arte retórica, existen por lo menos dos tipos de memoria, la natural, que es la que funciona libre y espontáneamente y la artificial, que es la que uno estimula y trabaja para mantener mediante ejercicios y asociaciones deliberadas. En nuestra educación escolar tradicional se nos motiva a usar la segunda y así aprender todo; sin embargo, ya quisiéramos tener el mismo control con nuestra memoria natural. He conocido personas que han olvidado elementos de su profesión de un día para otro y personas que olvidaron un capítulo de su vida, su adolescencia, por ejemplo, como si los hubieran formateado, se les borró todo. Qué terror debe ser no recordar quién fuiste durante cierto tiempo o la imposibilidad de recordar hacia donde te diriges. Ocurre que hay otro tipo de memoria que te distancia del presente, aquella que le hace jugarretas a una persona que divaga en sus recuerdos y hasta los modifica, haciéndolos más brillantes cada vez y así “los recuerdos son mentiras”. La memoria artificial pues, puede controlarse con recursos mnemotécnicos como la repetición, la asociación, la agrupación, etcétera, pero la memoria natural, personal íntima ¿cómo se controla?.

Este es uno de los temas que se debaten en Eternal Sunshine of the spotless mind, donde se dibuja la posibilidad no de elegir qué recordar, pero sí qué borrar. Son interesantes los límites morales a los que lleva tal decisión, pues al decidir borrar de la memoria a una persona, se suprime todo el trato con ella y su entorno, pudiendo llegar a hacerle daño por no recordarla. Otro tema es el libre albedrío y la pregunta de si el ser humano tiene la capacidad de no volver sobre sus errores y vivir condenado a repetirse gracias a las relaciones de codependencia con otras personas. Siempre me pareció que Jim Carrey es mejor como actor de drama. Y es la primera vez que le creo un personaje a Kate Winslet. El tiempo de la narración es deliberadamente “desordenado”; no sigue una línea recta sino que comienza en el final y luego regresa al medio, pero durante la narración surgen muchas analepsis a manera de reflejar los episodios o spots de memoria desconectada, sin eslabones claros sobre la relación erótica-amorosa de ambos protagonistas. Ello también es una metáfora de cómo al término de una relación, los implicados tratan de revisar en el pasado qué fue lo que falló y no encuentran una secuencia lógica de hechos, sino que todo está siempre mezclado con los afectos y pasiones de uno y otro y la historia de la relación parece difusa, desconectada, como si en realidad no se conocieran tanto y quedaran frente al otro casi como desconocidos. Y para volver a construir una relación con la misma persona o con otra, ¿cómo elegir los recuerdos que hay que conservar? ¿qué hay que olvidar? Si se olvida todo, se pierden experiencias y si se recuerda todo será difícil tener esperanza en la relación. ¿Tenemos la capacidad de decidir qué, cómo y cuándo recordar? ¿Por qué a veces recordamos a largo plazo pero no a corto plazo? ¿Por qué confundo datos que he leido con otros que he escuchado en una conversación o con algo que oí en la TV? ¿Por qué a veces en mis sueños tengo recuerdos y por qué a veces recuerdo lugares que sólo conocí en sueños? Son preguntas que me obsesionan un poco, por eso me gustó esta película, además de ser otra película romántica pero no tan tonta. Y bueno, ya sabemos, quién es el director, nada menos que Michel Gondry (no confundir con el gordito Michael Moore, con quien yo siempre lo confundo), cuyo trabajo fílmico habla por sí mismo, dirigió videos de Bjök (“Human Behaviour”, “Army of Me”, “Isobel”, “Hyperballad”, “Jóga”, “Bachelorette”), Chemical Brothers y Massive Atack y realizó la ensoñadora película sobre los debrayes de Oniris, titulada, The Science of Sleep . Buena ambientación, excelente plástica, etcétera, etcétera, y ya me voy porque si no, no termino.
Sin beso ni apretón, salvajismo.
Cuando llegué a vivir al DF no saludaba a nadie con un beso en la mejilla; no entendía esa compulsión convencional capitalina de besarse en el cachete cada vez que se encontraban y despedían. De niña sólo besaba así a mi madre al irme y llegar de la escuela pero ¡era mi madre! Cuando mi familia de la ciudad llegaba a mi pueblo, la saludaba una vez y no volvía a besarla hasta que se retiraba, varios días después. Pero así el beso se justificaba porque o había mucho cariño o los había dejado de ver en mucho tiempo. En cambio en la Facultad de Ciencias Políticas veía a varias docenas de compas todos los días y sólo eran eso, compas, porque sólo hice un par de amigos íntimos, así que ¿para qué besarlos en la mejilla? Me parecía que me miraban como la mamona que nunca saluda o cómo la provincianita rara que no sabe saludar en la mejilla. Y cualquier cosa que me imaginara que pensaran me valía madre, yo no iba a saludar de beso a quien no fuera cercano a mi. Y tampoco esperaba que lo hicieran conmigo. Lo malo es que si no besas, te dan la mano y eso sí que me parecía más artificial y acartonado aún, además de que a veces te expones a unos apretones terribles sólo para que ellos puedan mostrar su machinez. Esa racha le tocó incluso a un novio capitalino, quien no entendía cómo no lo saludaba de beso cuando llegaba a su casa. Después, en mis tiempos uameros, gracias a Pablo y su popularidad tuve que ir cediendo y saludar a casi todos sus/nuestros amigos, pero me costó meses de resistir miradas de otredad (me sentía como la barbarie de los griegos, que detestaban a cuanta cultura extranjera no tuviera sus costumbres y no hablara su idioma, ja!). Pero a mí los raros me parecían ellos. Luego, esa marchita manera de dar la mano sin elementos adicionales como tretas o chocarlas, pero a eso también tuve que entrarle, sobre todo cuando trabajé como profesora porque me di cuenta que entre profes es una manera establecida de acercarse.

Ahora ya me he domesticado, ya beso en la mejilla y aprieto la mano según el contexto, pero sigue sin gustarme del todo. Aún en estos tiempos, con algunos semejantes el beso de saludo para mí es un trámite: cuando no es una persona cercana estoy muy lejos de sentirlo; lo hago casi en automático, como todo el mundo. Y cuando se trata de alguien más cercano, me siento hipócrita porque en realidad espero algo más; pero en fin, son convenciones sociales aceptadas por todos, inventaré desde ahora más formas para saludar a mi gente querida, para que haya con ellos una diferencia entre mis trámites de mejilla con la gente que me presentan en un contexto accidental o de intereses. Digo todas las personas importan, debería tratarlas igual; tal vez sólo estoy justificando mi timidez o mi exclusivismo; o tal vez, soy medio salvaje; medio pueblerina y aún no estoy lista para ciertos refinamientos y articicios, je, je, je. O en el fondo sólo soy como un gatito asustado que se busca escondite cada vez que llega a casa un desconocido. Al final prefiero los abrazos, las miradas, los besos mojados y las buenas sonrisas.

De la imposibilidad de escribir en Ixhuatán
Aquí sale lo que está vivo en mí. Ixhuatán es esencia y placer; la unión con todo aquello que me configura desde la infancia y al mismo tiempo la experiencia de mi estado de separación; estoy aquí como recién expulsada del útero. Miro el brillo del exterior y también siento una cierta nostalgia de espacios internos dentro del aire mareado que circula entre mis pulmones y mi cerebro. Nunca dejo de sentirme otra, pero en este sitio me siento parte de la tierra y ajena a los hombres. Y la escritura se vuelve irrelevante aquí; cuando pueda escribir al ritmo en que vivo, seré realmente una escritora, mientras tanto, aquí me demuestro que me importa mucho más saborear que hacer saborear. Alguna vez podré describir mi pueblo, alguna vez las palabras serán la imagen y alguna vez transmitiré el monstruo de vida que hay dentro y afuera de mis ojos.
“Siempre la misma canción”
No tengo muchos lugares a donde ir, a pesar de las infinitas posibilidades. Esa es la historia de mis apetitos, que no solo se refleja en mi exigua exploración por la red, sino en dos sueños recurrentes de hace varios años.
Uno se trata de entrar algo deprisa a una plaza comercial gigantesca, que no es ninguna que haya visto jamás, sino todas las que he visto al mismo tiempo; muy “de avanzada”; muy extraña a mis ojos. Al parecer cuando entro tengo claro lo que voy a comprar pero no aparece en mi cabeza como concepto, sólo sé que entré por un motivo; luego comienzo buscar y a darme cuenta que lo que esculco no me apetece; nada me convence o estoy en la sección equivocada. Pero no se dónde está lo que sí busco, pues no me acuerdo qué es; después de unos minutos me invade una sensación muy incómoda, como de estar perdiendo el tiempo y no encontrar lo que quiero; no parece estar en ningún lugar ni sección de la tienda -por muy atractivos y novedosos que sean los productos- y tampoco recuerdo ya qué busco, la cosa se va complicando más y nunca recuerdo en qué termina el sueño, pero nunca compro nada. A veces estos sueños son futuristas, (ja, perdón por el uso tan incorrecto del término -he soñado tecnologías de tiendas que no había visto y por ejemplo convertirse al cine Plaza de la colonia Condesa en un bar de onda-) y otros casi arqueológicos (en ruinas arquitectónicas, por ejemplo). Lo que siempre me ha parecido más relevante de todos mis sueños (como a Hiriart, en La Naturaleza de los sueños -aunque antes de leerlo ya lo sentía así-) es el sabor y el color (es decir, sensaciones) que experimento dentro de él.
El otro sueño también se trata de la sensación de no recordar algo; esta vez no olvido qué necesito comprar, sino a dónde voy: Estoy a punto de abordar o bajándome de cualquier transporte público (en una gran metrópoli que bien podría ser el DF, pero no lo es y sí lo es): metro, pesero, bus, tren ligero, trolebús, taxi, puente peatonale, subo o bajo escaleras, en grandes avenidas-no recuerdo calles chicas-, muchísimas veces caminando a gran velocidad, etcétera. En todas esas circunstancias en algún momento me doy cuenta que me equivoqué de ruta y que no estoy yendo a donde quería ir en un principio; no tengo claro a donde quería ir pero sé que no estoy yendo a ese punto y siempre hay una sensación de estarme alejando del centro; siempre muy al sur o muy al norte;siempre buscando; siempre con ansias, pero sin llegar. Veo cosas que recuerdo, lugares que ya he conocido y me pregunto “¿será por aquí?”, pero me pierdo más. Pero en realidad nunca me pierdo, ni siquiera en el sueño de las tiendas; no es una sensación de estar perdida, sino de haberme equivocado de dirección;de estar lejos de donde quiero estar siempre sé dónde virar para regresar o cómo dirigirme a otro punto; el conocimiento lo tengo, sólo parece que he olvidado qué quiero comprar y a dónde quiero llegar.
Necesito algo de certidumbre
¡Quiero escucharme por los menos dos respuestas! Esta es una etapa de las más nubladas. Si en mi ocurre ese principio budista y tengo la misma capacidad de repuntar como de bajar, estoy en el camino indicado; que venga más confusión. Espero con todo el corazón que un día cercano el péndulo se detenga o por lo menos pierda fuerza. No afirmo la duda, sino que pido por la claridad.
Partida*
¿Se acuerdan del mito ese de que éramos andróginos hasta que por castigo divino nos partieron a la mitad? Y desde entonces vagamos interminablemente en busca de nuestra otra mitad…
Pero no sé en qué momento uno le empieza a poner requisitos a esa otra mitad. Quizá sea por la falsa imagen de grandilocuencia que tenemos de nosotros mismos “ah, pero es que yo soy grande y hermos@, yo me merezco algo de mi tamaño” y así preferimos seguir con el drama del divino narciso.
Nos partieron…
Comentarios(1)
Deja un comentario
Comentarios(1)






