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Clases en ese intento de institución de nivel superior para el que trabajo “de cuyo nombre no quiero acordarme”.

1) Un día, al finalizar la explicación saussuriana de la doble articulación de la lengua, mi alumnito…
Aníbal: (Tono recriminativo) Profesora, usted debió haber sido una letra. Me cae.
Maestra Luci: Y entonces, ¿sería parte del significado o del significante ¿y en qué sentido?
Aníbal: Sin comentarios.

—-
2) Otro día a media argumentación en la clase, diálogo con el mismo alumno:

Maestra Luci: El corrector ortográfico y gramatical de Word es muy deficiente, bla, bla, bla. Deben aprender la ortografía de la época o tendrán mala imagen hasta en los mensajes de texto de celular, bla, bla, bla.
Alumno Aníbal: ¿Por ejemplo, maestra?
M. Luci: El otro día me enviaron un mensaje con la palabra ‘escepción’.
A. Aníbal: Uy, maestra, lo debe haber puesto como chancla, a su galán, ya me imagino, pobre cuate.
M. Luci: (casi sonrojada) ¿Mi galán? No, claro que no. No andaría con nadie que no supiera escribir ‘excepción’.
A. Aníbal: Aaay (mueve la cabeza hacia los lados). Qué ruda.

Nunca me habían hecho cumplidos tan bonitos. Lo irónico es que la intención era criticarme.

Auuuuuuu…

Estoy buscando algo, lo sé, debe de ser como un vientre; como ir a dar al rincón blando, placentero, natural de donde vine; busco sin buscar; hago todo lo que me aleja de ese lugar y con ello me acerco más, sé que estoy a punto de hallar una ruta hacia allá, aparece en sueños, lo saboreo en instantes semiconcientes. Hay un sitio para mí, separado de toda lógica de toda historia de vida, hay un espacio que ahora es extraño pero es lo más cercano a mí en el Otro Tiempo; es simple llegar a esa configuración pero este nivel de submundo tiene una estructura tan laberíntica que me impide mirar lo fácil que es, corriendo sin rumbo quizá lo encontraría más fácilmente, pero ¿no estoy ya sin dirección, cuánto tiempo ha pasado desde que comencé a buscar sin buscar? A veces lo presiento como si estuviera a la vuelta de la esquina y otras se funde entre un sueño, una asociación, una idea y una historia que se inventa. Esta madrugada pude olfatearlo. Y era tan atractivo el impulso de dejarse llevar por la irracionalidad que por poco el deseo se troca, preferí olvidar la imagen mental a permitir que el miedo la despintara. Esta mañana he estado evocando segundo a segundo ese olor original, esa semilla que he de encontrar y me ha dado nostalgia no ser dueña en el presente de ese poder, ¿lo fui antes o lo seré? ¿veo el pasado o recuerdo el futuro? Algo dentro de mí, mi tuétano sabe lo que yo desconozco. Se trata de acallar lo demás y dejarlo en silencio hasta que perciba la confianza necesaria para hablar. También pueden ayudar los días y la búsqueda errática que practico hasta ahora; lo único que me aflige es que llegue tarde, que transcurra un tiempo largo sin mayores pistas y que llegue a él sólo antes de la muerte o entonces ¿de qué se trata esta vida? Han pasado décadas y yo sólo tengo pistas, lo único importante es estar allí, cómoda y feliz, no quiero morir ni vivir sin ese ambiente, no quiero desperdiciarme, sería una lástima invertir tanta energía en lo que no forma parte de esa dimensión, sería un desgaste inútil, como tantos otros, como tantas vidas grises que se emplastan se endurecen y se vuelven un objeto, masa, metal, plástico, sonido hueco. Yo quiero un arrullo eufónico, yo tengo uno, lo he adivinado divisado, atisbado varias veces, mi libertad consiste en encontrarlo, la tranquilidad se hará cuando ese sonido, ese espacio, ese sabor, esa presencia, ese color de conciencia aparezca.

Nublado frío

A mí los días nublados me vaticinan buen tiempo, no afuera, sino dentro. Y si hace fuerte viento todavía mejor. En eso soy totalmente individual y me separo de la convención del significante y significado de los días parduzcos. El frío aire me viene bien porque me despabila, me refresca no sólo el rostro, sino la entraña, me despeina, me recuerda mi estado natural original, me vuelve una especie de hoja suelta. Luego, viene el color del ambiente, percibir eso no lo cambio por nada, el tono que toman los objetos, los árboles, las personas me trae suspiros que atraen hondonadas de presencia de lo real maravilloso, múltiples puertas (o-port uninades) que conducen al camino que quiera y siempre me decido por vivir el extrañamiento; llegar al estado de desconocimiento de todo lo conocido, volverme una pequeña observadora asombrada que aspira inmensidad. Los días nublados con viento frío me vuelven la ciudad más liviana, como la que veía cuando era niña. Venía al DF en verano, es decir, en temporada de lluvias y para mí el DF era eso, una ciudad nublada y fría, así que cuando vuelve a estar nublado en esta vida “adulta”, me torno niña.

Tres (M-JP-L)

Hoy lo más apremiante, lo único que se salva dentro de la densa y estupidizante marea entre el sueño y las percepciones laterales es la necesidad de CREER. Me ha dado frío y debajo de mi piel siento venas vaciarse de calor, confieso que este temor es más grande que todas las falsas imágenes de mi misma; me rebasa, aniquila mi energía; me coloca en mi real dimensión de nimiedad y me calla. Necesito precisamente por ello afirmar la vida, tomar el último centímetro cúbico de aire y devolverlo al espacio en forma de beso, de la angustia hacer agua de sonrisa; del temor, deseo; de la oscuridad, luz. Sublimar, no a la Freud, sino emocionalmente; repuntar antes de la caída como un corequenque, me toca ser artista de las apariciones, inventar la dicha, olvidarme de un ‘yo’ y concentrarme en ustedes, seres vitales excelsos, saben amar, quiero estar cerca y dar lo que haya.  La vela está prendida.

El fin de semana pasado estuve en Oacaxa city, entre otros sitios en uno llamado El tamarindo, una especie de bar de precopeo, según Claudia Magaña. En las puertas había carteles con todo tipo de actividades, el más grande, en naranja y blanco, llamó mi atención porque anunciaba tres toquines de Tlalok Guerrero y yo conocí a un Tlalok en el bachillerato que cantaba y tocaba la guitarra, sólo que no estaba segura de su apellido.  Me acerqué para mirar la foto y maliciosamente comenté a mi acompañante que sí era mi compañero y que ya se veía algo ‘ñor. Sé que lo dije con la saña que puede tener alguien que está enojado porque sus pocos conocidos estimados de la prepa desaparecieron y enojado con la idea de que la gente se case y entre a las estructuras de conducta y modus videndi de la media. Pensé en eso en Tlalok y me dio coraje verlo llenito porque cuando lo conocí era si bien robusto nunca gordito y también me enojó que desapareciera (y también pensar que ya no era el tipo necio, libre, con ganas de prender), pues tengo pocos vínculos con gente de mi edad en el Istmo. Después me arrepentí del comentario y vi las fechas en las que tocaría en Santo Domingo y en el Tamarindo: tocaba dos días antes de mi estancia en Oaxaca y tocaría un día después de que yo saliera, así que no era el momento de escucharle. Hace poco más de un mes, había preguntado a Belem qué se había hecho de él porque fuimos a un lugar en DF que los viernes tiene música en vivo, tlayudas, mezcal y garnachas, pertenece por supuesto a un grupo de istmeños (Xquenda Binni záa Centro cultural). Todo ese ambiente me hizo recordar a Tlalok y preguntar por él. Belem mencionó que era el mismo de siempre y que andaba tocando aquí y allá.  Hoy recibí este mensaje por correo electrónico y lo paso al costo, para quien también lo conozca. Gustos musicales aparte, Tlalok vale como persona y un chingo. Ahora sé que aunque estaba anunciado en Oaxaca para hace unos días, no lo habría podido oír tocar.

From: gubidxa7@hotmail.com
Subject: Dos regalos de Tlalok: Te perdono y La Cruz de Ixtaltepec
Date: Sat, 7 Feb 2009 02:59:19 +0000
Hermanos:
 Hace poco anuncié que Tlalok salió del coma, después de 9 días en esa situación. Los dos primeros días, asentía y negaba con la cabeza. Pero ayer jueves 5 de febrero finalmente pudo hablar. Habla despacito, con una voz medio ronca, parecida  a la de José José, jaja.
    Estuve con él de 5 a 6:30 de la tarde. Le di de comer su primera comida en casi dos semanas. Pollo con arroz. Le volví a enviar saludos de todos. No podía cree que tanta gente hubiera preguntado por su salud. Me dijo: “Dale a todos las gracias de mi parte. No pensé que tanta gente me quisiera. Diles que seré una nueva persona, que estoy agradecido con Dios por la lección que me ha dado”. ¿Saben qué más me contó?: “Gubidxa, haré un disco. Se llamará Saa Guendaxheela y cantaré varias canciones de César López. Ya pensé en las letras, las canté entre sueños…”
    Tlalok pues, dormido, con el cuerpo tendido en una cama de hospital, no deja de pensar en su música; en nuestra música. Me pidió escribirles nuevamente y agradecerles. Dijo que cuando esté mejor les agradeceré personalmente cada una de sus atenciones y rezos. 
Por cierto. Les envío dos canciones de él*. Una se llama “Te perdono” grabada en estudio hace como 8 años y casi desconocida. Apereció en un disco colectivo llamado Amigos del Sagrario, en apoyo a una noble causa. La otra “La Cruz de Ixtaltepec”, grabada en vivo hace poco más de un mes, en Juchitán, en otro evento altruista durante la presentación de la Primera Campaña por la Memoria Histórica. 
    Para quienes hayan escuchado su música y sepan poco de él les cuento: Tiene 28 años (nació un 20 de novoviembre). Se llama Tlalok Guerrero Luis (su nombre se escribe con “k”, no por querer parecer original, sino porque así fue registrado, ya que en el Alfabeto Práctico Nauatl no existen la “c” la “h”, la “z”, etc.). Es de Juchitán. Los primeros instrumentos que aprendió a tocar fueron la flauta de carrizo -tradicional en los pueblos zapotecas- el tambor y el caparazón de tortuga. Toca también la kena, y la guitarra. Las primeras canciones aprendidas fueron en zapoteco, y aunque ha viajado mucho, siempre regresa a su pueblo. En fin. Los dejo con las canciones y las buenas noticias.

Saludos y gracias nuevamente.

Gubidxa 

PD: Si pueden, compartan las buenas noticias.

*Creo que Gubidxa quiso decir aquí canciones cantadas por él. Pues al menos “Te perdono” pertenece a Noel Nicola.

Hoy recuperé la inversión del espejo; el mundo al revés cobró forma gracias a una infección en los ojos. Me disponía a aplicarme terramicina en los párpados cuando un salto de Rebeca me hizo verla en el fondo de la imagen brincando a mi maleta. Su curiosidad aventó mi vista hacia la profundidad de campo en la imagen en el espejo y volverme un cuarto enrarecido, diferente, como si nunca lo hubiera mirado invertido, fue buenísimo romper mi esquema de recámara y meterme en ese viaje de descubrimientos que puede ser mirar el mundo como si lo acabara de conocer. Quizá también ayudó el traguito de mezcal que había apurado para calentar mi pecho congestionado.

2009

El estado bloggero de la cascabelera, a inicios de año, está así:

Llega a 5 mil visitas exactamente el 1 de enero.

Advierte que cuenta con otros cinco lectores además de Pispiration, jeje.

Niña fonema hace una simpática invitación a escribir un meme, lo cual ha sido un honor, sobre todo por leer que me lee. Aunque ya había hecho uno parecido hace “N” días, no declinaré este otro. Además, la idea de Nora de que andamos reteocupados entre el fin y el inicio de años, las tesis por escribir, el stress de las cosas pendientes, una manera de dizque distraer la voracidad del discreto lector es ésta:

Ale mireles, la ex jefa de Pablo Mata, según Pablo Mata.

Mario Sánchez, poeta conocido mediante mi expareja; homónimo del desconocido autor de uno de mis poemas favoritos hallado en un libro pintado por el papá de mi amiga Idunaxhíi. Chingón

Lucía Malvado  (que diga, Malvido), tocaya que aún se pregunta pero que escribe como ella misma, es decir, como nadie más. La conocí vagando en el blog de Memo Vega:  Ombloguismo

Ira, el blog de esta vieja es tan interesante como ella; es de los pocos blogs que he visto que se despeinan, que gritan y provocan. La conocí por Pispiration

Pispiration es buen escritor, principalmente de textos para niños, divertido, y aunque no sea su intención, formativo.

Por él conocí también a Nora. Niña Fonema sabe mirar hacia adentro, es de las más productivas que conozco y aunque cambia de parecer cada 5 minutos o cada dos posts, me cae rebien.

Sr. Montt, además de ser buen dibujante, creativo y crítico,  me hace reír y por eso lo leo a diario.

Y… quién más? bueno, aunque esté tan consagrado y no necesite un lector más, este perengano por definir me hace reír a menudo.

Realmente me cuesta no recurrir a mi lista de blogroll y no repetir la lista del meme pasado, pero la verdad no leo tantos blogs y soy así en casi todo, tampoco leo demasiadas noticias y casi nunca prendo la TV, soy una negativa del mundo y siempre creo que no hay muchas cosas nuevas que me puedan mostrar o que no vale la pena estar tan informado.

No leí el best-seller, hablo aquí de la peli. Me pareció regular porque es inverosímil que al médico pelapapas no le ocurra nada antes, entre otros resbalones de continuidad. Y no sé si sea intencional pero tal como está contada, lleva derechito al lector a compadecerse sólo del ricachón niño alemán y no por los cientos o miles de judíos que se quemaron en los hornos, cuya presencia, por cierto, anticipa la intriga de predestinación desde muy pronto. Un final irónico, sí, pero también antisemita, jeje. Por otro lado, creo que sí se refuerza la idea apenas esbozada en otras películas sobre este tema de que  muchos alemanes tuvieron que ser ojetes, aún en contra de sí mismos, debido al miedo, al terror  (el mismo miedo que hace que el pueblo cubano no se levante, según la mujer exiliada de Cuba que conocí hace un par meses). Mención aparte merece el casting, la música, el vestuario y parte de la ambientanción que me parecen excelentes. Además lloré durante toda la película, quizás sólo por motivos personales e indirectos. O porque recordé a los niños que en mi país les es arrebatada la magia y que no hago nada al respecto; o por el infanticidio que significa que hayan niños tragando fuego, trabajando o viviendo en la calle y mi responsabilidad como parte de la “sociedad” acerca de eso.

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Si uno pudiera tener la facultad de decidir lo que guarda en la memoria, otro gallo nos cantaría. Con frecuencia sucede que la gente vive amarga porque no puede desechar un mal recuerdo; otras veces, algo que no se quisiera olvidar, joyas de la memoria, se desvanecen frente a un evento traumático. Según el arte retórica, existen por lo menos dos tipos de memoria, la natural, que es la que funciona libre y espontáneamente y la artificial, que es la que uno estimula y trabaja para mantener mediante ejercicios y asociaciones deliberadas. En nuestra educación escolar tradicional se nos motiva a usar la segunda y así aprender todo; sin embargo, ya quisiéramos tener el mismo control con nuestra memoria natural. He conocido personas que han olvidado elementos de su profesión de un día para otro y personas que olvidaron un capítulo de su vida, su adolescencia, por ejemplo, como si los hubieran formateado, se les borró todo. Qué terror debe ser no recordar quién fuiste durante cierto tiempo o la imposibilidad de recordar hacia donde te diriges. Ocurre que hay otro tipo de memoria que te distancia del presente, aquella que le hace jugarretas a una persona que divaga en sus recuerdos y hasta los modifica, haciéndolos más brillantes cada vez y así “los recuerdos son mentiras”. La memoria artificial pues, puede controlarse con recursos mnemotécnicos como la repetición, la asociación, la agrupación, etcétera, pero la memoria natural, personal íntima ¿cómo se controla?.

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Este es uno de los temas que se debaten en Eternal Sunshine of the spotless mind, donde se dibuja la posibilidad no de elegir qué recordar, pero sí qué borrar. Son interesantes los límites morales a los que lleva tal decisión, pues al decidir borrar de la memoria a una persona, se suprime todo el trato con ella y su entorno, pudiendo llegar a hacerle daño por no recordarla. Otro tema es el libre albedrío y la pregunta de si el ser humano tiene la capacidad de no volver sobre sus errores y vivir condenado a repetirse gracias a las relaciones de codependencia con otras personas. Siempre me pareció que Jim Carrey es mejor como actor de drama. Y es la primera vez que le creo un personaje a Kate Winslet. El tiempo de la narración es deliberadamente “desordenado”; no sigue una línea recta sino que comienza en el final y luego regresa al medio, pero durante la narración surgen muchas analepsis a manera de reflejar los episodios o spots de memoria desconectada, sin eslabones claros sobre la relación erótica-amorosa de ambos protagonistas. Ello también es una metáfora de cómo al término de una relación, los implicados tratan de revisar en el pasado qué fue lo que falló y no encuentran una secuencia lógica de hechos, sino que todo está siempre mezclado con los afectos y pasiones de uno y otro y la historia de la relación parece difusa, desconectada, como si en realidad no se conocieran tanto y quedaran frente al otro casi como desconocidos. Y para volver a construir una relación con la misma persona o con otra, ¿cómo elegir los recuerdos que hay que conservar? ¿qué hay que olvidar? Si se olvida todo, se pierden experiencias y si se recuerda todo será difícil tener esperanza en la relación. ¿Tenemos la capacidad de decidir qué, cómo y cuándo recordar? ¿Por qué a veces recordamos a largo plazo pero no a corto plazo? ¿Por qué confundo datos que he leido con otros que he escuchado en una conversación o con algo que oí en la TV? ¿Por qué a veces en mis sueños tengo recuerdos y por qué a veces recuerdo lugares que sólo conocí en sueños? Son preguntas que me obsesionan un poco, por eso me gustó esta película, además de ser otra película romántica pero no tan tonta. Y bueno, ya sabemos, quién es el director, nada menos que Michel Gondry (no confundir con el gordito Michael Moore, con quien yo siempre lo confundo), cuyo trabajo fílmico habla por sí mismo, dirigió videos de Bjök (“Human Behaviour”, “Army of Me”, “Isobel”, “Hyperballad”, “Jóga”, “Bachelorette”), Chemical Brothers y Massive Atack y realizó la ensoñadora película sobre los debrayes de Oniris, titulada, The Science of Sleep . Buena ambientación, excelente plástica, etcétera, etcétera, y ya me voy porque si no, no termino.

Cuando llegué a vivir al DF no saludaba a nadie con un beso en la mejilla; no entendía esa compulsión convencional capitalina de besarse en el cachete cada vez que se encontraban y despedían. De niña sólo besaba así a mi madre al irme y llegar de la escuela pero ¡era mi madre! Cuando mi familia de la ciudad llegaba a mi pueblo, la saludaba una vez y no volvía a besarla hasta que se retiraba, varios días después. Pero así el beso se justificaba porque o había mucho cariño o los había dejado de ver en mucho tiempo. En cambio en la Facultad de Ciencias Políticas veía a varias docenas de compas todos los días y sólo eran eso, compas, porque sólo hice un par de amigos íntimos, así que ¿para qué besarlos en la mejilla? Me parecía que me miraban como la mamona que nunca saluda o cómo la provincianita rara que no sabe saludar en la mejilla. Y cualquier cosa que me imaginara que pensaran me valía madre, yo no iba a saludar de beso a quien no fuera cercano a mi. Y tampoco esperaba que lo hicieran conmigo. Lo malo es que si no besas, te dan la mano y eso sí que me parecía más artificial y acartonado aún, además de que a veces te expones a unos apretones terribles sólo para que ellos puedan mostrar su machinez. Esa racha le tocó incluso a un novio capitalino, quien no entendía cómo no lo saludaba de beso cuando llegaba a su casa. Después, en mis tiempos uameros, gracias a Pablo y su popularidad tuve que ir cediendo y saludar a casi todos sus/nuestros amigos, pero me costó meses de resistir miradas de otredad (me sentía como la barbarie de los griegos, que detestaban a cuanta cultura extranjera no tuviera sus costumbres y no hablara su idioma, ja!). Pero a mí los raros me parecían ellos. Luego, esa marchita manera de dar la mano sin elementos adicionales como tretas o chocarlas, pero a eso también tuve que entrarle, sobre todo cuando trabajé como profesora porque me di cuenta que entre profes es una manera establecida de acercarse.

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Ahora ya me he domesticado, ya beso en la mejilla y aprieto la mano según el contexto, pero sigue sin gustarme del todo. Aún en estos tiempos, con algunos semejantes el beso de saludo para mí es un trámite: cuando no es una persona cercana estoy muy lejos de sentirlo; lo hago casi en automático, como todo el mundo. Y cuando se trata de alguien más cercano, me siento hipócrita porque en realidad espero algo más; pero en fin, son convenciones sociales aceptadas por todos, inventaré desde ahora más formas para saludar a mi gente querida, para que haya con ellos una diferencia entre mis trámites de mejilla con la gente que me presentan en un contexto accidental o de intereses. Digo todas las personas importan, debería tratarlas igual; tal vez sólo estoy justificando mi timidez o mi exclusivismo; o tal vez, soy medio salvaje; medio pueblerina y aún no estoy lista para ciertos refinamientos y articicios, je, je, je. O en el fondo sólo soy como un gatito asustado que se busca escondite cada vez que llega a casa un desconocido. Al final prefiero los abrazos, las miradas, los besos mojados y las buenas sonrisas.

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Aquí sale lo que está vivo en mí. Ixhuatán es esencia y placer; la unión con todo aquello que me configura desde la infancia y al mismo tiempo la experiencia de mi estado de separación; estoy aquí como recién expulsada del útero. Miro el brillo del exterior y también siento una cierta nostalgia de espacios internos dentro del aire mareado que circula entre mis pulmones y mi cerebro. Nunca dejo de sentirme otra, pero en este sitio me siento parte de la tierra y ajena a los hombres. Y la escritura se vuelve irrelevante aquí; cuando pueda escribir al ritmo en que vivo, seré realmente una escritora, mientras tanto, aquí me demuestro que me importa mucho más saborear que hacer saborear. Alguna vez podré describir mi pueblo, alguna vez  las palabras serán la imagen y alguna vez transmitiré el monstruo de vida que hay dentro y afuera de mis ojos.


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No tengo muchos lugares a donde ir, a pesar de las infinitas posibilidades.  Esa es la historia de mis apetitos, que no solo se refleja en mi exigua exploración por la red, sino en dos sueños recurrentes de hace varios años. 

Uno se trata de entrar algo deprisa a una plaza comercial gigantesca, que no es ninguna que haya visto jamás, sino todas las que he visto al mismo tiempo; muy “de avanzada”; muy extraña a mis ojos.  Al parecer cuando entro tengo claro lo que voy a comprar pero no aparece en mi cabeza como concepto, sólo sé que entré por un motivo; luego comienzo buscar y a darme cuenta que lo que esculco no me apetece; nada me convence o estoy en la sección equivocada. Pero no se dónde está lo que sí busco, pues no me acuerdo qué es; después de unos minutos me invade una sensación muy incómoda, como de estar perdiendo el tiempo y no encontrar lo que quiero; no parece estar en ningún lugar ni sección de la tienda -por muy atractivos y novedosos que sean los productos- y tampoco recuerdo ya qué busco, la cosa se va complicando más y nunca recuerdo en qué termina el sueño, pero nunca compro nada. A veces estos sueños son futuristas, (ja, perdón por el uso tan incorrecto del término -he soñado tecnologías de tiendas que no había visto y por ejemplo convertirse al cine Plaza de la colonia Condesa en un bar de onda-) y otros casi arqueológicos (en ruinas arquitectónicas, por ejemplo). Lo que siempre me ha parecido más relevante de todos mis sueños (como a Hiriart, en La Naturaleza de los sueños -aunque antes de leerlo ya lo sentía así-) es el sabor y el color (es decir, sensaciones) que experimento dentro de él.  

El otro sueño también se trata de la sensación de no recordar algo; esta vez no olvido qué necesito comprar, sino a dónde voy:  Estoy a punto de abordar o bajándome de cualquier transporte público (en una gran metrópoli que bien podría ser el DF, pero no lo es y sí lo es): metro, pesero, bus, tren ligero, trolebús, taxi, puente peatonale, subo o bajo escaleras, en grandes avenidas-no recuerdo calles chicas-, muchísimas veces caminando a gran velocidad, etcétera. En todas esas circunstancias en algún momento me doy cuenta que me equivoqué de ruta y que no estoy yendo a donde quería ir en un principio; no tengo claro a donde quería ir pero sé que no estoy yendo a ese punto y siempre hay una sensación de estarme alejando del centro; siempre muy al sur o muy al norte;siempre buscando; siempre con ansias, pero sin llegar. Veo cosas que recuerdo, lugares que ya he conocido y me pregunto “¿será por aquí?”, pero me pierdo más.  Pero en realidad nunca me pierdo, ni siquiera en el sueño de las tiendas; no es una sensación de estar perdida, sino de haberme equivocado de dirección;de estar lejos de donde quiero estar siempre sé dónde virar para regresar o cómo dirigirme a otro punto; el conocimiento lo tengo, sólo parece que he olvidado qué quiero comprar y a dónde quiero llegar.

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¡Quiero escucharme por los menos dos respuestas! Esta es una etapa de las más nubladas.  Si en mi ocurre ese principio budista y tengo la misma capacidad de repuntar como de bajar, estoy en el camino indicado; que venga más confusión. Espero con todo el corazón que un día cercano el péndulo se detenga o por lo menos pierda fuerza. No afirmo la duda, sino que pido por la claridad.

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Partida*

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¿Se acuerdan del mito ese de que éramos andróginos hasta que por castigo divino nos partieron a la mitad? Y desde entonces vagamos interminablemente en busca de nuestra otra mitad… 

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Pero no sé en qué momento uno le empieza a poner requisitos a esa otra mitad. Quizá sea por la falsa imagen de grandilocuencia que tenemos de nosotros mismos “ah, pero es que yo soy grande y hermos@, yo me merezco algo de mi tamaño” y así preferimos seguir con el drama del divino narciso. 

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Nos partieron…

*”Porque apartar dos almas que son amigas es partir a cada una por la mitad.”

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Siempre he creído que el capitalismo es una bestia que no se llena, totalmente injusto e irracional. Y que, desgraciadamente en este sistema que cada día entrona con acrecencia el consumismo, los que más consumen son los que menos tienen. Me doy cuenta de las cosas en las que las personas gastan gracias a la TV y me da entre tristeza y vergüenza; ver en la calle cómo muchos visten igual y se van quedando sin gusto propio; la moda por ejemplo en Madrid y Ámsterdam es igual que la que veo aquí, que ni siquiera está  sacada de las tendencias de pasarelas europeas, sino de premiaciones y programas de revista hollywoodenses; fue decepcionante constatar como en el Primer Mundo están igual de atontados (entre otros atontamientos) por una moda que viene del consumismo y la cultura gringos (¿o soy pleonástica al separar los conceptos consumismo y cultura gringos?). Insisto en que hay más víctimas entre la gente de menores recursos, porque son quienes están menos armados ideológicamente para defenderse de tal embestida, además de que quienes cagan lana no pueden ser víctimas pues el consumo no los sangra; pero a la gente que poco tiene le cuesta varias quincenas de crédito o de deudas, tan sólo por estar actualizados y pertenecer; por dejar de sentirse despreciado al no usar marcas ruidosas. También la gente más pobre es la que consume más comida chatarra, y me parece que responde a los mismos mecanismos de pertenencia, pues ya no se siente bien si no gasta, tirar dinero a la basura les hace sentir poderosas.

Y no se cuándo empezó este encanto por el refresco o la soda en este país pero ¡somos el número uno!  En una época parecía que la respuesta era económica que porque el refresco embotellado era más barato y contenía azúcares y calorías que podían sustituir un desayuno, pero ahora que también el refresco es caro, no sé qué respuesta hay. Anoche vi a un parroquiano de la tiendita de la esquina comprar un rollo de papel sanitario, pero eso sí, un refresco de 600 ml. una bolsita de cacahuates y un paquete de chicles Tradent (sic), a mí qué me importa y qué me tengo que meter en eso, pero cómo diablos alguien invierte en un solo rollo de papel sanitario que cuesta cuatro pesos para comprarse chucherías que cuestan más que eso. Y en esa tiendita la mayoría de las personas compra en cantidades pequeñas lo que va a consumir ese día o lo de cada noche. En fin, a todo esto llego porque…

(Aquí es donde realmente empieza el post, ja, siempre quiero hablar de todo y no agoto nada, estos escritos son aburridos)

Me parece una mentada de madre lo que hace Tía Rosa, Coca Cola, Sabritas y demás marcas que no recuerdo ahora: Que todavía que se enriquecen con sus ventas se quieran burlar de uno ofreciendo promociones tan estúpidas como incluir “un juguete” o un artículo “de decoración” para el hogar en la compra de sus productos lacras. Ahora que me cambié de casa, en la barrida encontré un imán para el refrigerador que me costó descifrar por horrendo, tiene pegado un plástico café en forma de “doraditas” de Tía Rosa. ¡Cómo es posible que Tía Rosa crea que eso es estético! y peor aún, creer o provocar que la gente lo haga tan parte de su cultura como para dar de brincos por encontrarse aquéllo dentro de un pan Tía Rosa y pegarlo al refrigerador para verlo todos los días; ¡es una mentada de madre no sólo al consumidor, sino al planeta!, lo único que hacen es generar más basura.  Lo mismo pasa con la colección navideña de Coca Cola  y las figuritas de plástico o calcomanías metálicas de Sabritas (como si no fuera ya suficiente que traen “envase metálico no degradable para su mejor conservación “crunchy”). Y lo dice alguien cuya única soda disfrutable es la Coca Cola, pero bueeeno, yo sólo la tomo cuando me la invitan. : ) 

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Ahora siento esta sensación como nueva, aunque sea de las más antiguas que laten suave.  No es grato, no es cómodo sentir que no encuentro un espacio que sea mío.  A lo largo de mi vida en la capital he luchado por apropiarme del espacio y que éste se apropie de mis sentidos, del espacio que encuentro entre ver algo y estar en ese algo, entre el objeto y yo misma. A veces lo he logrado y ya tengo poder sobre varias zonas de la ciudad.  Esta apropiación es poder no sólo de movimiento y acción, sino de sentirlo. A pesar de que me gustan los cambios y siempre he pensado que suelen ser sanos e ineludibles, este Cambio se ha vuelto una desapropiación de lo que ya creía construido respecto a mi espacio (o espacio interior); es decir, no es que tenga que estar apegada a un espacio de ciertas características, sino que debo llevar mi espacio a todos los espacios posibles, sea Ixhuatán, la casa con Pablo, la sierra oaxaqueña o la recurrente colonia Roma.  Y ese espacio mío significa sentirme libre y segura.  Sin embargo, estos días me he dado cuenta que no estaba dando cabida ya al extrañamiento y el cambio es justamente eso; al cambiar de casa mi espacio se vio vulnerado y no se bien a bien si por los espacios externos, es decir, por las impresiones nuevas o porque en realidad mi espacio interior no se ha construido aún.  El caso es que no me siento ‘yo’ donde estaba y tampoco en esta neo-casa, que además es un espacio viejo pero lo miro con ojos  nuevos y lo siento desde un espacio interior que pendula todo el tiempo; aquel mi espacio interior, ese que separaba lo que ve de lo que está y de lo que es, ahora es una torre de Babel, alberga diversas lenguas que no logran ser decoficacadas ni se intersectan.  Estoy pues, en la más pura confusión. Todo parece el caos, el mero principio de todo, y puede verse como alentador pero también es una cuesta empinada; parece una posición privilegiada, pero antes de la Creación todo es Tinieblas. Y no se sabe cuánto tiempo dure. Tengo que hacer un esfuerzo estratosférico para no pensar.

Me gusta:

1.  La hora de la puesta, en el lugar y a la hora que sea aunque estuviese nublado (en el otoño en ciertos sitios el sol se mete a las cuatro de la tarde y es una experiencia loquísima).  Pero si puedo ver el horizonte desvistiéndose del rojo y colocándose el traje azul, mejor.

2.  La coca cola bien helodia (que queme mi garganta, me haga eructar y me de calorías al medio día).

3.  El viento en todas sus velocidades y temperaturas.

4.  Aguachil

5.  El silencio interior

6.  Los árboles, mientras más grandes más bonitos y mirarlos desde abajo y escuchar su baile.

7.  (Como me  gusta más que el seis, el siete, pondré ese número de cosas): Mi familia

 
No me gusta:

1.  Que me tomo todo en serio.

2.  Cuando finjo la voz más aguda de lo que es por quién sabe qué extrañas necesidades.

3.  Esa terca tendencia a comer tan poco, a la inapetencia.

4.  La intolerancia del otro y la mía.

5.  La contaminación y el desperdicio.

6. Mi importancia personal

7. Sentir miedo

Invito a quienes tengo curiosidad de saber de sus vidas aunque, por su escritura, los conozco ya.  Si les parece inoportuno, ridículo, banal, o  simplemente les disgusta, omítanme y ya está.

1.  Ágata Trementina  http://www.marsinmaresia.blogspot.com/

2.  Anasella  http://ojerazul.blogspot.com/

3.  Dr. X  http://darkparticle.blogspot.com/

4.  Andrei paisano http://andreibloguea.wordpress.com/

5.  Mario http://inlunacion.blogspot.com/

6.  Tocaya Malvido http://deaeropuertosyotrosduelos.blogspot.com/

7.  Padre putativo de Rebeca  http://pezrojo.hi5.com

 

*Encuentro un poco ingenua la gestión del meme, pues hay que tener la confianza de  que el otro escribirá con el corazón en la mano y no con su ego de escritor. Es difícil no darle rienda suelta al divo que todos llevamos dentro y saber que no tiene importancia sino lo genuino. Además a quién carajo le importa qué me gusta y qué no, nadie parará su vida por leer mis gustitos y desagrados nimios. Y es ingenua la esperanza de que una lista abarque el sí mismo. Pero igual puede ser sólo un juego y agradezco la generosa invitación de Pablo Mata.

Malcomida

Hoy odié Madrid y su comida fea y cara.  Por 9 euros comí una paella y unas albóndigas que apenas (o a penas) probé, horrendas, además respiré el humo de unos 5 cigarros en un restorancito de 4 mesas.  La zona que antes me había parecido interesante, histórica y multicultural (hay por aquí mucho negro, indio, mexicano y hasta gachupines, por qué no) se volvió sucia, maloliente, desordenada, ruidosa, fría. Pero todo sucedió porque antes había salido bien chingona a las 12 del día con sólo un café expresso en la barriga y después de 3 cuadras (¿se fijaron cómo todo es numérico en este post? Creo que ando calcule y calcule los tiempos, los dineros, las fuerzas, las ganas y las aventuras) de caminata terminé mareadísima y con náusea, así que tuve que regresar a casa (este simpático piso de Lavapiés de seres maravillosos que me hospedan) a recobrar energía. Después de cuatro horas decidí salir urgentemente a comer porque el malestar disminuyó sólo un poco y sospeché que la cosa podía tener que ver con que mi estomaguito estaba medio vacío. Después de empacarme el arroz dizque paella y la coca de 2 euros sentí que era suficiente pero sobre todo que era urgente salir de ese sitio, pues me estaba mal-viajando.  En diez minutos caminé unas doce cuadras a una velocidad inusitada para alguien que acaba de empacharse, pero la necesidad de salir de ese restorán, de esa colonia, de esas calles y luego hasta de Madrid y de España (hubiera cruzado el Atlántico de ser posible) era más grande que una panza llena.

Llegué no sé cómo, por pura suerte, a la Plaza Murillo entre el Museo del Prado y el Jardín botánico, pero yo no sabía a donde había llegado (aunque intuitivamente iba hacia un lugar donde estar a gusto) así que, después de medio tranquilizarme, miré el libro guía de la ciudad, abrí descuidadamente y lo único que leí fue el nombre de una calle llamada “Amor de Dios”dije ¡qué tal la sintonía!, Nora tiene un Dios DJ y yo tengo uno que es guía de turistas. Como el hecho me dio risa, a partir de allí la tarde cambió, me mudé a una banca a la que le pegaba el sol suave de las 5 de la tarde y apañé. Después decidí que caminaría hasta donde mi cuerpo aguantara, a ver si conocía algo de lo interesante de la ciudad.  Siguiente semáforo y ya estaba en la mítica fuente de la Cibeles, otro semáforo y estaba en la Puerta de Alcalá y un semáforo y medio más y estaba en la Plaza de América y en la Biblioteca Nacional, a donde he de dirigirme todos estos días restantes en Madrid y cuya dirección no tuve que buscar y además no tendré que gastar en pasaje pues está muy cerca ¡cómo es que sucedió que Linda apareció para darme un amoroso hospedaje y además en Lavapiés!, que resulta es el meritito centro de Madrid, donde está toda la movida.  Después, a las 7 de la noche, exactamente tres horas después, ya no odié tanto Madrid, sino esa pinche actitud que me suele ennegrecer el panorama y todo por 1) no haber comido y 2) por elegir entre la desesperación de la rapidez -es decir, sin tomarme el placer del apetito- una fonda equivocada.

Día X

Me levanté a las 9 am y fui a la universidad después de desayunar unas “tostadas” con mermelada, café y te.

Estuve todo el día en biblioteca.  Cuando salí fui a un restorán a comer el menú del día.

Por la tarde pasée por el parque y caminé hasta que anocheció. 

Para quien sea esto puede ser monótono pero para mí es inusual porque no todos los días estoy en Sevilla.

Nunca como ahora me había sentido más lejos de comprender el sentimiento de otredad (no es que no lo sienta, no lo comprendo). Hay varias posibilidades. Que la otredá exista; que la O. no exista; que la O. sea el Otro; que la Otredad sea el sentimiento sobre el otro; que no haya Otredad porque no haya otro.  (ja, estoy guicheando). Pero si no hay otredad porque no hay otro, a qué le llamamos otredad (aparentemente esto no tiene sentido pero sí lo tiene, cheque bien, je)

Siempre supe que yo no me querría operar algo para verme como Otro. Mi nariz es de mi bisabuelo, mis cejas, piernas y nalgas, de mi padre, mis manos de mi abuelito Yeyo, mi voz, humor y nerviosismo de mi madre, y mi anhelo de Ser, de mi abuela Lucha, cuyos antecedentes son filipinos-oaxaqueños. Todo ello me configura.

De camino por el Viejo Mundo (y caduco, dice mi amigo Humbertico), específicamente por Holanda y España me he encontrado con gente variada local y de paso como yo. Antenoche en una cantina tradicional de Sevilla, acompañada de Tomoko -japonesa- conocí a un par de madrileños que enseguida supieron que yo no tenía que ver con Tokio pero tampoco, según ellos, con México, sino que “tienes más de filipina”. Pensé “qué cabrones son estos cabrones que tuvieron la suerte de que sus abuelitos definieran las mezclas entre varias otredades”. Y qué pinches somos todos que desde la Antigüedad (otra vez me refiero a Occidente) hasta hoy comenzamos a entrar en contacto con Otros a partir de la fisonomía; es nuestra primera experiencia del Otro y es justo por eso que es un Otro, por la apariencia.  Los peninsulares tuvieron el placer de occidentalizarnos sin que pudieramos elegir y, sin embargo, seguimos siendo Otros ante ellos y ellos son Otros ante nosotros.  (el nivel de mi guichera va subiendo)

Pero al final, después de pasar la barrera del aspecto y de la lengua (independientemente de que dicho aspecto guste o no) lo que queda son personas solas, vulnerables al placer y al dolor y sobre todo inmensamente necesitados del otro.  (ya casi llego a la frecuencia currrsi)

Más allá de las grandezas arquitectónicas y/o culturales que uno pueda admirar; más allá del enfrentamiento a circunstancias del todo nuevas; de la percepción de espacios y tiempo enrarecidos, en un viaje, una de las experiencias fundamentales es la relación con el Otro.  Si uno no roza eso se queda pobre. De viaje esa sensación se hace más aguda, pero aún en el sitio de siempre, en los ámbitos cotidianos, lo más enriquecedor es la relación con el Otro (con minúscula o mayúscula) independientemente de nuestra profunda soledad o justamente por ella, para evadirla un poco.  Y esto me hace recordar (aguas, porque ahora sí me voy a poner melosa) la enseñanza cristiana de amar al prójimo, pues no hay mayor vida que ver a través de los ojos del otro, sentir por el otro.  Por eso algunos españoles entienden muy bien de otredades y de clasificaciones raciales, pues su  historia está llena de derramamiento de sangre, pero también de mezcla.  Sin embargo, todo esto yo no lo entiendo, soy un gato que se esconde apenas huele o escucha el rumor de un extraño.

El grafógrafo

Me acuerdo del libro pero no recuerdo haber leído el libro.

Cada palabra resuena en mi cabeza como si ya supiera lo que va a decir, como si yo lo hubiera escrito. Pero al mismo tiempo no me interpela; no me toca; no entro en él porque está presente siempre esa sensación de extrañamiento. Es como si extrañara lo extraño.

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