Hoy recuperé la inversión del espejo; el mundo al revés cobró forma gracias a una infección en los ojos. Me disponía a aplicarme terramicina en los párpados cuando un salto de Rebeca me hizo verla en el fondo de la imagen brincando a mi maleta. Su curiosidad aventó mi vista hacia la profundidad de campo en la imagen en el espejo y volverme un cuarto enrarecido, diferente, como si nunca lo hubiera mirado invertido, fue buenísimo romper mi esquema de recámara y meterme en ese viaje de descubrimientos que puede ser mirar el mundo como si lo acabara de conocer. Quizá también ayudó el traguito de mezcal que había apurado para calentar mi pecho congestionado.
El estado bloggero de la cascabelera, a inicios de año, está así:
Llega a 5 mil visitas exactamente el 1 de enero.
Advierte que cuenta con otros cinco lectores además de Pispiration, jeje.
Niña fonema hace una simpática invitación a escribir un meme, lo cual ha sido un honor, sobre todo por leer que me lee. Aunque ya había hecho uno parecido hace “N” días, no declinaré este otro. Además, la idea de Nora de que andamos reteocupados entre el fin y el inicio de años, las tesis por escribir, el stress de las cosas pendientes, una manera de dizque distraer la voracidad del discreto lector es ésta:
Ale mireles, la ex jefa de Pablo Mata, según Pablo Mata.
Mario Sánchez, poeta conocido mediante mi expareja; homónimo del desconocido autor de uno de mis poemas favoritos hallado en un libro pintado por el papá de mi amiga Idunaxhíi. Chingón
Lucía Malvado (que diga, Malvido), tocaya que aún se pregunta pero que escribe como ella misma, es decir, como nadie más. La conocí vagando en el blog de Memo Vega: Ombloguismo
Ira, el blog de esta vieja es tan interesante como ella; es de los pocos blogs que he visto que se despeinan, que gritan y provocan. La conocí por Pispiration
Pispiration es buen escritor, principalmente de textos para niños, divertido, y aunque no sea su intención, formativo.
Por él conocí también a Nora. Niña Fonema sabe mirar hacia adentro, es de las más productivas que conozco y aunque cambia de parecer cada 5 minutos o cada dos posts, me cae rebien.
Sr. Montt, además de ser buen dibujante, creativo y crítico, me hace reír y por eso lo leo a diario.
Y… quién más? bueno, aunque esté tan consagrado y no necesite un lector más, este perengano por definir me hace reír a menudo.
Realmente me cuesta no recurrir a mi lista de blogroll y no repetir la lista del meme pasado, pero la verdad no leo tantos blogs y soy así en casi todo, tampoco leo demasiadas noticias y casi nunca prendo la TV, soy una negativa del mundo y siempre creo que no hay muchas cosas nuevas que me puedan mostrar o que no vale la pena estar tan informado.
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No leí el best-seller, hablo aquí de la peli. Me pareció regular porque es inverosímil que al médico pelapapas no le ocurra nada antes, entre otros resbalones de continuidad. Y no sé si sea intencional pero tal como está contada, lleva derechito al lector a compadecerse sólo del ricachón niño alemán y no por los cientos o miles de judíos que se quemaron en los hornos, cuya presencia, por cierto, anticipa la intriga de predestinación desde muy pronto. Un final irónico, sí, pero también antisemita, jeje. Por otro lado, creo que sí se refuerza la idea apenas esbozada en otras películas sobre este tema de que muchos alemanes tuvieron que ser ojetes, aún en contra de sí mismos, debido al miedo, al terror (el mismo miedo que hace que el pueblo cubano no se levante, según la mujer exiliada de Cuba que conocí hace un par meses). Mención aparte merece el casting, la música, el vestuario y parte de la ambientanción que me parecen excelentes. Además lloré durante toda la película, quizás sólo por motivos personales e indirectos. O porque recordé a los niños que en mi país les es arrebatada la magia y que no hago nada al respecto; o por el infanticidio que significa que hayan niños tragando fuego, trabajando o viviendo en la calle y mi responsabilidad como parte de la “sociedad” acerca de eso.
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Si uno pudiera tener la facultad de decidir lo que guarda en la memoria, otro gallo nos cantaría. Con frecuencia sucede que la gente vive amarga porque no puede desechar un mal recuerdo; otras veces, algo que no se quisiera olvidar, joyas de la memoria, se desvanecen frente a un evento traumático. Según el arte retórica, existen por lo menos dos tipos de memoria, la natural, que es la que funciona libre y espontáneamente y la artificial, que es la que uno estimula y trabaja para mantener mediante ejercicios y asociaciones deliberadas. En nuestra educación escolar tradicional se nos motiva a usar la segunda y así aprender todo; sin embargo, ya quisiéramos tener el mismo control con nuestra memoria natural. He conocido personas que han olvidado elementos de su profesión de un día para otro y personas que olvidaron un capítulo de su vida, su adolescencia, por ejemplo, como si los hubieran formateado, se les borró todo. Qué terror debe ser no recordar quién fuiste durante cierto tiempo o la imposibilidad de recordar hacia donde te diriges. Ocurre que hay otro tipo de memoria que te distancia del presente, aquella que le hace jugarretas a una persona que divaga en sus recuerdos y hasta los modifica, haciéndolos más brillantes cada vez y así “los recuerdos son mentiras”. La memoria artificial pues, puede controlarse con recursos mnemotécnicos como la repetición, la asociación, la agrupación, etcétera, pero la memoria natural, personal íntima ¿cómo se controla?.

Este es uno de los temas que se debaten en Eternal Sunshine of the spotless mind, donde se dibuja la posibilidad no de elegir qué recordar, pero sí qué borrar. Son interesantes los límites morales a los que lleva tal decisión, pues al decidir borrar de la memoria a una persona, se suprime todo el trato con ella y su entorno, pudiendo llegar a hacerle daño por no recordarla. Otro tema es el libre albedrío y la pregunta de si el ser humano tiene la capacidad de no volver sobre sus errores y vivir condenado a repetirse gracias a las relaciones de codependencia con otras personas. Siempre me pareció que Jim Carrey es mejor como actor de drama. Y es la primera vez que le creo un personaje a Kate Winslet. El tiempo de la narración es deliberadamente “desordenado”; no sigue una línea recta sino que comienza en el final y luego regresa al medio, pero durante la narración surgen muchas analepsis a manera de reflejar los episodios o spots de memoria desconectada, sin eslabones claros sobre la relación erótica-amorosa de ambos protagonistas. Ello también es una metáfora de cómo al término de una relación, los implicados tratan de revisar en el pasado qué fue lo que falló y no encuentran una secuencia lógica de hechos, sino que todo está siempre mezclado con los afectos y pasiones de uno y otro y la historia de la relación parece difusa, desconectada, como si en realidad no se conocieran tanto y quedaran frente al otro casi como desconocidos. Y para volver a construir una relación con la misma persona o con otra, ¿cómo elegir los recuerdos que hay que conservar? ¿qué hay que olvidar? Si se olvida todo, se pierden experiencias y si se recuerda todo será difícil tener esperanza en la relación. ¿Tenemos la capacidad de decidir qué, cómo y cuándo recordar? ¿Por qué a veces recordamos a largo plazo pero no a corto plazo? ¿Por qué confundo datos que he leido con otros que he escuchado en una conversación o con algo que oí en la TV? ¿Por qué a veces en mis sueños tengo recuerdos y por qué a veces recuerdo lugares que sólo conocí en sueños? Son preguntas que me obsesionan un poco, por eso me gustó esta película, además de ser otra película romántica pero no tan tonta. Y bueno, ya sabemos, quién es el director, nada menos que Michel Gondry (no confundir con el gordito Michael Moore, con quien yo siempre lo confundo), cuyo trabajo fílmico habla por sí mismo, dirigió videos de Bjök (“Human Behaviour”, “Army of Me”, “Isobel”, “Hyperballad”, “Jóga”, “Bachelorette”), Chemical Brothers y Massive Atack y realizó la ensoñadora película sobre los debrayes de Oniris, titulada, The Science of Sleep . Buena ambientación, excelente plástica, etcétera, etcétera, y ya me voy porque si no, no termino.
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Cuando llegué a vivir al DF no saludaba a nadie con un beso en la mejilla; no entendía esa compulsión convencional capitalina de besarse en el cachete cada vez que se encontraban y despedían. De niña sólo besaba así a mi madre al irme y llegar de la escuela pero ¡era mi madre! Cuando mi familia de la ciudad llegaba a mi pueblo, la saludaba una vez y no volvía a besarla hasta que se retiraba, varios días después. Pero así el beso se justificaba porque o había mucho cariño o los había dejado de ver en mucho tiempo. En cambio en la Facultad de Ciencias Políticas veía a varias docenas de compas todos los días y sólo eran eso, compas, porque sólo hice un par de amigos íntimos, así que ¿para qué besarlos en la mejilla? Me parecía que me miraban como la mamona que nunca saluda o cómo la provincianita rara que no sabe saludar en la mejilla. Y cualquier cosa que me imaginara que pensaran me valía madre, yo no iba a saludar de beso a quien no fuera cercano a mi. Y tampoco esperaba que lo hicieran conmigo. Lo malo es que si no besas, te dan la mano y eso sí que me parecía más artificial y acartonado aún, además de que a veces te expones a unos apretones terribles sólo para que ellos puedan mostrar su machinez. Esa racha le tocó incluso a un novio capitalino, quien no entendía cómo no lo saludaba de beso cuando llegaba a su casa. Después, en mis tiempos uameros, gracias a Pablo y su popularidad tuve que ir cediendo y saludar a casi todos sus/nuestros amigos, pero me costó meses de resistir miradas de otredad (me sentía como la barbarie de los griegos, que detestaban a cuanta cultura extranjera no tuviera sus costumbres y no hablara su idioma, ja!). Pero a mí los raros me parecían ellos. Luego, esa marchita manera de dar la mano sin elementos adicionales como tretas o chocarlas, pero a eso también tuve que entrarle, sobre todo cuando trabajé como profesora porque me di cuenta que entre profes es una manera establecida de acercarse.

Ahora ya me he domesticado, ya beso en la mejilla y aprieto la mano según el contexto, pero sigue sin gustarme del todo. Aún en estos tiempos, con algunos semejantes el beso de saludo para mí es un trámite: cuando no es una persona cercana estoy muy lejos de sentirlo; lo hago casi en automático, como todo el mundo. Y cuando se trata de alguien más cercano, me siento hipócrita porque en realidad espero algo más; pero en fin, son convenciones sociales aceptadas por todos, inventaré desde ahora más formas para saludar a mi gente querida, para que haya con ellos una diferencia entre mis trámites de mejilla con la gente que me presentan en un contexto accidental o de intereses. Digo todas las personas importan, debería tratarlas igual; tal vez sólo estoy justificando mi timidez o mi exclusivismo; o tal vez, soy medio salvaje; medio pueblerina y aún no estoy lista para ciertos refinamientos y articicios, je, je, je. O en el fondo sólo soy como un gatito asustado que se busca escondite cada vez que llega a casa un desconocido. Al final prefiero los abrazos, las miradas, los besos mojados y las buenas sonrisas.

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Aquí sale lo que está vivo en mí. Ixhuatán es esencia y placer; la unión con todo aquello que me configura desde la infancia y al mismo tiempo la experiencia de mi estado de separación; estoy aquí como recién expulsada del útero. Miro el brillo del exterior y también siento una cierta nostalgia de espacios internos dentro del aire mareado que circula entre mis pulmones y mi cerebro. Nunca dejo de sentirme otra, pero en este sitio me siento parte de la tierra y ajena a los hombres. Y la escritura se vuelve irrelevante aquí; cuando pueda escribir al ritmo en que vivo, seré realmente una escritora, mientras tanto, aquí me demuestro que me importa mucho más saborear que hacer saborear. Alguna vez podré describir mi pueblo, alguna vez las palabras serán la imagen y alguna vez transmitiré el monstruo de vida que hay dentro y afuera de mis ojos.
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No tengo muchos lugares a donde ir, a pesar de las infinitas posibilidades. Esa es la historia de mis apetitos, que no solo se refleja en mi exigua exploración por la red, sino en dos sueños recurrentes de hace varios años.
Uno se trata de entrar algo deprisa a una plaza comercial gigantesca, que no es ninguna que haya visto jamás, sino todas las que he visto al mismo tiempo; muy “de avanzada”; muy extraña a mis ojos. Al parecer cuando entro tengo claro lo que voy a comprar pero no aparece en mi cabeza como concepto, sólo sé que entré por un motivo; luego comienzo buscar y a darme cuenta que lo que esculco no me apetece; nada me convence o estoy en la sección equivocada. Pero no se dónde está lo que sí busco, pues no me acuerdo qué es; después de unos minutos me invade una sensación muy incómoda, como de estar perdiendo el tiempo y no encontrar lo que quiero; no parece estar en ningún lugar ni sección de la tienda -por muy atractivos y novedosos que sean los productos- y tampoco recuerdo ya qué busco, la cosa se va complicando más y nunca recuerdo en qué termina el sueño, pero nunca compro nada. A veces estos sueños son futuristas, (ja, perdón por el uso tan incorrecto del término -he soñado tecnologías de tiendas que no había visto y por ejemplo convertirse al cine Plaza de la colonia Condesa en un bar de onda-) y otros casi arqueológicos (en ruinas arquitectónicas, por ejemplo). Lo que siempre me ha parecido más relevante de todos mis sueños (como a Hiriart, en La Naturaleza de los sueños -aunque antes de leerlo ya lo sentía así-) es el sabor y el color (es decir, sensaciones) que experimento dentro de él.
El otro sueño también se trata de la sensación de no recordar algo; esta vez no olvido qué necesito comprar, sino a dónde voy: Estoy a punto de abordar o bajándome de cualquier transporte público (en una gran metrópoli que bien podría ser el DF, pero no lo es y sí lo es): metro, pesero, bus, tren ligero, trolebús, taxi, puente peatonale, subo o bajo escaleras, en grandes avenidas-no recuerdo calles chicas-, muchísimas veces caminando a gran velocidad, etcétera. En todas esas circunstancias en algún momento me doy cuenta que me equivoqué de ruta y que no estoy yendo a donde quería ir en un principio; no tengo claro a donde quería ir pero sé que no estoy yendo a ese punto y siempre hay una sensación de estarme alejando del centro; siempre muy al sur o muy al norte;siempre buscando; siempre con ansias, pero sin llegar. Veo cosas que recuerdo, lugares que ya he conocido y me pregunto “¿será por aquí?”, pero me pierdo más. Pero en realidad nunca me pierdo, ni siquiera en el sueño de las tiendas; no es una sensación de estar perdida, sino de haberme equivocado de dirección;de estar lejos de donde quiero estar siempre sé dónde virar para regresar o cómo dirigirme a otro punto; el conocimiento lo tengo, sólo parece que he olvidado qué quiero comprar y a dónde quiero llegar.
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¡Quiero escucharme por los menos dos respuestas! Esta es una etapa de las más nubladas. Si en mi ocurre ese principio budista y tengo la misma capacidad de repuntar como de bajar, estoy en el camino indicado; que venga más confusión. Espero con todo el corazón que un día cercano el péndulo se detenga o por lo menos pierda fuerza. No afirmo la duda, sino que pido por la claridad.
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¿Se acuerdan del mito ese de que éramos andróginos hasta que por castigo divino nos partieron a la mitad? Y desde entonces vagamos interminablemente en busca de nuestra otra mitad…
Pero no sé en qué momento uno le empieza a poner requisitos a esa otra mitad. Quizá sea por la falsa imagen de grandilocuencia que tenemos de nosotros mismos “ah, pero es que yo soy grande y hermos@, yo me merezco algo de mi tamaño” y así preferimos seguir con el drama del divino narciso.
Nos partieron…
*”Porque apartar dos almas que son amigas es partir a cada una por la mitad.”
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Siempre he creído que el capitalismo es una bestia que no se llena, totalmente injusto e irracional. Y que, desgraciadamente en este sistema que cada día entrona con acrecencia el consumismo, los que más consumen son los que menos tienen. Me doy cuenta de las cosas en las que las personas gastan gracias a la TV y me da entre tristeza y vergüenza; ver en la calle cómo muchos visten igual y se van quedando sin gusto propio; la moda por ejemplo en Madrid y Ámsterdam es igual que la que veo aquí, que ni siquiera está sacada de las tendencias de pasarelas europeas, sino de premiaciones y programas de revista hollywoodenses; fue decepcionante constatar como en el Primer Mundo están igual de atontados (entre otros atontamientos) por una moda que viene del consumismo y la cultura gringos (¿o soy pleonástica al separar los conceptos consumismo y cultura gringos?). Insisto en que hay más víctimas entre la gente de menores recursos, porque son quienes están menos armados ideológicamente para defenderse de tal embestida, además de que quienes cagan lana no pueden ser víctimas pues el consumo no los sangra; pero a la gente que poco tiene le cuesta varias quincenas de crédito o de deudas, tan sólo por estar actualizados y pertenecer; por dejar de sentirse despreciado al no usar marcas ruidosas. También la gente más pobre es la que consume más comida chatarra, y me parece que responde a los mismos mecanismos de pertenencia, pues ya no se siente bien si no gasta, tirar dinero a la basura les hace sentir poderosas.
Y no se cuándo empezó este encanto por el refresco o la soda en este país pero ¡somos el número uno! En una época parecía que la respuesta era económica que porque el refresco embotellado era más barato y contenía azúcares y calorías que podían sustituir un desayuno, pero ahora que también el refresco es caro, no sé qué respuesta hay. Anoche vi a un parroquiano de la tiendita de la esquina comprar un rollo de papel sanitario, pero eso sí, un refresco de 600 ml. una bolsita de cacahuates y un paquete de chicles Tradent (sic), a mí qué me importa y qué me tengo que meter en eso, pero cómo diablos alguien invierte en un solo rollo de papel sanitario que cuesta cuatro pesos para comprarse chucherías que cuestan más que eso. Y en esa tiendita la mayoría de las personas compra en cantidades pequeñas lo que va a consumir ese día o lo de cada noche. En fin, a todo esto llego porque…
(Aquí es donde realmente empieza el post, ja, siempre quiero hablar de todo y no agoto nada, estos escritos son aburridos)
Me parece una mentada de madre lo que hace Tía Rosa, Coca Cola, Sabritas y demás marcas que no recuerdo ahora: Que todavía que se enriquecen con sus ventas se quieran burlar de uno ofreciendo promociones tan estúpidas como incluir “un juguete” o un artículo “de decoración” para el hogar en la compra de sus productos lacras. Ahora que me cambié de casa, en la barrida encontré un imán para el refrigerador que me costó descifrar por horrendo, tiene pegado un plástico café en forma de “doraditas” de Tía Rosa. ¡Cómo es posible que Tía Rosa crea que eso es estético! y peor aún, creer o provocar que la gente lo haga tan parte de su cultura como para dar de brincos por encontrarse aquéllo dentro de un pan Tía Rosa y pegarlo al refrigerador para verlo todos los días; ¡es una mentada de madre no sólo al consumidor, sino al planeta!, lo único que hacen es generar más basura. Lo mismo pasa con la colección navideña de Coca Cola y las figuritas de plástico o calcomanías metálicas de Sabritas (como si no fuera ya suficiente que traen “envase metálico no degradable para su mejor conservación “crunchy”). Y lo dice alguien cuya única soda disfrutable es la Coca Cola, pero bueeeno, yo sólo la tomo cuando me la invitan. : )
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Ahora siento esta sensación como nueva, aunque sea de las más antiguas que laten suave. No es grato, no es cómodo sentir que no encuentro un espacio que sea mío. A lo largo de mi vida en la capital he luchado por apropiarme del espacio y que éste se apropie de mis sentidos, del espacio que encuentro entre ver algo y estar en ese algo, entre el objeto y yo misma. A veces lo he logrado y ya tengo poder sobre varias zonas de la ciudad. Esta apropiación es poder no sólo de movimiento y acción, sino de sentirlo. A pesar de que me gustan los cambios y siempre he pensado que suelen ser sanos e ineludibles, este Cambio se ha vuelto una desapropiación de lo que ya creía construido respecto a mi espacio (o espacio interior); es decir, no es que tenga que estar apegada a un espacio de ciertas características, sino que debo llevar mi espacio a todos los espacios posibles, sea Ixhuatán, la casa con Pablo, la sierra oaxaqueña o la recurrente colonia Roma. Y ese espacio mío significa sentirme libre y segura. Sin embargo, estos días me he dado cuenta que no estaba dando cabida ya al extrañamiento y el cambio es justamente eso; al cambiar de casa mi espacio se vio vulnerado y no se bien a bien si por los espacios externos, es decir, por las impresiones nuevas o porque en realidad mi espacio interior no se ha construido aún. El caso es que no me siento ‘yo’ donde estaba y tampoco en esta neo-casa, que además es un espacio viejo pero lo miro con ojos nuevos y lo siento desde un espacio interior que pendula todo el tiempo; aquel mi espacio interior, ese que separaba lo que ve de lo que está y de lo que es, ahora es una torre de Babel, alberga diversas lenguas que no logran ser decoficacadas ni se intersectan. Estoy pues, en la más pura confusión. Todo parece el caos, el mero principio de todo, y puede verse como alentador pero también es una cuesta empinada; parece una posición privilegiada, pero antes de la Creación todo es Tinieblas. Y no se sabe cuánto tiempo dure. Tengo que hacer un esfuerzo estratosférico para no pensar.
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Me gusta:
1. La hora de la puesta, en el lugar y a la hora que sea aunque estuviese nublado (en el otoño en ciertos sitios el sol se mete a las cuatro de la tarde y es una experiencia loquísima). Pero si puedo ver el horizonte desvistiéndose del rojo y colocándose el traje azul, mejor.
2. La coca cola bien helodia (que queme mi garganta, me haga eructar y me de calorías al medio día).
3. El viento en todas sus velocidades y temperaturas.
4. Aguachil
5. El silencio interior
6. Los árboles, mientras más grandes más bonitos y mirarlos desde abajo y escuchar su baile.
7. (Como me gusta más que el seis, el siete, pondré ese número de cosas): Mi familia
No me gusta:
1. Que me tomo todo en serio.
2. Cuando finjo la voz más aguda de lo que es por quién sabe qué extrañas necesidades.
3. Esa terca tendencia a comer tan poco, a la inapetencia.
4. La intolerancia del otro y la mía.
5. La contaminación y el desperdicio.
6. Mi importancia personal
7. Sentir miedo
Invito a quienes tengo curiosidad de saber de sus vidas aunque, por su escritura, los conozco ya. Si les parece inoportuno, ridículo, banal, o simplemente les disgusta, omítanme y ya está.
1. Ágata Trementina http://www.marsinmaresia.blogspot.com/
2. Anasella http://ojerazul.blogspot.com/
3. Dr. X http://darkparticle.blogspot.com/
4. Andrei paisano http://andreibloguea.wordpress.com/
5. Mario http://inlunacion.blogspot.com/
6. Tocaya Malvido http://deaeropuertosyotrosduelos.blogspot.com/
7. Padre putativo de Rebeca http://pezrojo.hi5.com
*Encuentro un poco ingenua la gestión del meme, pues hay que tener la confianza de que el otro escribirá con el corazón en la mano y no con su ego de escritor. Es difícil no darle rienda suelta al divo que todos llevamos dentro y saber que no tiene importancia sino lo genuino. Además a quién carajo le importa qué me gusta y qué no, nadie parará su vida por leer mis gustitos y desagrados nimios. Y es ingenua la esperanza de que una lista abarque el sí mismo. Pero igual puede ser sólo un juego y agradezco la generosa invitación de Pablo Mata.
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Hoy odié Madrid y su comida fea y cara. Por 9 euros comí una paella y unas albóndigas que apenas (o a penas) probé, horrendas, además respiré el humo de unos 5 cigarros en un restorancito de 4 mesas. La zona que antes me había parecido interesante, histórica y multicultural (hay por aquí mucho negro, indio, mexicano y hasta gachupines, por qué no) se volvió sucia, maloliente, desordenada, ruidosa, fría. Pero todo sucedió porque antes había salido bien chingona a las 12 del día con sólo un café expresso en la barriga y después de 3 cuadras (¿se fijaron cómo todo es numérico en este post? Creo que ando calcule y calcule los tiempos, los dineros, las fuerzas, las ganas y las aventuras) de caminata terminé mareadísima y con náusea, así que tuve que regresar a casa (este simpático piso de Lavapiés de seres maravillosos que me hospedan) a recobrar energía. Después de cuatro horas decidí salir urgentemente a comer porque el malestar disminuyó sólo un poco y sospeché que la cosa podía tener que ver con que mi estomaguito estaba medio vacío. Después de empacarme el arroz dizque paella y la coca de 2 euros sentí que era suficiente pero sobre todo que era urgente salir de ese sitio, pues me estaba mal-viajando. En diez minutos caminé unas doce cuadras a una velocidad inusitada para alguien que acaba de empacharse, pero la necesidad de salir de ese restorán, de esa colonia, de esas calles y luego hasta de Madrid y de España (hubiera cruzado el Atlántico de ser posible) era más grande que una panza llena.
Llegué no sé cómo, por pura suerte, a la Plaza Murillo entre el Museo del Prado y el Jardín botánico, pero yo no sabía a donde había llegado (aunque intuitivamente iba hacia un lugar donde estar a gusto) así que, después de medio tranquilizarme, miré el libro guía de la ciudad, abrí descuidadamente y lo único que leí fue el nombre de una calle llamada “Amor de Dios”dije ¡qué tal la sintonía!, Nora tiene un Dios DJ y yo tengo uno que es guía de turistas. Como el hecho me dio risa, a partir de allí la tarde cambió, me mudé a una banca a la que le pegaba el sol suave de las 5 de la tarde y apañé. Después decidí que caminaría hasta donde mi cuerpo aguantara, a ver si conocía algo de lo interesante de la ciudad. Siguiente semáforo y ya estaba en la mítica fuente de la Cibeles, otro semáforo y estaba en la Puerta de Alcalá y un semáforo y medio más y estaba en la Plaza de América y en la Biblioteca Nacional, a donde he de dirigirme todos estos días restantes en Madrid y cuya dirección no tuve que buscar y además no tendré que gastar en pasaje pues está muy cerca ¡cómo es que sucedió que Linda apareció para darme un amoroso hospedaje y además en Lavapiés!, que resulta es el meritito centro de Madrid, donde está toda la movida. Después, a las 7 de la noche, exactamente tres horas después, ya no odié tanto Madrid, sino esa pinche actitud que me suele ennegrecer el panorama y todo por 1) no haber comido y 2) por elegir entre la desesperación de la rapidez -es decir, sin tomarme el placer del apetito- una fonda equivocada.
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Me levanté a las 9 am y fui a la universidad después de desayunar unas “tostadas” con mermelada, café y te.
Estuve todo el día en biblioteca. Cuando salí fui a un restorán a comer el menú del día.
Por la tarde pasée por el parque y caminé hasta que anocheció.
Para quien sea esto puede ser monótono pero para mí es inusual porque no todos los días estoy en Sevilla.
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Nunca como ahora me había sentido más lejos de comprender el sentimiento de otredad (no es que no lo sienta, no lo comprendo). Hay varias posibilidades. Que la otredá exista; que la O. no exista; que la O. sea el Otro; que la Otredad sea el sentimiento sobre el otro; que no haya Otredad porque no haya otro. (ja, estoy guicheando). Pero si no hay otredad porque no hay otro, a qué le llamamos otredad (aparentemente esto no tiene sentido pero sí lo tiene, cheque bien, je)
Siempre supe que yo no me querría operar algo para verme como Otro. Mi nariz es de mi bisabuelo, mis cejas, piernas y nalgas, de mi padre, mis manos de mi abuelito Yeyo, mi voz, humor y nerviosismo de mi madre, y mi anhelo de Ser, de mi abuela Lucha, cuyos antecedentes son filipinos-oaxaqueños. Todo ello me configura.
De camino por el Viejo Mundo (y caduco, dice mi amigo Humbertico), específicamente por Holanda y España me he encontrado con gente variada local y de paso como yo. Antenoche en una cantina tradicional de Sevilla, acompañada de Tomoko -japonesa- conocí a un par de madrileños que enseguida supieron que yo no tenía que ver con Tokio pero tampoco, según ellos, con México, sino que “tienes más de filipina”. Pensé “qué cabrones son estos cabrones que tuvieron la suerte de que sus abuelitos definieran las mezclas entre varias otredades”. Y qué pinches somos todos que desde la Antigüedad (otra vez me refiero a Occidente) hasta hoy comenzamos a entrar en contacto con Otros a partir de la fisonomía; es nuestra primera experiencia del Otro y es justo por eso que es un Otro, por la apariencia. Los peninsulares tuvieron el placer de occidentalizarnos sin que pudieramos elegir y, sin embargo, seguimos siendo Otros ante ellos y ellos son Otros ante nosotros. (el nivel de mi guichera va subiendo)
Pero al final, después de pasar la barrera del aspecto y de la lengua (independientemente de que dicho aspecto guste o no) lo que queda son personas solas, vulnerables al placer y al dolor y sobre todo inmensamente necesitados del otro. (ya casi llego a la frecuencia currrsi)
Más allá de las grandezas arquitectónicas y/o culturales que uno pueda admirar; más allá del enfrentamiento a circunstancias del todo nuevas; de la percepción de espacios y tiempo enrarecidos, en un viaje, una de las experiencias fundamentales es la relación con el Otro. Si uno no roza eso se queda pobre. De viaje esa sensación se hace más aguda, pero aún en el sitio de siempre, en los ámbitos cotidianos, lo más enriquecedor es la relación con el Otro (con minúscula o mayúscula) independientemente de nuestra profunda soledad o justamente por ella, para evadirla un poco. Y esto me hace recordar (aguas, porque ahora sí me voy a poner melosa) la enseñanza cristiana de amar al prójimo, pues no hay mayor vida que ver a través de los ojos del otro, sentir por el otro. Por eso algunos españoles entienden muy bien de otredades y de clasificaciones raciales, pues su historia está llena de derramamiento de sangre, pero también de mezcla. Sin embargo, todo esto yo no lo entiendo, soy un gato que se esconde apenas huele o escucha el rumor de un extraño.
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Me acuerdo del libro pero no recuerdo haber leído el libro.
Cada palabra resuena en mi cabeza como si ya supiera lo que va a decir, como si yo lo hubiera escrito. Pero al mismo tiempo no me interpela; no me toca; no entro en él porque está presente siempre esa sensación de extrañamiento. Es como si extrañara lo extraño.
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Esta canción es algo triste y como de alguien viejo y vencido. Pero tiene algo de cierto acerca del desengaño de uno mismo. Ojalá no tenga que estar a punto de morir para quedarme a solas conmigo, para ser lo que quiero.
Uno va subiendo la vida
de a cuatro los primeros escalones
tiene todas las luces encendidas
y el corazón repleto de ilusiones
Uno va quemando energías
es joven, tiene fe y está seguro
soltándole la rienda a su osadía
llegará sin retrasos el futuro
Y uno sube, sube, sube…
flotando como un globo en el espacio
los humos los confunde con las nubes
subestimando a todos los de abajo
Y uno sigue, sigue, sigue…
sumando vanaglorias y ambiciones
no sabe en realidad lo que persigue
y va de distorsión en distorsiones
Uno es un montón de etiquetas
es un escaparate, un decorado
un simple personaje de opereta
un fruto de consumo consumado
Uno es una simple herramienta
que tiran cuando ya cae en desuso
uno lo sabe pero no escarmienta
sigue aferrado a la ilusión que puso
Y uno piensa, piensa, piensa
que siempre seguirá en el candelero
que nunca ha de vaciarse su despensa
que queda mucha tinta en el tintero
Y uno sigue, sigue, sigue
cautivo de su imagen caminando
el ego desbordado no concibe
que muchos otros vengan empujando
Y uno va teniendo evidencias:
ya no recibe flores ni palmadas
rechaza que empezó su decadencia
que va por la escalera de bajada
uno alza su voz de protesta
suplica por seguir estando a bordo
y duda cuando nadie le contesta
si se ha quedado mudo o sin son sordos
Y uno baja, baja, baja…
no quiere por orgullo lamentarse
que ya no es quien baraja la baraja
ni se ha guardado un as para jugarse
Y uno baja, baja, baja…
desciende lentamente hacia el olvido
hay algo en su balance que no encaja:
lo que ha querido ser y que no ha sido
uno queda solo en la mesa
ligando su pasado amargamente
le cuesta confesar que ha sido presa
de un canto de sirenas permanente
Y uno es una isla desierta,
un dédalo en el mar, un espejismo
empieza por abrir todas las puertas
y termina a solas con sí mismo.
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No me gustó porque era seca y a mí me gustan las frutas por acuosas y frescas y por frutas. La lúcuma me pareció como un mineral o un tubérculo o una rama pero no frutal.
Pero me gustó Lima y me refrescó (y no necesariamente por el frío o los pizco sour). Aún con su cielo gris, su humedad nublada, su smog, su barroquismo, sus vendedores -acosadores- de rosas y su desmadre vial. Me gustó el puente de Barranco y las olas de la Costa Verde. Me gustaron los soles monedas, los soles barandales, los soles del crepúsculo, los sol -itarios. Y de Cusco, ni qué decir, todo el Valle Sagrado me invita a regresar. Machu Pichu es el sitio arqueológico que hasta ahora más me ha sorprendido.
Pero, sin ánimo de ofenderos, limeños, la lúcuma no me gustó.
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Nadie quiere a la gente que no se ríe. Es pesada, aburrida. Yo tengo mucho tiempo de no reírme realmente. Y me vengo a dar cuenta en Lima, después de muchos tropezones, que mi estilo para sonreír es viajar ligero. Lo malo es cuando uno se acostumbra a cargar -y lo digo en todos los sentidos posibles-. Creo que lo único a que debiéramos acostumbrarnos es al cambio, digo, no por nada es un aforismo budista: “lo único constante es el cambio”. Y yo creía que me gustaba el cambio, que incluso era toda una “aventurera”; hasta movía los muebles de la casa varias veces al año, intentaba siempre viajar a lugares que no conocía, cambiaba mis contraseñas por diversión y para retar a mi memoria y “n” número de ejemplos. Sin embargo me gustaba siempre y cuando yo (lo que sea que eso signifique) lo provocara y controlara. En realidad soy un monolito a veces; cuando me ha cambiado algo que me proporcionaba calor, comodidad y -por qué no decirlo?- amor o pasión allí sí que me han movido el tapete; y las sacudidas han llegado a ser tan fuertes que me he agrietado. Mis días desde hace algún tiempo son sin risas y llegado a la conclusión de que me tomo demasiado en serio hasta a mi misma y quiero calcular absolutamente todo (y a todos), hasta calcular cuándo voy a ser vulnerada. No hay sorpresa suave como aire que me refresque en vez de sofocarme. Yo culpo a la ciudad (Chilangotitlán of course); a mi regreso a esta ciudad, cuando ya había visto un oasis y percibido a lo lejos un olor a refugio. Ahora no me acuerdo cuál era ese refugio y lo que es peor, a veces tengo miedo de recordarlo. En fin, este cambio al que no me adapto y al que me resisto -hasta ahora- ya llegó hace un rato y yo sigo viajando con demasiado equipaje -otra vez en todos los sentidos posibles- y en vez de recordar la sonrisa, me aferro a un pasado que me pone la cara apretada y la boca hacia abajo. Quiero mirar al futuro. Dejar de tomarme en serio y abandonarme a la risa loca de la incertidumbre inocente. Que Dios se apiade de mi y voltee mis ojos hacia dentro amorosamente.
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Hay una opción de wordpress que se llama “Estadísticas” donde puedo ver cuántas visitas tengo al día y cómo ha llegado la gente a mi blog; de allí me he percatado que el 90 % -o más- llega buscando información. Lo chistoso del asunto es que puedo ver qué palabras buscaban o qué conceptos y me he encontrado con esto:
-frases en inglés
-qué significa …
-flor morada
-frases de plebeyos
-leonora carrington
-flores del día de muertos
-divas.com
-juego de hablar
-altares religiosos
-frases chocantes del messenger
-escuchar rayos de Oaxaca
-cómo llega la luz
-frases bonitas para un difunto
-fichas bibliográficas de punk
-escuchar leyendo
… entre otras más
Claro, no puse las chorromilseiscientas veces que buscaron información sobre el Museo Nómada o las preguntas de estudiantes de secundaria o prepa queriendo resolver su tarea.
La verdad es que me halaga y me conmueve mucho que las personas lleguen así mediante una búsqueda insensata y sobre todo me conmueve que crean que en mi blog puedan encontrar tales respuestas; (por lo menos son conceptos lindos). Ja, si sólo tuviera una respuesta para mí misma, quizá no seguiría haciendo “ruido” con la escritura.
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Hoy se cumple un año de blog luciferoso. Gracias por todas sus lecturas y visitas. Sobreviví y espero seguirle dando vuelo a la hilacha por un tiempo más, no prometo nada, pero deseo escribir cada vez con mayor soltura, menores intervalos y más concisión porque ah, jijo, cómo me suelo extender como si se tratara de un papiro, cando estamos en plena posmodernidá!
En fin, celebro este primer año con la sorpresa que no me cabe en la cabeza de las 3 y cacho visitas de miles de despistados buscadores. Me felicito y festejo locamente por no haberme vuelto una cara diva ni haya masturbado mi ego en todo este tiempo (ups, creo que con lo que cabo de decir ya caí en la trampa y me puse tras un aparador finísimo que vende ”humildad”, ¿estaré ya ebria del fiestón loco y los tragos?)
Que esto que el otro… ¡Salud!
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