Un abrazo
una mirada de comprensión,
un gesto de ternura
un ademán de afecto
auxilio a su alma
aliento,
un toquecito de calma.
Que sepa que lo quieres
que no haya duda en su corazón
que tu voz lo alivie
que su cuerpo se confíe a ti
es casi un hijo:
arrópalo.
Su conciencia es distinta a la tuya,
su enfermedad es otra también.
Necesita irse tranquilo,
necesita confiar en ti,
saber que lo entiendes;
creerse acompañado:
está solo, solo, siempre ha estado solo
(como todos nosotros
como se suele estar frente a la incomprensión de la vida
frente a la endemoniada falta de certezas)
siempre ha estado aislado, más que todos
porque nadie cree en lo que él,
nadie comparte su pasión-locura
nadie se aferra a una vida tan áspera
nadie sufre como él, a voluntad.
Su única compañía es el verdugo de sus pensamientos;
su único ruido lo silencia, lo aparta más. Y más.
No lo cambies, no lo convenzas.
Dile que lo entiendes;
dile que sabes lo que siente.
Dile que te duele que le duela.
Dile que te preocupa su preocupación.
Dile que lo amas y ámalo.
Antes de que se vaya,
antes de que te sientas tú vacía y sola
porque no lo amaste
y porque sí lo amabas y no lo sabías hasta que se fue.
Qué hacer, qué dar.
3 Junio 2009 de cascabelera
que alegria leer,
cuan ruidoso sopla el viento,
cuan alegre rompe el mar,
y cuan to a crecido el corazon
tu corazon.
ahora, siempre tuyo de tus letras
elv
Guau, qué sorpresa y honor me da recibirte y descubrir que leas/escuches los ruiditos que resuenan por acá. Bienvenido, ésta es tu casa.