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Nueva guarida

Pues ya me mudé, llevo trece días en mi nuevo jacal, en un mes se inaugurará al público en general. Por ahora sólo lo conocen mis más allegados. Hoy, formalmente comienza mi vida aquí. Antier comencé a cocinar, hace un par de días me bañé al fin con agua caliente y ayer lavé por primera vez! (en la semana vino mi tío favorito a instalarme lavadorita y gas). Hace poco más de una semana me colocaron el cortinero y colgué la mayoría de los cuadros; ya tuve escenas románticas; muchos días de limpieza, soledad, hatta yoga y creatividad. El primer día estaba sola y deshecha físicamente por la mudanza y mi madre llegó con plantas, la casera me trajo un menú de comida a domicilio, mi madri me llevó al centro por platos nuevos y en la noche caí por primera vez en mucho rato. Soñé mucho y hasta tuve ya una pesadilla.

Ahora que cambio, que voy hacia el futuro, que planeo, se hace cada vez más presente el lastre de los últimos años, hay que recapitular y soltar, en cada sueño en este nuevo piso aparecen con mayor claridad mis fugas de energía y ya no hay mucho tiempo para pensarlo, necesito tirar la cadena del w.c. y aventar allí el pasado.

En el trayecto del cambio me enfermé por tres semanas de las vías respiratorias, he perdido peso, un horno, un delantal, linde con el “Tao” y varios miles de pesos pero también he ganado afirmar los lazos importantes, la gente que me quiere ha estado al pie del cañón, he redefinido metas y sobre todo gané soledad, necesitaba mucho esa condición material; aunque emocionalmente sea arduo de aceptar, es lo que me toca vivir y lo que quiero.

Ayer tomé un taller sobre Tantra y todo lo que me dijo fue: -aprende a asumirte amada, recuerda el poder de tu infancia cuando te sabías querida, llena de belleza y no temías, ya no pierdas tiempo en inseguridades, asume el lugar que te toca, muestra la luz que guardas; resonó en mí la leyenda del Auryn en LHI: – Haz lo que quieras y la leyenda en la pared de mi cuarto: Ser lo que quiero (exemplum que vengo aprendiendo desde los cinco años con Caty, la oruga), P. dice que ya sé lo que deseo y ya casi lo soy, que sólo me falta no temerle, yo digo que el temor me ha impedido saber lo que deseo. Por ahora la tarea será perder el miedo de perderme (para no inmovilizarme) pero no renunciar al miedo de no encontrarme (para no perderme). Por lo pronto, el estado material de soledad me ha traído automáticamente una necesidad religiosa, cada noche y cada mañana me sorprende y agradezco la vida.

Todo en estos días parece cifrado, pues la misma calle en la que vivo se llama Andalucía, la región española que me sienta más cercana y el vínculo con mi nombre y el futuro. Hace ocho años cambiaba a la col. Roma -de la vida solitaria a la comuna rebecuna- de amores y de piel; hoy vuelvo de la vida en comuna a vivir de a solapa, un nuevo ciclo se abre, quiero creer.

ok, un resumen

Me ha dolido la cabeza, entré a un concurso, me mareé el día previo a la mudanza, empaqué y me cambié de casa, limpié la nueva casa, regresé a mi grupo de conocimiento espiritual. Me salté cuatro días la comida del medio día, falté a la hatta yoga varias veces, me ha seguido doliendo la cabeza, fui al centro de la ciudad, he tenido sueños con amores del pasado, algo impuntual pero llegó mi ciclo menstrual, he dormido mal, me siento cansada y más que cansada, es mi tercera semana de enfermedad de las vías respiratorias, fui a una junta absurda de CONACYT, me compré cosas para la cocina y zapatos, olvidé recoger mi título de maestría, he estado con mi madre que visita la ciudad y en todo este tiempo (¿días, semanas?) casi no he dejado espacio para hacer lo que me gusta, escuchar música, dormir, hacer hatta yoga, leer, el amor y pensar en lo que más quiero. Y en todo este proceso no he podido imaginar, soñar creativamente ni pensar en ti.

De manteles largos

040180[1]

Órale, no me había dado cuenta que hoy hace un par años comencé con este chorro de voz, justamente hace dos años me dió una diarrea verbal cuyo discurrir a veces es abundante y líquido y otras duro y seco, pero finalmente existe. Festejo sin tirar la casa por la ventana porque no se puede con esta crisis. Aún no sé pa’ que sirve mi blog y pa qué escribir pero lo seguré averiguando. Por cierto, creo que crée el blog en mayo de 2007 pero no comencé a escribir hasta octubre de ese año.

Alguna vez Nora me comentó: “a todos nos gusta el cambio, pero a nadie nos gusta estar cambiando”, es decir, disfrutamos el cambio una vez que ha llegado. Yo, Luci, siempre me he jactado de disfrutar los cambios, es delicioso despedirse de lo viejo y al mismo tiempo recibir impresiones nuevas; es alucinante para mí el tipo de sensaciones hasta corporales que pasan con ello; es un ambiente parecido al de los sueños, donde todos los afectos se mezclan y forman un todo original pero lo esencial siempre queda claro y uno siempre es uno; es un barrido emocional, como cuando muevo los muebles de la recámara (que es algo que hago al menos tres veces por año). Así me gustan los cambios de mi vida, pues parece que al dejar de ser algo, la saboeo de otra forma. Pero llevo un año aterrada a cambiar de otra manera. Hay cambios externos que tienen incidencia en nuestros estados interiores y esos son los realmente cabrones. Hechos conectados con lo que uno es o al menos con lo que cree ser, con lo que lo identifica a uno.  Y por eso nos duelen pues no nos queremos mover ni un centímetro de la costra, del chicle que significa nuestra personalidad. Pero hay otros cambios más raros: el cambio de manera de ver el mundo, de sentir el mundo y de ver y sentir a uno mismo. Hay cambios interiores que -dicen- casi sólo las experiencias cercanas a la muerte nos los traen. De uno de esos cambios estoy hambrienta, los otros, los de color y estilo me tienen un poco aburrida y cansada, desilusionada, de ver que lo único que cambia es la cáscara.

Aquí la letra. Remarco lo que me interesa.

Ya tuve que ir obligado a misa,
Ya toque en el piano “Para Elisa”,
Ya aprendí a falsear mi sonrisa,
Ya caminé por la cornisa,
Ya cambié de lugar mi cama,
Ya hice comedia,
Ya hice drama,
Fui concreto,
Y me fui por las ramas,
Ya me hice el bueno,
Y tuve mala fama…

Ya fue ético,
Y fui errático,
Ya fui escéptico,
Y fui fanático,
Ya fui abúlico,
Y fui metódico,
Ya fui púdico,
Fui caótico,
Ya leí Arthur Conan Doyle,
Ya me pasé de nafta a gas oil,
Ya leí a Breton y a Molière,
Ya dormí en colchón y en sommier,
Ya me cambie el pelo de color,
Ya estuve en contra y estuve a favor,
Lo que me daba placer ahora me da dolor,
Ya estuve al otro lado del mostrador…

Y oigo una voz
Que dice sin razón
Vos siempre cambiando
Ya no cambias más
Y yo estoy cada vez más igual
Ya no sé que hacer conmigo

Ya me ahogué en un vaso de agua,
Ya planté café en Nicaragua,
Ya me fui a probar suerte a USA,
Ya jugué a la ruleta rusa,
Ya creí en los marcianos,
Ya fui ovolacto vegetariano, ¡Sano!
Fui quieto y fui gitano,
Ya estuve tranqui,
Y estuve hasta las manos,
Hice el curso de mitología,
Pero de mí los dioses se reían,
Orfebrería la salvé raspando,
Y ritmología aquí las estoy aplicando,
Ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé,
ya firmé, ya viajé, ya pegué, ya sufrí, ya eludí,
Ya huí, ya subí, ya me fui, ya volví, ya fingí, ya mentí,
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Y entre tantas falsedades,
Muchas de mis mentiras ya son verdades,
Hice fácil adversidades,
Y me compliqué en las nimiedades…

Y oigo una voz…

¡Adentro!

Ya me hice un lifting,
Me puse un piercing,
Fui a ver al Dream Team,
Y no hubo feeling,
Me tatué al Che en una nalga,
Arriba de mami para que no se salga,
Ya me reí y me importo un bledo,
De cosas y gente que ahora me dan miedo,
Ayuné por causas al pedo,
Ya me empaché con pollo de spiedo

Ya fui al psicólogo,
Fui al teólogo,
Fui al astrólogo,
Fui al enólogo,
Ya fui alcóholico,
Y fui lambeta,
Ya fui anónimo,
Y ya hice dieta,
Ya lance piedras y escupitajos,
Al lugar donde ahora trabajo,
Y mi legajo cuenta a destajo,
Que me porte bien,
Y que arme relajo…

Y oigo una voz…

Vi en esta canción esa última idea: el ansia de cambiar interiormente. Durante algunos años he buscado mi vocación y no la encuentro; sólo ando cambiando de acuerdo a la suerte y a las circunstancias.  Y creo que no la he hallado por miedo a verme interiormente; encontrarla entonces no sería un cambio cualquiera, sino que estaría acompañado de un movimiento interior: aceptar quien soy.

Como sea, cualquier cambio externo me da por lo menos la oportunidad de moverme interiormente, de recordar el asombro por el mundo y por mi ser. Ahora voy a mudarme por octava vez en una década. Y me da miedo. Me aterra que ese cambio ya no me hable adentro, que la ciudad de todas formas ya no tenga encanto ni nada que descubrirle para mí, estoy dejando pues de creer en los cambios externos como salvación.

Na Florentina

Este cortometraje documental me lo envió un querido amigo etnomusicólogo y paisano (cualquier cosa relacionada con el sonido del corto, saben a quién dirigirse, él es el responsable: Amilcar V. Meneses). Bon appétit (recomendable con un totopo acompañado de camarón oreado, queso seco o fresco y una taza de café. Ya después, pa’l desempance, mi larga perorata que bien me vendría con un mezcalazo tobashishe).

La verdad el video me conmovió mucho, a pesar de tener muy presentes los paisajes istmeños, la enorme labor de estas señoras y de saborear los totopos cotidianamente (es decir, no soy de las que menosprecian un totopo).

Me conmovió porque ando metida en una (espero que breve) etapa de aridez y de improductividad en el terreno de la investigación, que es en el que me desenvuelvo y donde todo el trabajo es intelectual y el poco esfuerzo físico es permanecer sentada durante horas, transportarse a la biblioteca y sumergisrse en un mundo de saberes (en vez de sabores), el otro esfuerzo es posar la vista varias horas sobre letras impresas o en la computadora, donde lo único que se cansa es la vista.

Esta señora me ha enseñado/recordado la disciplina, ella no se cuestiona la utilidad de su trabajo como yo lo he hecho con el mío cada mañana que no quiero despegarme de la cama y postergo el trabajo, pero ya quiero yo que esta tesis que va a salir del doctorado sea tan sabrosa y cara como esos totopos que vende Na’ Florentina. Brindo por su ejemplo de esfuerzo, sencillez y convencimiento de lo que hace.

No es que menosprecie mi trabajo, sino que parece que me estoy volviendo apática hacia las disciplinas intelectuales y no sé si será que estoy envejeciendo (!) pero me parece que las actividades físicas tienen más vida, quiero ir hacia ellas y hacia lo que me hace despertar el corazón, ya chale con las puras ideas.

Triste

(escrito hace dos meses pero aún vigente)

Últimamente me veo intolerante, me parece que rebaso a las personas y las miro desde arriba. Mis pretensos me desesperan y después de pasar un tiempo escuchando lo que dicen, quiero salir corriendo o mudo mi mente a un planeta lejano. Estoy, como suele decirse, inflada. Y me siento mal por ello, porque los días en que se hace evidente, en que para el ruido, veo a una mujer-niña vacía. A una Lucía llena de temor, que no encuentra escudo más obvio que inflarse, como ciertos animalitos cuando están a punto de ser devorados, dan la apariencia de que son más grandes. Me siento triste hoy, sin razón externa, sin motivo, de esas veces en que cualquiera me diría “ –eres una bestia, cómo puedes estar triste si lo tienes todo” objetivamente no tengo nada de qué quejarme así como no he tenido de qué quejarme durante toda mi vida, pero como los estados de ánimo en los simples mortales muchas veces tienen que ver no con el exterior, sino con la imagen que tenemos de nosotros mismos, con la subjetividad y el mundo interior, pues hoy me siento triste porque sí. Porque me he visto incapaz de serenarme y agradecer; incapaz de reconocer mi pequeñez y aceptarla, quiero aquella sorpresa y asombro por el mundo; quiero querer moverme; querer vivir; querer querer; amar y agradecer cada minuto de existencia.

Me gusta más la poesía que la investigación.

Cusco me ayuda a sentir que todo está bien. Aquí recordé que saber respirar es un trozo de felicidad. No sé por qué mi vínculo con ciertos espacios, pero definitivamente parte de mi tranquilidad y gozo depende del espacio que me rodee. Tengo una obra pendiente –creativa, de investigación o de ambas– acerca del espacio como parte del personaje. No se trata del todo de una propuesta surrealista, aunque admire trabajos como los de Remedios Varo, Sir Edward James, en la plástica y la arquitectura, o de Ende y Lewis en la literatura (y últimamente el trabajo de Robert Polidori, fotógrafo) y al mismo tiempo sí se trata de algo surrealista puesto que es una perspectiva personal, individual, onírica, emocional pero también pragmática; es saber que los espacios del exterior están siempre conectados con mis habitaciones interiores.
En fin, volviendo al Cusco, no sé qué tenga la piedra que en cualquier cultura que se respete ha sido usada con maestría en las grandes obras arquitectónicas y siguen impresionándome (nos) en pleno siglo XXI. El metal, la madera, el vidrio, son materiales interesantes, pero la piedra no tiene símil alguno, conecta a todos los hombres y mujeres de cualquier punto del orbe.

Además de piedra, lo que predomina en Cusco es barro y tejas, cal, arena ocre, frío, calles angostas, con estrechos escalones de subidas y bajadas, algunas orinadas (y empedradas, por qué no?,). Si miro sólo la Catedral o la Compañía de Jesús no me dicen gran cosa por sí solas, si miro por separado la casa de Garcilaso, apenas escucho un balbuceo, pero es la mirada de conjunto la que me embruja, la que acalla todas mis quejas acerca de la ignorancia de esta gente sobre el Inca Garcilaso y sobre su región, aquieta mis lamentos de falta de dinero para comprar artesanías de los fabulosos textiles, mis quejas sobre la corta curiosidad de los extranjeros nacos europeos, la confusión que le causo a la gente de aquí porque me asumen de inicio como peruana y como muy chamaquita y cuando descubren mi nacionalidad y mi verdadera edad recomponen a tropezones sus descortesías. Y Cusco sobre todo invita a la humildad, a dejarle de poner tanta salsa a los tacos. Los oriundos pueblan todas las calles, no como en Lima, tan pretenciosa y taan orgullosamente criolla. Digo, a estas alturas no sé si existan indígenas puros ni me encanta que sean desplazados por la modernización, etc. etc. pero al menos no se dejan embaucar tan fácilmente y muchos parecen felices con la vida que llevan ¡¿y quién no podría vivir en Cusco?!

Bueno, aquí con calles pequeñas y edificios altos, uno recuerda su tamaño, pequeñito, pequeñito, pero en las noches puede ver las luces de la ciudad gracias a los cerros que rodean, puede oler un humito de pan o de anticuchos, salir a bailar un son o dormir en el silencio pues por alguna razón no ladran perros ni retumban discotecas.

Bien, tengo varios posts guardados y no los publico porque hace un rato que no me acerco a los archivos de mi computadora. Desde los d’ias previos a mi examen de grado, es decir, desde junio que present’e la versi’on final de tesis hasta ahora que estoy de “diva acad’emica” fuera del pa’is y hasta no s’e cu’ando, comenz’o una etapa interna de transici’on. Algo en m’i se ha resistido a usar mi computadora para otra cosa que no sea checar el correo, qued’e pues saturada del uso de word y de la escritura (acad’emica, creativa, de agenda, de cualquier solipsismo). Hoy me he sentido con ganas de escribir y no tengo mi compu a la mano para salvar esos posts preparados. Ten’ia fotos, actividades, en fin. Hoy quiero escribir porque, como muy pocas veces cuando escribo, siento que lo que diga tal vez resuene, es decir, hoy, como muy pocas veces, quiero compartir de verdad, escribo no s’olo para mi ego. Esta estapa que ha comenzado me obliga a estar alerta y darme cuenta del cambio incesante y mi poca capacidad de mudar e ir ligera con [el, siempre queri’endome apegar al pasado, a mi concepto de m’i misma, a mis temores, a mis deseos. Comienzo a entender que esta pel’icula se trata de m’i, pero no de m’i en cuanto a mis logritos y escalones, sino de m’i en tanto que disfruto, esa es la vara con la que ser’e medida (perdonar’an la falta de acentos y caracteres ortogr’aficos, pero en estos teclados pa’ franc’ofonos no s’e d’onde est’an). Estoy pregunt’andome todo el tiempo lo que ser’a ser adulto. De viaje siempre crezco porque soy como quiero ser, porque no hay anclajes conocidos y me obligo a ser nueva ante cada situaci’on, tengo la posibilidad de ser m’as yo, de ser m’as adulta, m’as infantil, m’as clish’e, m’as pretensiosa, menor, mayor, etc’etera y antes todas esas nuevas posibilidades elegir ser nada m’as que coraz’on no es siempre lo m’as f’acil, no siempre me acuerdo: relajarme y saber que nada importa sino hacer lo que se quiere. Por eso viajar siempre me confronta con un mayor sentido de responsabilidad, siempre las decisiones las vivo m’as al l’imite, como que a uno le queda m’as claro que es su responsabilidad pasarla bien o no. As’i, en los momentos m’as afortunados (y que atesoro en la memoria) estoy en una perfecta combinaci’on: no espero nada, pero espero todo.

nubecita

A mí me encanta decir las cosas en pares o por lo menos con dos palabras, si se puede y me dejan que las diga con más, mejor. Por ejemplo, si escribo mixto, después pongo híbrido, si escribo, medular, luego pongo toral, crucial, y así, es una especie de necesidad de no querer alcanzar las cosas, los conceptos, una suerte, un cierto tipo de búsqueda del lenguaje, pero en el fondo es un no querer, un resistirse, a alcanzarlo, a conquistarlo, domarlo al indómito. No es necedad, es como saber que no se tienen las cosas bien claras, como estar muy conciente de ello, que el mundo es mundo por inasible, si fuera rodeable sería manzana no mundo. Me gusta sentir que no acaba la búsqueda, pues, el rastreo, el incontenible impulso de soñar que se puede decir algo más algún día, diferente de todo lo primero que se planteó y para que realmente eso que venga sea totalmente nuevo, hay que tratar las mayores posibilidades actuales. Pero sí es una necedad porque está mal escribir así en un trabajo de investigación, es incorrecto y da un aire de imprecisión y de molestia al que lo lee, ¿por qué carajo me aumentan palabras si esto se puede decir con menos? –dice el lector. Y yo digo, es que si la quito, siento feo, como que se suprimiera una parte de mi y mis ideas, entonces lo dejo y al lector real no le agrada y no lo entiende, pero a mí sí, mi lector implícito es alguien que entiende que por muchas palabras que se suelten nunca se podrá decir bien todo, siempre queda algo sin poder ser traducido, algo indescifrable. Por eso aumento palabras equivalentes (no sinónimas desde hace mucho no me gusta esta palabra porque si los términos realmente significaran lo mismo, no habrían más términos, no significan lo mismo, si cambia la forma y su carácter, cambia el sentido) pero tampoco equivalentes me gusta, como que en realidad lo que siento a la hora de emplear dos o más palabras lo que hago es un ensayo de completitud, como que aviento varios términos para que entre los tres me acerque más a la idea, aunque en el fondo sepa que tres palabras no hacen un mundo y eso me guste de mi mundo. Bueno pues sí, soy necia, pero no está en ese ensayo una búsqueda de más palabras, tal vez lo que me gusta comprobar es que cada vez puedo conocer una palabra al bordear una idea, por eso, muchas palabras que no conocía me las ha dado la invención, la curiosidad; las he encontrado así, tratando de entender una canija idea desordenada, muchas palabras que no conocía de repente aparecen en mi cabeza con el sentido adecuado y digo “¿dónde escuché esto? ¿dónde lo leí? ¿quién habla así? ¿quién me la enseñó? ¿en qué lugar de mi memoria estaba que nunca la había usado y ahora brota? No puedo creer tanta genialidad y la busco y resulta que sí existe y que la estoy aplicando bien, ¿cómo funciona ese fenómeno? Entonces me maravillo de que sigo aprendiendo a hablar, de que en el fondo soy una nena inocente, de que mi lengua tiene un mar, un infinito, un cosmos y un sótano interminable que decirme que aún con todo no hacen un mundo, pero lo rozan, ¿de eso se trata el camino, no? ¿de eso se trata el lenguaje qué no? Todo se trata de vivirlo.

Un abrazo
una mirada de comprensión,
un gesto de ternura
un ademán de afecto
auxilio a su alma
aliento,
un toquecito de calma.
Que sepa que lo quieres
que no haya duda en su corazón
que tu voz lo alivie
que su cuerpo se confíe a ti
es casi un hijo:
arrópalo.
Su conciencia es distinta a la tuya,
su enfermedad es otra también.
Necesita irse tranquilo,
necesita confiar en ti,
saber que lo entiendes;
creerse acompañado:
está solo, solo, siempre ha estado solo
(como todos nosotros
como se suele estar frente a la incomprensión de la vida
frente a la endemoniada falta de certezas)
siempre ha estado aislado, más que todos
porque nadie cree en lo que él,
nadie comparte su pasión-locura
nadie se aferra a una vida tan áspera
nadie sufre como él, a voluntad.
Su única compañía es el verdugo de sus pensamientos;
su único ruido lo silencia, lo aparta más. Y más.
No lo cambies, no lo convenzas.
Dile que lo entiendes;
dile que sabes lo que siente.
Dile que te duele que le duela.
Dile que te preocupa su preocupación.
Dile que lo amas y ámalo.
Antes de que se vaya,
antes de que te sientas tú vacía y sola
porque no lo amaste
y porque sí lo amabas y no lo sabías hasta que se fue.

Sola

S        O        L        A

Con todas sus letras.

se equivocaba…

Por ir al norte fue al sur.

Creyó que el trigo era agua

…se quivocaba.

 

Qué duro es aceptar que uno se ha equivocado

pero no tanto la aceptación, sino la nostalgia de la ilusión

y al mismo tiempo es tan sólida la equivocación que lo lamentado es el tiempo perdido.

Y como el mismo Serrat diría: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Niño con paloma Picasso

Ay, siento que me muero un poco. Llegar al orgasmo siempre me ha dado miedo porque implica una entrega total, un darse completo, mostrarse, soltarse y acercarse al final. A pesar de mi deseo astronómico de concluir y de que ése término significará una entrada a otro ciclo, a la renovación, advierto vértigo en el repunte. Hay un cierto temor a que no sea suficiente, a que sea un espasmo incompleto, un temor de terminar para siempre y que aún así, no sea suficiente. Es exactamente la descripción de mi escritura, hay un algo inasible, un concepto que no alcanzo, una expectativa nueva en el último momento antes del éxtasis. Escribir, venirse, discurrir, fijar, sellar la monumental caricia efímera de la revelación.

Escribir también es una muerte chiquita.

Otro anuncio

http://www.festivalmemoria.com.mx/index.html  

Tercer Festival Internacional de Cine Documental en Tepoztán, Mor.  Cuba como Invitado.

P7270048

portada-anunciada

http://www.dosisdiarias.com/2009/05/me-canse-de-esperar.html

La buena noticia es que podremos ver a Montt impreso. La mala es que aún no lo editan en México, pero creo que ese es un error que puede corregirse muy pronto (se pide a Chile por internet en buscalibros y lo envían a domicilio). La otra mala noticia, para mí, es que mis vacas andan flacas, pero igual y en una vuelta lo compro en la meritita Sudamérica, no pasa de este año, lo tendré así tenga que ser feliz  y vivir intensamente en el intento, ja!

Clases en ese intento de institución de nivel superior para el que trabajo “de cuyo nombre no quiero acordarme”.

1) Un día, al finalizar la explicación saussuriana de la doble articulación de la lengua, mi alumnito…
Aníbal: (Tono recriminativo) Profesora, usted debió haber sido una letra. Me cae.
Maestra Luci: Y entonces, ¿sería parte del significado o del significante ¿y en qué sentido?
Aníbal: Sin comentarios.

—-
2) Otro día a media argumentación en la clase, diálogo con el mismo alumno:

Maestra Luci: El corrector ortográfico y gramatical de Word es muy deficiente, bla, bla, bla. Deben aprender la ortografía de la época o tendrán mala imagen hasta en los mensajes de texto de celular, bla, bla, bla.
Alumno Aníbal: ¿Por ejemplo, maestra?
M. Luci: El otro día me enviaron un mensaje con la palabra ‘escepción’.
A. Aníbal: Uy, maestra, lo debe haber puesto como chancla, a su galán, ya me imagino, pobre cuate.
M. Luci: (casi sonrojada) ¿Mi galán? No, claro que no. No andaría con nadie que no supiera escribir ‘excepción’.
A. Aníbal: Aaay (mueve la cabeza hacia los lados). Qué ruda.

Nunca me habían hecho cumplidos tan bonitos. Lo irónico es que la intención era criticarme.

Auuuuuuu…

Estoy buscando algo, lo sé, debe de ser como un vientre; como ir a dar al rincón blando, placentero, natural de donde vine; busco sin buscar; hago todo lo que me aleja de ese lugar y con ello me acerco más, sé que estoy a punto de hallar una ruta hacia allá, aparece en sueños, lo saboreo en instantes semiconcientes. Hay un sitio para mí, separado de toda lógica de toda historia de vida, hay un espacio que ahora es extraño pero es lo más cercano a mí en el Otro Tiempo; es simple llegar a esa configuración pero este nivel de submundo tiene una estructura tan laberíntica que me impide mirar lo fácil que es, corriendo sin rumbo quizá lo encontraría más fácilmente, pero ¿no estoy ya sin dirección, cuánto tiempo ha pasado desde que comencé a buscar sin buscar? A veces lo presiento como si estuviera a la vuelta de la esquina y otras se funde entre un sueño, una asociación, una idea y una historia que se inventa. Esta madrugada pude olfatearlo. Y era tan atractivo el impulso de dejarse llevar por la irracionalidad que por poco el deseo se troca, preferí olvidar la imagen mental a permitir que el miedo la despintara. Esta mañana he estado evocando segundo a segundo ese olor original, esa semilla que he de encontrar y me ha dado nostalgia no ser dueña en el presente de ese poder, ¿lo fui antes o lo seré? ¿veo el pasado o recuerdo el futuro? Algo dentro de mí, mi tuétano sabe lo que yo desconozco. Se trata de acallar lo demás y dejarlo en silencio hasta que perciba la confianza necesaria para hablar. También pueden ayudar los días y la búsqueda errática que practico hasta ahora; lo único que me aflige es que llegue tarde, que transcurra un tiempo largo sin mayores pistas y que llegue a él sólo antes de la muerte o entonces ¿de qué se trata esta vida? Han pasado décadas y yo sólo tengo pistas, lo único importante es estar allí, cómoda y feliz, no quiero morir ni vivir sin ese ambiente, no quiero desperdiciarme, sería una lástima invertir tanta energía en lo que no forma parte de esa dimensión, sería un desgaste inútil, como tantos otros, como tantas vidas grises que se emplastan se endurecen y se vuelven un objeto, masa, metal, plástico, sonido hueco. Yo quiero un arrullo eufónico, yo tengo uno, lo he adivinado divisado, atisbado varias veces, mi libertad consiste en encontrarlo, la tranquilidad se hará cuando ese sonido, ese espacio, ese sabor, esa presencia, ese color de conciencia aparezca.

Nublado frío

A mí los días nublados me vaticinan buen tiempo, no afuera, sino dentro. Y si hace fuerte viento todavía mejor. En eso soy totalmente individual y me separo de la convención del significante y significado de los días parduzcos. El frío aire me viene bien porque me despabila, me refresca no sólo el rostro, sino la entraña, me despeina, me recuerda mi estado natural original, me vuelve una especie de hoja suelta. Luego, viene el color del ambiente, percibir eso no lo cambio por nada, el tono que toman los objetos, los árboles, las personas me trae suspiros que atraen hondonadas de presencia de lo real maravilloso, múltiples puertas (o-port uninades) que conducen al camino que quiera y siempre me decido por vivir el extrañamiento; llegar al estado de desconocimiento de todo lo conocido, volverme una pequeña observadora asombrada que aspira inmensidad. Los días nublados con viento frío me vuelven la ciudad más liviana, como la que veía cuando era niña. Venía al DF en verano, es decir, en temporada de lluvias y para mí el DF era eso, una ciudad nublada y fría, así que cuando vuelve a estar nublado en esta vida “adulta”, me torno niña.

Tres (M-JP-L)

Hoy lo más apremiante, lo único que se salva dentro de la densa y estupidizante marea entre el sueño y las percepciones laterales es la necesidad de CREER. Me ha dado frío y debajo de mi piel siento venas vaciarse de calor, confieso que este temor es más grande que todas las falsas imágenes de mi misma; me rebasa, aniquila mi energía; me coloca en mi real dimensión de nimiedad y me calla. Necesito precisamente por ello afirmar la vida, tomar el último centímetro cúbico de aire y devolverlo al espacio en forma de beso, de la angustia hacer agua de sonrisa; del temor, deseo; de la oscuridad, luz. Sublimar, no a la Freud, sino emocionalmente; repuntar antes de la caída como un corequenque, me toca ser artista de las apariciones, inventar la dicha, olvidarme de un ‘yo’ y concentrarme en ustedes, seres vitales excelsos, saben amar, quiero estar cerca y dar lo que haya.  La vela está prendida.

El fin de semana pasado estuve en Oacaxa city, entre otros sitios en uno llamado El tamarindo, una especie de bar de precopeo, según Claudia Magaña. En las puertas había carteles con todo tipo de actividades, el más grande, en naranja y blanco, llamó mi atención porque anunciaba tres toquines de Tlalok Guerrero y yo conocí a un Tlalok en el bachillerato que cantaba y tocaba la guitarra, sólo que no estaba segura de su apellido.  Me acerqué para mirar la foto y maliciosamente comenté a mi acompañante que sí era mi compañero y que ya se veía algo ‘ñor. Sé que lo dije con la saña que puede tener alguien que está enojado porque sus pocos conocidos estimados de la prepa desaparecieron y enojado con la idea de que la gente se case y entre a las estructuras de conducta y modus videndi de la media. Pensé en eso en Tlalok y me dio coraje verlo llenito porque cuando lo conocí era si bien robusto nunca gordito y también me enojó que desapareciera (y también pensar que ya no era el tipo necio, libre, con ganas de prender), pues tengo pocos vínculos con gente de mi edad en el Istmo. Después me arrepentí del comentario y vi las fechas en las que tocaría en Santo Domingo y en el Tamarindo: tocaba dos días antes de mi estancia en Oaxaca y tocaría un día después de que yo saliera, así que no era el momento de escucharle. Hace poco más de un mes, había preguntado a Belem qué se había hecho de él porque fuimos a un lugar en DF que los viernes tiene música en vivo, tlayudas, mezcal y garnachas, pertenece por supuesto a un grupo de istmeños (Xquenda Binni záa Centro cultural). Todo ese ambiente me hizo recordar a Tlalok y preguntar por él. Belem mencionó que era el mismo de siempre y que andaba tocando aquí y allá.  Hoy recibí este mensaje por correo electrónico y lo paso al costo, para quien también lo conozca. Gustos musicales aparte, Tlalok vale como persona y un chingo. Ahora sé que aunque estaba anunciado en Oaxaca para hace unos días, no lo habría podido oír tocar.

From: gubidxa7@hotmail.com
Subject: Dos regalos de Tlalok: Te perdono y La Cruz de Ixtaltepec
Date: Sat, 7 Feb 2009 02:59:19 +0000
Hermanos:
 Hace poco anuncié que Tlalok salió del coma, después de 9 días en esa situación. Los dos primeros días, asentía y negaba con la cabeza. Pero ayer jueves 5 de febrero finalmente pudo hablar. Habla despacito, con una voz medio ronca, parecida  a la de José José, jaja.
    Estuve con él de 5 a 6:30 de la tarde. Le di de comer su primera comida en casi dos semanas. Pollo con arroz. Le volví a enviar saludos de todos. No podía cree que tanta gente hubiera preguntado por su salud. Me dijo: “Dale a todos las gracias de mi parte. No pensé que tanta gente me quisiera. Diles que seré una nueva persona, que estoy agradecido con Dios por la lección que me ha dado”. ¿Saben qué más me contó?: “Gubidxa, haré un disco. Se llamará Saa Guendaxheela y cantaré varias canciones de César López. Ya pensé en las letras, las canté entre sueños…”
    Tlalok pues, dormido, con el cuerpo tendido en una cama de hospital, no deja de pensar en su música; en nuestra música. Me pidió escribirles nuevamente y agradecerles. Dijo que cuando esté mejor les agradeceré personalmente cada una de sus atenciones y rezos. 
Por cierto. Les envío dos canciones de él*. Una se llama “Te perdono” grabada en estudio hace como 8 años y casi desconocida. Apereció en un disco colectivo llamado Amigos del Sagrario, en apoyo a una noble causa. La otra “La Cruz de Ixtaltepec”, grabada en vivo hace poco más de un mes, en Juchitán, en otro evento altruista durante la presentación de la Primera Campaña por la Memoria Histórica. 
    Para quienes hayan escuchado su música y sepan poco de él les cuento: Tiene 28 años (nació un 20 de novoviembre). Se llama Tlalok Guerrero Luis (su nombre se escribe con “k”, no por querer parecer original, sino porque así fue registrado, ya que en el Alfabeto Práctico Nauatl no existen la “c” la “h”, la “z”, etc.). Es de Juchitán. Los primeros instrumentos que aprendió a tocar fueron la flauta de carrizo -tradicional en los pueblos zapotecas- el tambor y el caparazón de tortuga. Toca también la kena, y la guitarra. Las primeras canciones aprendidas fueron en zapoteco, y aunque ha viajado mucho, siempre regresa a su pueblo. En fin. Los dejo con las canciones y las buenas noticias.

Saludos y gracias nuevamente.

Gubidxa 

PD: Si pueden, compartan las buenas noticias.

*Creo que Gubidxa quiso decir aquí canciones cantadas por él. Pues al menos “Te perdono” pertenece a Noel Nicola.

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