se equivocaba…
Por ir al norte fue al sur.
Creyó que el trigo era agua
…se quivocaba.
Qué duro es aceptar que uno se ha equivocado
pero no tanto la aceptación, sino la nostalgia de la ilusión
y al mismo tiempo es tan sólida la equivocación que lo lamentado es el tiempo perdido.
Y como el mismo Serrat diría: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.
