Como suelo ser – y parecerá que me contradigo del post de los reyes magos- cito algo que me encontré hace unos meses, antítesis del grinch*.
Y para alimentar mi esperanza, como siempre no dejo de encontrar ayuda y resonancia en el entorno. No sé cómo encontré este texto el blog de aquel semejante:
<<Credo.
Es igual si crees en Cristo, Moisés, Buda, Krishna, Marx, Paris Hilton, Christian Dior, en ninguno de ellos o en todos a la vez. Cree en ti, cree en el ser humano, confía en que aún hay esperanza para encontrar un camino, una pequeña luz, un impulso que nos permita seguir adelante y ser felices de vez en cuando. Confía en la perra vida, que es puñetera pero hay que vivirla. Te quiero. Os quiero. Me quiero. Quiero seguir queriendo. Y puede que el amor nos salve de las miserias o al menos, las haga más soportables.
Cree en el amor. Yo quiero creer más.
Y amar.>>
Menuda tarea: Seamos como el universo, cambiemos y creamos. OM.
*ay, me choca este término, es la primera vez que lo uso, pero tengo que reconcer que tal vez sea el adecuado para describir esa actitud de ayer frente a la tradición.
Chale. A mí nunca me trajeron nada los reyes y parecerá que soy una resentida y que por eso el sesgo parcial y amargo de mi post. Pero no; juro que no, casi cualquier digno ciudadano (¡qu’ ubo con mi autorización!) pediría lo mismo que yo:
Pido sensatez para nuestros gobernantes.
Pido sensatez para nuestros medios de comunicación.
Pido sensatez para los padres de familia y ciudadanos comunes.
No es posible, no concibo cómo el gobierno del DF no sólo permite, sino acondiciona y fomenta la soltada de globos con carta para los reyes ¿no que ya éramos muy modernos y se le enseñaba ecología a los escuincles en la escuela? ¿Y esos anuncios de CONAGUA con la niña que dizque quiere mucho al Agua? Ash.
No sólo me parece estúpido, sino ridículo que los padres anden corriendo el cinco de enero o el meritito seis en la búsqueda de una buena ganga para comprarle a su hijo y unos hasta llegan con el regalo el 7 y le cuentan al chamaco que los reyes se atoraron en el tráfico. Muchos no alcanzan a comprar lo que el niño pide y le compran otra cosa o la versión patito ¿a poco por mocosos son tontos?
Me parece que a las minieconomías familiares les sangra el regalo del día de Reyes; con tal de dizque no ofender la inocencia del niño, con tal de mantener una mentira, de recrear una fantasía respaldada por Disney, la industria juguetera y el catolicismo son capaces hasta de endeudarse. Me parece deprimente ver en diciembre y enero en los vagones del metro publicidad de casas prestamistas, cada vez estamos más jodidos, ah, pero eso sí, el día de Reyes, de la Guadalupe y en el Bicentenario bien vestiditos y compraditos todos, por favor. Que se transmita la tradición pa’ los que pueden, pero no para los más golpeados, es muy triste ver a la gente jodida (como yo) buscar desesperados un regalazo de tres pesos.
Operativos extras de seguridad (como si los demás días no hubiera necesidad de vigilar) diurnos y nocturnos ¿de dónde sale el dinero para esta gran producción si estamos en crisis? pues ¡qué importa!); parafernalia para los Reyes magos en la Alameda; extensos, santurrones, subjetivísimos, moralinos y tendenciosos reportajes del “canal de las estrellas” y de otros canales y medios por largos minutos… ¿a qué hemos llegado, carajo? no les da vergüenza contestar esas entrevistas, padres de familia? ¿no les da pena, noticiarios, transmitir ese comprismo de locura y cuentos de bondad que nadie cree? Ash.
Y luego, lo peor, lo que verdaderamente me parece un robo institucionalizado: ¡las cartas a los reyes magos por el Servicio Postal Mexicano! Inaudito que aprovechen un cuento en el que los niños creen para manipular sus deseos y hacer un negocio como si los adultos también lo creyéramos; eso es mentir. No digo que se les revele ya de una vez por todas a los chamacos que los Reyes Magos no existen (aunque no sería mala idea, pero luego ¿cómo negociarían la buena conducta?) pero que los adultos hagamos como que existen y nos hagamos de la vista gorda de un negocio ruin, peor que el Teletón, eso sí que me parece absurdo, ¡en qué momento se estableció ese código de verosimilitud que a mí no me avisaron! Entiendo que MexPost necesite recursos pues ya sólo las editoriales, comercios, bancos y demás instituciones por el estilo usan sus servicios, pero ¡que no mamen, que se ideen otras formas! “Las tarjetitas a los reyes cuestan 1o pesos nada más y tienen espacio para que los niños hagan algún dibujo, luego las depositan en el buzón y Correos las envía a sus centros de distribución para hacerlas llegar a los Reyes Magos”, palabras más palabras menos del encargado de la oficina de correo del Centro Histórico, ¡cómo ven!
No sé, pero a mí me daría vergüenza, tener entre mis recuerdos infantiles haber ido a la Alameda a soltar un globo de gas con una carta que caerá a algún río por separado del globo. O haber ido al correo a depositar mi carta y mis dibujitos para quién sabe qué basurero.
Quizá un economista me vendría a decir que no sea mensa, que eso reactiva la miserable economía del país, y tal vez le conceda razón, pero entonces ¿de qué podría quejarme hoy?
Esta es la entrada (me encanta la palabra “puerta” y la palabra “entrada”) después de haber atravesado la cochera vecina y subido unas escaleritas. Al lado vive una pareja de jovenzuelos enamoradiscos con una pareja de gatas que siempre están asomadas a la ventana cuando las dejan solas.
Este es el pasillo hacia la zona occidental o la zona fría, al cruzar esa puerta se encuentra aire, polvo, frío, un cacho de cielo y secretos ruidosos. Aquí acomodé mis elegantes libreros.
Un tuitero y su frenética* búsqueda de cobija humana femenina con el requisito de ser pequeña, me recordó unas fotitos que tomé apenas ayer de mi casa. Lo que no sé es si este hombre sepa en lo que se mete ante tal solicitud. Creo que alguien debería advertirle que tenga cuidado con la menudocracia.
*de niña creía que este término venía de ’sin freno’, no de frenesí.
· 15 cm más de pelo (¡yuuuju!).
· Harto mezcal el primer trimestre del año.
· Trabajo de profesora durante cuatro meses, el último sin pagar y los otros tres pagados dos meses después.
· Desempleada durante los ocho meses restantes del año.
· Conocí Tlayacapan en moto.
· Pujando y pujando pero tuve la dichosa titulación de maestría.
· Vi a una de mis mejores amigas soltar un anhelo por amor a su padre.
· Una publicación invisible.
· Comprobé que cada vez sé menos cómo funciona mi memoria: confundí datos que escuchaba, leía, inventaba, soñaba o veía en pelis.
· Un congreso en Montreal.
· Otro en Cusco.
· Abracé a mi hermano en persona después de un año-siglo.
· Vi con admiración una transformación en mi carnal.
· Hatta yoga con consistencia (y ¡gratuito!).
· Jugando jugando busqué el amor afuera.
· Como no lo encontré me dejé de hacer tonta y lo busqué dentro.
· Pañú amor.
· Madre al grito de guerra, apoyo chingón.
· Vi a Yogendra una vez tres horas.
· Vi una vez a Fernando media hora.
· Vi una vez a Idunaxhíi una hora.
· Vi una vez a David un par de horas.
· Ví ninguna vez a Karola.
· Paco pernoctó tres noches alternas en mi casa.
· Escasísimos encuentros con los amigos, por no decir miserables.
· No era cierto: no buscaba amor: reconocí que sólo quería pasarla bien mientras crezco para dar y recibir amor.
· Me mudé por novena vez en D. F. de lugar de residencia (sin contar los intersticios en casa de tía Luzma cada vez que no tengo casa).
· Recibí buenos masajes
· Vi como tres pelis en cine, dos que me hablaron: “Las flores del cerezo” y “Vals con Bashir”.
· Conocí a Sophie, quien se portó como una gran amiga, sin serlo.
· Conocí a Ariadna, doppelgänger catalana y gran amiga ahora.
· Volví a ver a mi ex “como amigos”.
· Infección marca diablo de garganta al empezar y terminar el año: faringitis crónica dijo el doctor.
· Se descubrió que la faringitis es la causa de mi sordera.
· Alcancé a entrar a un concurso de creación.
· Me perdí de otro.
· Entré al doctorado y permanecí el primer período.
· Escribí muchas cuartillas y besé mucho.
· No usé los tapabocas tan en boga.
· Cociné el 80% en casa para mí, eso fue un récord y me alegró mucho porque por fin me supe dar amorcito.
· Usé la tarjeta de crédito todo el año para el supermercado.
· Me endeudé con mi parentela pa’ todo el año pero acabo de pagar hace una semana.
· Quise mucho a mi tío Yooorch porque estuvo allí pa’ todo.
· Tomé taxis en exceso aun en las etapas críticas, o sea, todo el año.
· Me telepatée con mi papá y fue muy divertido.
· Con el de fin de año, serán cuatro viajes a Ixhuatán en el año, nada mal.
· Tuve todo el año dudas, nunca estuve segura de nada.
· Vi a mi madre mayor.
· Pensé todo el año en el futuro, tuve mucha tensión.
· Hice una fiest (ah, esa es mañana, ¿ven cómo ando siempre en el futuro y evadiendo el “hoy”) ta para mis amigos y mi nuevo hogar.
A veces me disfruto tanto que compadezco a quienes no me disfrutan. A veces disfruto tanto de estar conmigo y gozo tanto de la vida que tengo pena de quienes no la disfrutan. A veces disfruto tanto mi soledad y libertad que me gustaría compartirlas, ja, pero sé que la pura enunciación es una paradoja. No se puede compartir la soledad, ni la libertad. ¿Quizá sí la felicidad? Me gustaría encontrar la mañosa manera, ese vivir ladino de ir creciendo acompañado pero sin dejarse a la suerte del otro; sin renunciar a la enorme responsabilidad de estar solo; de ser libre de hacer o no hacer.
Cuando me siento así veo lo frágil que en realidad es este estado de armonía, belleza y soltura porque de inmediato quiero atraparlo y gritarlo, pero es de una delicadeza que si se vierte se transforma en otra cosa, como la belleza de una capa seca de arena sobre la playa. Y es así de delicada porque esta libertad aún no me pertenece, sólo me dan probaditas de vez en cuando.
Esta libertad es aún muy externa, llena de condiciones favorables, como mantenerme a mí misma y estar sana y más o menos guapa sin que necesite a tres galanes que me lo vengan a decir –aunque no me falten tres que me lo digan, dijera Ximena: ¡hasta hacen fila!-, tener una familia numerosa y amigos que me aman y me dan todo si lo necesito, porque vivo sola en un sitio que me gusta y lo conservo, porque tengo de qué alimentarme (en todos los sentidos).Y no puedo compartir mi libertad justamente por esa vulnerabilidad y condicionamiento: en un momento paso tiempo con alguien y se lleva mi soledad y “escapo” y me fundo en el exterior. Y no puedo negar que eso también lo disfruto y a veces lo necesito. Por eso esta soledad y libertad todavía no son mías del todo, porque no en todo momento acepto que estoy sola y acepto que así moriré.
Intuyo que la clave para permanecer es hacerme responsable de mi pobreza y riqueza. Y agradecer, recordar lo más posible el acto de agradecer.
Hoy hablé por teléfono con mi madre. Por primera vez algo que dijo me hizo gracia cuando antes eso mismo me molestaba un chingo. Me quiere mi madre y yo he sido tan tonta, tan inmadura que desde la adolescencia (esa etapa que en realidad no he brincado a uno de mis treinta) he creído que está en mi contra. ¿Cómo puede caber tanta soberbia en mi humanidad tan pequeñita?
La última discusión la tuve hace como cuarenta días cuando me acababa de mudar. “No me trates como una niña”, le he dicho tantas veces, creía que ella quería decirme una vez más cómo hacer las cosas exactamente. Y creía que lo hacía porque no le gusta lo que soy, que no me acepta y que no ve quién soy. Pero ¿será verdad que no sabe quién soy? ¿y quién con más derecho que ella de preocuparse por mi bienestar? La pregunta es: ¿por qué me irrita tanto que me haga recomendaciones como taparme por el frío, comer bien, acostarme temprano, no andar en la calle hasta tarde y ser ordenada, acicalada, puntual y amable?
Tal vez yo me haya terminado de formar en todos esos aspectos (espero que no en otros, espero que haya alguna posibilidad aún de pulir ciertos rasgos) y tal vez ella no logre nada con decirme sus recomendaciones tantas veces, pero parece que necesito comprender que se trata de la mujer que me ha dado la vida no sólo porque mi vida nació de su útero, sino porque me cuidó hasta que tuve oportunidad de moverme sola y aún cuando me quedo sin trabajo o sin aliento me sostiene; además, toda la educación emocional de la que puedo presumir está gracias a ella y a mi abuela; los valores y esas cosas de no dañar al semejante han sido su ejemplo.
¿Por qué desde niña no quería que me cuidara? ¿Por qué me hacía la autosuficiente y la poderosa? ¿Por qué he sentido esa lejanía entre nosotras? Es como si yo no quisiera recibir de ella, como si me pareciera que ya tuve mucho con salir de su placenta como para que todavía me tenga que dar más ¡pero ella quiere darme! Porque para ella yo soy como un brazo, como una rama. Suena igual de estúpido que si me enojara con la tierra porque sigue dando frutos y no seca sus ríos a pesar de que no la procuramos. Había querido cortar el cordón umbilical antes de estar unida y antes de necesitarlo.
Hoy que surgió la plática de que pronto viajaré al Istmo para verla, me dijo: –Cuídate bien en el viaje, te abrigas bien, no vayas a perder el autobús y -una frase nueva- “no tomes nada que te ofrezcan de beber o comer”. Involuntariamente solté una risa, pero no fue burlona ni en forma de queja, esta vez sentí la ternura de su indicación (a mis veintitantos y a casi quince de andar viajando y acercarme o alejarme de su seno, de no vivir juntas, pues) y ella se sacó de onda y me pidió disculpas por empezar con la letanía conocida.
Ya no le expliqué nada y no creo que haga falta pero espero haber comenzado a darme cuenta de por dónde va la onda; hoy me pareció tener un atisbo; ¿por qué me enojo si sus cuidados tienen tanta dulzura? Fue Humberto quien me dijo -al día siguiente de que me pelée con ella (¡me pelée! qué vergüenza) – algo que me despertó por un momento : “Todo lo que salga de la boca de tu madre es sagrado, considera sagrado todo lo que ella haga o diga” –de dónde venga, me interesa poco, creo que es un consejo de hinduismo, simplemente es algo que no había escuchado– Amén.
Estoy trabajando en el doctorado con la crónica de Indias, específicamente con las expediciones españolas hechas a esa zona que hoy es el sur de EUA que acarreó naufragios y una cierta tortura de los indios a los españoles (tómenla, barbones, por fin una de cal por las que iban de arena). Anoche me quedé hasta las tres de la mañana leyendo la crítica de mi corpus de investigación. Luego me dormí tranquila pero tratando de ordenar/construir mi planteamiento. Para no hacerles el cuento largo, hoy desperté con una sensación en el pecho de sollozo, pero el sollozo en el sueño me dijo – “despiértate (porque esto te duele, es demasiado para ti)”.
Desperté y no habían lágrimas en mis ojos pero sí la sensación en el pecho. Con esto de otro año más de la Revolución y ‘la manga del muerto’ que igual que la Independencia desde niña no celebro (excepto en cierta época y por motivos distintos a la mera revolución porque en mi pueblo las escuelas solían organizar desfiles muy creativos el 20 de noviembre en el que lucía toda mi gracia infantil y mi ansia de expresarme se calmaba) y no me contagia fe en absoluto, ando muy pensativa acerca de mi participación ‘patriótica’ y mi incursión pasada en la educación indígena multicultural en Oaxaca y lo feliz que me hacía, etcétera.
Bueno, pues soñé que en tiempos actuales estaba la misma explotación de los indios (sé que nuestra realidad actual no está lejos de eso) en las formas de la Colonia y que yo llegaba a un pueblo como una especie de mediadora. Resultaba que ni bien me había compenetrado con la situación y antes de que pudiera intervenir directamente en la vida de los indios (quienes físicamente eran como chamulas pero iban vestidos ya como occidentales) un mandamás los mandaba a una expedición pero era bien sabido que esas expediciones eran una amenaza porque además de pasar trabajos excesivos en el barco, las condiciones climáticas no eran las mejores y su vida corría peligro. Cuando uno de los muchachos indígenas me lo comunicaba, me daba rabia y dolor de que fueran a ir para allá, si ellos no oponían nunca resistencia se los iban a seguir jodiendo, necesitaban empezar a oponerse, le pregunté al mismo muchacho a dónde irían, me dijo que a las Indias (que en mi sueño significaba Tierra Firme y luego la isla Borinquen); le dije –”¿y dónde está?” Y se alzó de hombros con una mirada triste. Me molesté más y casi le grité: – “¿cómo no sabes? ¡debes saber porque se los están chingando por eso! ¡tienes que conocer la tierra!”.
Por un segundo él me miró como pidiendo auxilio sin decir una palabra, sabíamos que él no podía hacer mucho por sí mismo en esas condiciones. Luego, cuando ya me iba a compadecer de él, algo me dijo que no era el momento, que estuviera más alerta y sí, hice bien en pensarlo, porque inmediatamente después él me puso un dedo índice sobre mi párpado izquierdo y yo sabía que eso era para embrujarme. Por instinto y casi con violencia retiré su mano de mi párpado y dije: – “No”, ahí fue el sollozo; por un lado, sentía enojo, dolor e impotencia de ver cómo se los jodían, se los llevarían una vez más a un viaje riesgoso y por el otro, sentía miedo de dejar embrujarme porque no era la forma correcta, con ello me ponía a mí en peligro también. Interrumpí el ritual de su dedo porque tuve miedo de quedar sin voluntad: sería como ellos y me perdería. Definitivamente yo no tenía que ser como ellos, yo era distinta, la punta de su dedo tenía sangre.
Alguien en quien confío, después de escuchar mi sueño me dijo:
- ¿Qué te enoja, Luci; dónde no quieres ir?
Y luego:
- ¿A qué le temes que te pierda; a quién, quién quiere perderte?
Trato de responderme sinceramente. El indio era yo, la mediadora era yo. Por eso todo el orden de la historia real se trastoca.
Pedro Almodóvar se vuelve cada vez más previsible para su espectador y principalmente para su espectador fanático pero también más entretenido. No hubo un solo momento de “Los abrazos…” en que percibiera indiferencia, creo que es una de sus virtudes poner personajes muy humanos y comunes, personajes que parecen espontáneos, ligeros y auténticos, pocas veces hay alguno inalcanzable, la mayoría de las veces están muy a la mano. La elección de los actores o casting es muy acertada: la mamá (la maravillosa Ángela Molina) de Lena (Penélope Cruz) – aunque sólo apareciera en un trío de escenas – y Ernesto Martel hijo (Rubén Ochandiano) o “Ray X” son mis favoritos; sin hablar de Blanca Portillo, personaje que carga gran parte del peso de la historia y cuya calidad histriónica no representa ninguna duda.
Pero lo que resalta, más allá de cualquier personaje peculiar es esa obsesión a lo telenovelesco de Almodóvar por el secreto, la intriga y las coincidencias que me recuerdan mucho a Julio Médem, nomás que en éste las coincidencias son románticas y sutiles y en Almodóvar groseras. Mateo Blanco alias Harry Caine (Lluis Homar), el supuesto protagonista, es el que más palidece, le hace bien de ciego pero no le creo lo galán-donJuan y eso que en “La mala educación” me gustó (es muy bueno para ser un galán y muy simplón para ser escritor); Penélope Cruz actúa mejor cuando la dirigen ídem y cuando no tiene que ser mucho más que una mujer bella y deseada.
En fin, podría seguir, creo que Almodóvar es muy auto-referencial no sólo en cuanto a la historia, sino al discurso de su cine, utiliza nombres y personajes de sus filmes anteriores, pero también actores, utiliza técnicas narrativas como elipsis y prolepsis, metaficción (el cine –su cine– dentro del cine y una ficción dentro de la ficción ¡ama el cine!) y elementos recurrentes de la trama como accidentes devastadores, infidelidades, encuentros accidentales, retrato de relaciones familiares; la música no acompaña sino que también narra, elementos gráficos como tacones, objetos y conversaciones que aludan a una parafernalia sexual-femenina.
En síntesis, diría que es una película muy entretenida no memorable, las pelis de Almodóvar son tan melodramáticas que nunca me identifico del todo pero sí me río o reconozco haber visto alguna situación parecida, en ésta, hay una escena cerca de la anagnorisis en que participan los tres personajes principales, incluido el protagonista –en la cual Judith (Blanca Portillo) habla sobre un boicot fílmico– que es tan melodramática y solemne que da risa y sólo puede ser tomada como sátira entre la gente que realiza cine; sí, en efecto es muy satírico y eso es lo que nos acerca a sus personajes y sociedad.
Respecto al título, esta vez no es para mí tan lucidor, pues sólo se relaciona con el destino de los amantes y con el del filme dentro del filme, pero digamos que sí hubo algo de ruptura de la continuidad respecto a unas fotos rotas a las que se les dió mucha importancia fotográfica y de trama pero queda quebrada la razón de su rotura. Sí diría véanla.
Pues ya me mudé, llevo trece días en mi nuevo jacal, en un mes se inaugurará al público en general. Por ahora sólo lo conocen mis más allegados. Hoy, formalmente comienza mi vida aquí. Antier comencé a cocinar, hace un par de días me bañé al fin con agua caliente y ayer lavé por primera vez! (en la semana vino mi tío favorito a instalarme lavadorita y gas). Hace poco más de una semana me colocaron el cortinero y colgué la mayoría de los cuadros; ya tuve escenas románticas; muchos días de limpieza, soledad, hatta yoga y creatividad. El primer día estaba sola y deshecha físicamente por la mudanza y mi madre llegó con plantas, la casera me trajo un menú de comida a domicilio, mi madri me llevó al centro por platos nuevos y en la noche caí por primera vez en mucho rato. Soñé mucho y hasta tuve ya una pesadilla.
Ahora que cambio, que voy hacia el futuro, que planeo, se hace cada vez más presente el lastre de los últimos años, hay que recapitular y soltar, en cada sueño en este nuevo piso aparecen con mayor claridad mis fugas de energía y ya no hay mucho tiempo para pensarlo, necesito tirar la cadena del w.c. y aventar allí el pasado.
En el trayecto del cambio me enfermé por tres semanas de las vías respiratorias, he perdido peso, un horno, un delantal, linde con el “Tao” y varios miles de pesos pero también he ganado afirmar los lazos importantes, la gente que me quiere ha estado al pie del cañón, he redefinido metas y sobre todo gané soledad, necesitaba mucho esa condición material; aunque emocionalmente sea arduo de aceptar, es lo que me toca vivir y lo que quiero.
Ayer tomé un taller sobre Tantra y todo lo que me dijo fue: -aprende a asumirte amada, recuerda el poder de tu infancia cuando te sabías querida, llena de belleza y no temías, ya no pierdas tiempo en inseguridades, asume el lugar que te toca, muestra la luz que guardas; resonó en mí la leyenda del Auryn en LHI: – Haz lo que quieras y la leyenda en la pared de mi cuarto: Ser lo que quiero (exemplum que vengo aprendiendo desde los cinco años con Caty, la oruga), P. dice que ya sé lo que deseo y ya casi lo soy, que sólo me falta no temerle, yo digo que el temor me ha impedido saber lo que deseo. Por ahora la tarea será perder el miedo de perderme (para no inmovilizarme) pero no renunciar al miedo de no encontrarme (para no perderme). Por lo pronto, el estado material de soledad me ha traído automáticamente una necesidad religiosa, cada noche y cada mañana me sorprende y agradezco la vida.
Todo en estos días parece cifrado, pues la misma calle en la que vivo se llama Andalucía, la región española que me sienta más cercana y el vínculo con mi nombre y el futuro. Hace ocho años cambiaba a la col. Roma -de la vida solitaria a la comuna rebecuna- de amores y de piel; hoy vuelvo de la vida en comuna a vivir de a solapa, un nuevo ciclo se abre, quiero creer.
Me ha dolido la cabeza, entré a un concurso, me mareé el día previo a la mudanza, empaqué y me cambié de casa, limpié la nueva casa, regresé a mi grupo de conocimiento espiritual. Me salté cuatro días la comida del medio día, falté a la hatta yoga varias veces, me ha seguido doliendo la cabeza, fui al centro de la ciudad, he tenido sueños con amores del pasado, algo impuntual pero llegó mi ciclo menstrual, he dormido mal, me siento cansada y más que cansada, es mi tercera semana de enfermedad de las vías respiratorias, fui a una junta absurda de CONACYT, me compré cosas para la cocina y zapatos, olvidé recoger mi título de maestría, he estado con mi madre que visita la ciudad y en todo este tiempo (¿días, semanas?) casi no he dejado espacio para hacer lo que me gusta, escuchar música, dormir, hacer hatta yoga, leer, el amor y pensar en lo que más quiero. Y en todo este proceso no he podido imaginar, soñar creativamente ni pensar en ti.
Órale, no me había dado cuenta que hoy hace un par años comencé con este chorro de voz, justamente hace dos años me dió una diarrea verbal cuyo discurrir a veces es abundante y líquido y otras duro y seco, pero finalmente existe. Festejo sin tirar la casa por la ventana porque no se puede con esta crisis. Aún no sé pa’ que sirve mi blog y pa qué escribir pero lo seguré averiguando. Por cierto, creo que crée el blog en mayo de 2007 pero no comencé a escribir hasta octubre de ese año.
Alguna vez Nora me comentó: “a todos nos gusta el cambio, pero a nadie nos gusta estar cambiando”, es decir, disfrutamos el cambio una vez que ha llegado. Yo, Luci, siempre me he jactado de disfrutar los cambios, es delicioso despedirse de lo viejo y al mismo tiempo recibir impresiones nuevas; es alucinante para mí el tipo de sensaciones hasta corporales que pasan con ello; es un ambiente parecido al de los sueños, donde todos los afectos se mezclan y forman un todo original pero lo esencial siempre queda claro y uno siempre es uno; es un barrido emocional, como cuando muevo los muebles de la recámara (que es algo que hago al menos tres veces por año). Así me gustan los cambios de mi vida, pues parece que al dejar de ser algo, la saboeo de otra forma. Pero llevo un año aterrada a cambiar de otra manera. Hay cambios externos que tienen incidencia en nuestros estados interiores y esos son los realmente cabrones. Hechos conectados con lo que uno es o al menos con lo que cree ser, con lo que lo identifica a uno. Y por eso nos duelen pues no nos queremos mover ni un centímetro de la costra, del chicle que significa nuestra personalidad. Pero hay otros cambios más raros: el cambio de manera de ver el mundo, de sentir el mundo y de ver y sentir a uno mismo. Hay cambios interiores que -dicen- casi sólo las experiencias cercanas a la muerte nos los traen. De uno de esos cambios estoy hambrienta, los otros, los de color y estilo me tienen un poco aburrida y cansada, desilusionada, de ver que lo único que cambia es la cáscara.
Aquí la letra. Remarco lo que me interesa.
Ya tuve que ir obligado a misa,
Ya toque en el piano “Para Elisa”,
Ya aprendí a falsear mi sonrisa,
Ya caminé por la cornisa,
Ya cambié de lugar mi cama,
Ya hice comedia,
Ya hice drama,
Fui concreto,
Y me fui por las ramas,
Ya me hice el bueno,
Y tuve mala fama…
Ya fue ético,
Y fui errático,
Ya fui escéptico,
Y fui fanático,
Ya fui abúlico,
Y fui metódico,
Ya fui púdico,
Fui caótico,
Ya leí Arthur Conan Doyle,
Ya me pasé de nafta a gas oil,
Ya leí a Breton y a Molière,
Ya dormí en colchón y en sommier,
Ya me cambie el pelo de color,
Ya estuve en contra y estuve a favor,
Lo que me daba placer ahora me da dolor,
Ya estuve al otro lado del mostrador…
Y oigo una voz
Que dice sin razón Vos siempre cambiando
Ya no cambias más Y yo estoy cada vez más igual
Ya no sé que hacer conmigo
Ya me ahogué en un vaso de agua,
Ya planté café en Nicaragua,
Ya me fui a probar suerte a USA,
Ya jugué a la ruleta rusa,
Ya creí en los marcianos,
Ya fui ovolacto vegetariano, ¡Sano!
Fui quieto y fui gitano,
Ya estuve tranqui,
Y estuve hasta las manos,
Hice el curso de mitología,
Pero de mí los dioses se reían,
Orfebrería la salvé raspando,
Y ritmología aquí las estoy aplicando,
Ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé,
ya firmé, ya viajé, ya pegué, ya sufrí, ya eludí,
Ya huí, ya subí, ya me fui, ya volví, ya fingí, ya mentí,
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Y entre tantas falsedades,
Muchas de mis mentiras ya son verdades,
Hice fácil adversidades,
Y me compliqué en las nimiedades…
Y oigo una voz…
¡Adentro!
Ya me hice un lifting,
Me puse un piercing,
Fui a ver al Dream Team,
Y no hubo feeling,
Me tatué al Che en una nalga,
Arriba de mami para que no se salga,
Ya me reí y me importo un bledo,
De cosas y gente que ahora me dan miedo,
Ayuné por causas al pedo,
Ya me empaché con pollo de spiedo…
Ya fui al psicólogo,
Fui al teólogo,
Fui al astrólogo,
Fui al enólogo,
Ya fui alcóholico,
Y fui lambeta,
Ya fui anónimo,
Y ya hice dieta,
Ya lance piedras y escupitajos,
Al lugar donde ahora trabajo,
Y mi legajo cuenta a destajo,
Que me porte bien,
Y que arme relajo…
Y oigo una voz…
Vi en esta canción esa última idea: el ansia de cambiar interiormente. Durante algunos años he buscado mi vocación y no la encuentro; sólo ando cambiando de acuerdo a la suerte y a las circunstancias. Y creo que no la he hallado por miedo a verme interiormente; encontrarla entonces no sería un cambio cualquiera, sino que estaría acompañado de un movimiento interior: aceptar quien soy.
Como sea, cualquier cambio externo me da por lo menos la oportunidad de moverme interiormente, de recordar el asombro por el mundo y por mi ser. Ahora voy a mudarme por octava vez en una década. Y me da miedo. Me aterra que ese cambio ya no me hable adentro, que la ciudad de todas formas ya no tenga encanto ni nada que descubrirle para mí, estoy dejando pues de creer en los cambios externos como salvación.
Este cortometraje documental me lo envió un querido amigo etnomusicólogo y paisano (cualquier cosa relacionada con el sonido del corto, saben a quién dirigirse, él es el responsable: Amilcar V. Meneses). Bon appétit (recomendable con un totopo acompañado de camarón oreado, queso seco o fresco y una taza de café. Ya después, pa’l desempance, mi larga perorata que bien me vendría con un mezcalazo tobashishe).
La verdad el video me conmovió mucho, a pesar de tener muy presentes los paisajes istmeños, la enorme labor de estas señoras y de saborear los totopos cotidianamente (es decir, no soy de las que menosprecian un totopo).
Me conmovió porque ando metida en una (espero que breve) etapa de aridez y de improductividad en el terreno de la investigación, que es en el que me desenvuelvo y donde todo el trabajo es intelectual y el poco esfuerzo físico es permanecer sentada durante horas, transportarse a la biblioteca y sumergisrse en un mundo de saberes (en vez de sabores), el otro esfuerzo es posar la vista varias horas sobre letras impresas o en la computadora, donde lo único que se cansa es la vista.
Esta señora me ha enseñado/recordado la disciplina, ella no se cuestiona la utilidad de su trabajo como yo lo he hecho con el mío cada mañana que no quiero despegarme de la cama y postergo el trabajo, pero ya quiero yo que esta tesis que va a salir del doctorado sea tan sabrosa y cara como esos totopos que vende Na’ Florentina. Brindo por su ejemplo de esfuerzo, sencillez y convencimiento de lo que hace.
No es que menosprecie mi trabajo, sino que parece que me estoy volviendo apática hacia las disciplinas intelectuales y no sé si será que estoy envejeciendo (!) pero me parece que las actividades físicas tienen más vida, quiero ir hacia ellas y hacia lo que me hace despertar el corazón, ya chale con las puras ideas.
Últimamente me veo intolerante, me parece que rebaso a las personas y las miro desde arriba. Mis pretensos me desesperan y después de pasar un tiempo escuchando lo que dicen, quiero salir corriendo o mudo mi mente a un planeta lejano. Estoy, como suele decirse, inflada. Y me siento mal por ello, porque los días en que se hace evidente, en que para el ruido, veo a una mujer-niña vacía. A una Lucía llena de temor, que no encuentra escudo más obvio que inflarse, como ciertos animalitos cuando están a punto de ser devorados, dan la apariencia de que son más grandes. Me siento triste hoy, sin razón externa, sin motivo, de esas veces en que cualquiera me diría “ –eres una bestia, cómo puedes estar triste si lo tienes todo” objetivamente no tengo nada de qué quejarme así como no he tenido de qué quejarme durante toda mi vida, pero como los estados de ánimo en los simples mortales muchas veces tienen que ver no con el exterior, sino con la imagen que tenemos de nosotros mismos, con la subjetividad y el mundo interior, pues hoy me siento triste porque sí. Porque me he visto incapaz de serenarme y agradecer; incapaz de reconocer mi pequeñez y aceptarla, quiero aquella sorpresa y asombro por el mundo; quiero querer moverme; querer vivir; querer querer; amar y agradecer cada minuto de existencia.
Cusco me ayuda a sentir que todo está bien. Aquí recordé que saber respirar es un trozo de felicidad. No sé por qué mi vínculo con ciertos espacios, pero definitivamente parte de mi tranquilidad y gozo depende del espacio que me rodee. Tengo una obra pendiente –creativa, de investigación o de ambas– acerca del espacio como parte del personaje. No se trata del todo de una propuesta surrealista, aunque admire trabajos como los de Remedios Varo, Sir Edward James, en la plástica y la arquitectura, o de Ende y Lewis en la literatura (y últimamente el trabajo de Robert Polidori, fotógrafo) y al mismo tiempo sí se trata de algo surrealista puesto que es una perspectiva personal, individual, onírica, emocional pero también pragmática; es saber que los espacios del exterior están siempre conectados con mis habitaciones interiores.
En fin, volviendo al Cusco, no sé qué tenga la piedra que en cualquier cultura que se respete ha sido usada con maestría en las grandes obras arquitectónicas y siguen impresionándome (nos) en pleno siglo XXI. El metal, la madera, el vidrio, son materiales interesantes, pero la piedra no tiene símil alguno, conecta a todos los hombres y mujeres de cualquier punto del orbe.
Además de piedra, lo que predomina en Cusco es barro y tejas, cal, arena ocre, frío, calles angostas, con estrechos escalones de subidas y bajadas, algunas orinadas (y empedradas, por qué no?,). Si miro sólo la Catedral o la Compañía de Jesús no me dicen gran cosa por sí solas, si miro por separado la casa de Garcilaso, apenas escucho un balbuceo, pero es la mirada de conjunto la que me embruja, la que acalla todas mis quejas acerca de la ignorancia de esta gente sobre el Inca Garcilaso y sobre su región, aquieta mis lamentos de falta de dinero para comprar artesanías de los fabulosos textiles, mis quejas sobre la corta curiosidad de los extranjeros nacos europeos, la confusión que le causo a la gente de aquí porque me asumen de inicio como peruana y como muy chamaquita y cuando descubren mi nacionalidad y mi verdadera edad recomponen a tropezones sus descortesías. Y Cusco sobre todo invita a la humildad, a dejarle de poner tanta salsa a los tacos. Los oriundos pueblan todas las calles, no como en Lima, tan pretenciosa y taan orgullosamente criolla. Digo, a estas alturas no sé si existan indígenas puros ni me encanta que sean desplazados por la modernización, etc. etc. pero al menos no se dejan embaucar tan fácilmente y muchos parecen felices con la vida que llevan ¡¿y quién no podría vivir en Cusco?!
Bueno, aquí con calles pequeñas y edificios altos, uno recuerda su tamaño, pequeñito, pequeñito, pero en las noches puede ver las luces de la ciudad gracias a los cerros que rodean, puede oler un humito de pan o de anticuchos, salir a bailar un son o dormir en el silencio pues por alguna razón no ladran perros ni retumban discotecas.
Bien, tengo varios posts guardados y no los publico porque hace un rato que no me acerco a los archivos de mi computadora. Desde los d’ias previos a mi examen de grado, es decir, desde junio que present’e la versi’on final de tesis hasta ahora que estoy de “diva acad’emica” fuera del pa’is y hasta no s’e cu’ando, comenz’o una etapa interna de transici’on. Algo en m’i se ha resistido a usar mi computadora para otra cosa que no sea checar el correo, qued’e pues saturada del uso de word y de la escritura (acad’emica, creativa, de agenda, de cualquier solipsismo). Hoy me he sentido con ganas de escribir y no tengo mi compu a la mano para salvar esos posts preparados. Ten’ia fotos, actividades, en fin. Hoy quiero escribir porque, como muy pocas veces cuando escribo, siento que lo que diga tal vez resuene, es decir, hoy, como muy pocas veces, quiero compartir de verdad, escribo no s’olo para mi ego. Esta estapa que ha comenzado me obliga a estar alerta y darme cuenta del cambio incesante y mi poca capacidad de mudar e ir ligera con [el, siempre queri’endome apegar al pasado, a mi concepto de m’i misma, a mis temores, a mis deseos. Comienzo a entender que esta pel’icula se trata de m’i, pero no de m’i en cuanto a mis logritos y escalones, sino de m’i en tanto que disfruto, esa es la vara con la que ser’e medida (perdonar’an la falta de acentos y caracteres ortogr’aficos, pero en estos teclados pa’ franc’ofonos no s’e d’onde est’an). Estoy pregunt’andome todo el tiempo lo que ser’a ser adulto. De viaje siempre crezco porque soy como quiero ser, porque no hay anclajes conocidos y me obligo a ser nueva ante cada situaci’on, tengo la posibilidad de ser m’as yo, de ser m’as adulta, m’as infantil, m’as clish’e, m’as pretensiosa, menor, mayor, etc’etera y antes todas esas nuevas posibilidades elegir ser nada m’as que coraz’on no es siempre lo m’as f’acil, no siempre me acuerdo: relajarme y saber que nada importa sino hacer lo que se quiere. Por eso viajar siempre me confronta con un mayor sentido de responsabilidad, siempre las decisiones las vivo m’as al l’imite, como que a uno le queda m’as claro que es su responsabilidad pasarla bien o no. As’i, en los momentos m’as afortunados (y que atesoro en la memoria) estoy en una perfecta combinaci’on: no espero nada, pero espero todo.
A mí me encanta decir las cosas en pares o por lo menos con dos palabras, si se puede y me dejan que las diga con más, mejor. Por ejemplo, si escribo mixto, después pongo híbrido, si escribo, medular, luego pongo toral, crucial, y así, es una especie de necesidad de no querer alcanzar las cosas, los conceptos, una suerte, un cierto tipo de búsqueda del lenguaje, pero en el fondo es un no querer, un resistirse, a alcanzarlo, a conquistarlo, domarlo al indómito. No es necedad, es como saber que no se tienen las cosas bien claras, como estar muy conciente de ello, que el mundo es mundo por inasible, si fuera rodeable sería manzana no mundo. Me gusta sentir que no acaba la búsqueda, pues, el rastreo, el incontenible impulso de soñar que se puede decir algo más algún día, diferente de todo lo primero que se planteó y para que realmente eso que venga sea totalmente nuevo, hay que tratar las mayores posibilidades actuales. Pero sí es una necedad porque está mal escribir así en un trabajo de investigación, es incorrecto y da un aire de imprecisión y de molestia al que lo lee, ¿por qué carajo me aumentan palabras si esto se puede decir con menos? –dice el lector. Y yo digo, es que si la quito, siento feo, como que se suprimiera una parte de mi y mis ideas, entonces lo dejo y al lector real no le agrada y no lo entiende, pero a mí sí, mi lector implícito es alguien que entiende que por muchas palabras que se suelten nunca se podrá decir bien todo, siempre queda algo sin poder ser traducido, algo indescifrable. Por eso aumento palabras equivalentes (no sinónimas desde hace mucho no me gusta esta palabra porque si los términos realmente significaran lo mismo, no habrían más términos, no significan lo mismo, si cambia la forma y su carácter, cambia el sentido) pero tampoco equivalentes me gusta, como que en realidad lo que siento a la hora de emplear dos o más palabras lo que hago es un ensayo de completitud, como que aviento varios términos para que entre los tres me acerque más a la idea, aunque en el fondo sepa que tres palabras no hacen un mundo y eso me guste de mi mundo. Bueno pues sí, soy necia, pero no está en ese ensayo una búsqueda de más palabras, tal vez lo que me gusta comprobar es que cada vez puedo conocer una palabra al bordear una idea, por eso, muchas palabras que no conocía me las ha dado la invención, la curiosidad; las he encontrado así, tratando de entender una canija idea desordenada, muchas palabras que no conocía de repente aparecen en mi cabeza con el sentido adecuado y digo “¿dónde escuché esto? ¿dónde lo leí? ¿quién habla así? ¿quién me la enseñó? ¿en qué lugar de mi memoria estaba que nunca la había usado y ahora brota? No puedo creer tanta genialidad y la busco y resulta que sí existe y que la estoy aplicando bien, ¿cómo funciona ese fenómeno? Entonces me maravillo de que sigo aprendiendo a hablar, de que en el fondo soy una nena inocente, de que mi lengua tiene un mar, un infinito, un cosmos y un sótano interminable que decirme que aún con todo no hacen un mundo, pero lo rozan, ¿de eso se trata el camino, no? ¿de eso se trata el lenguaje qué no? Todo se trata de vivirlo.
Un abrazo
una mirada de comprensión,
un gesto de ternura
un ademán de afecto
auxilio a su alma
aliento,
un toquecito de calma.
Que sepa que lo quieres
que no haya duda en su corazón
que tu voz lo alivie
que su cuerpo se confíe a ti
es casi un hijo:
arrópalo.
Su conciencia es distinta a la tuya,
su enfermedad es otra también.
Necesita irse tranquilo,
necesita confiar en ti,
saber que lo entiendes;
creerse acompañado:
está solo, solo, siempre ha estado solo
(como todos nosotros
como se suele estar frente a la incomprensión de la vida
frente a la endemoniada falta de certezas)
siempre ha estado aislado, más que todos
porque nadie cree en lo que él,
nadie comparte su pasión-locura
nadie se aferra a una vida tan áspera
nadie sufre como él, a voluntad.
Su única compañía es el verdugo de sus pensamientos;
su único ruido lo silencia, lo aparta más. Y más.
No lo cambies, no lo convenzas.
Dile que lo entiendes;
dile que sabes lo que siente.
Dile que te duele que le duela.
Dile que te preocupa su preocupación.
Dile que lo amas y ámalo.
Antes de que se vaya,
antes de que te sientas tú vacía y sola
porque no lo amaste
y porque sí lo amabas y no lo sabías hasta que se fue.