Tic, tac.

II.

Algo en mí ha vuelto a la adolescencia, mi actitud, mi interior.  Pero al mismo tiempo estoy más vieja.  Por eso me preocupo, si he vuelto a la inexperiencia y la necedad, ¿cómo es que tengo muchos más años? ¿A dónde llegaré cuando pase más tiempo? ¿Coleccionar días no significa superarlos?

III.

Una vez me vi con mis ojos de los diez años a la que era en ese momento, de veintantos y no me gusté, pensé que todo estaba acabado. Me fallé, me dije.  El presente era un futuro concluido, sin nada que agregarle.  Y me dieron ganas de correr hacia atrás en cámara rápida y soltar lo que tenía entre las manos, gritar y estallar una bomba en mis zapatos.  Ayer era menos sólido que mañana; el pasado era aire, el futuro era una roca.

IV.

Una noche divina y rara, la lumbre frente a mí dijo algunos secretos que viajan perpetuamente en el espacio pero de tan obvios y diáfanos no los notamos: -El tiempo está en tu cabeza.  Todo ocurre simultáneamente. No te preocupes de dejar huella. V.

V.

Un día cualquiera llamó mi madre y, entre las noticias, conté que él había ganado un premio y que viajaríamos juntos en cuanto hubiera tiempo. Lo dije porque era una forma más de afirmarme frente a ella. Lo tomó como una confesión de comadrita, y con un tono de cierta esperanza dijo: ¡es como si fuera una luna de miel!.  Yo me sentí la más equivocada del mundo, y ella -desde mi perspectiva- había dicho la cosa más lapidaria del mundo. Me despedí siguiendo la corriente.  ¿Por qué dijo eso ¡si yo me siento como una niña!? Huyo entonces de ser adulto. ¿Es lo que nos hace el reloj después de todo, asumir roles? Maldije el transcurso del tiempo porque no quiero ser un rol, me niego a que ser grande sea tragarme el sistema.  Soy una niña, me empeño en serlo. Me quedo en mi escondite de la inmadurez.

VI.

Tengo miedo de que me pesque desprevenida. Dicen que el tiempo lo hace solo, uno no tiene que hacer nada…

VII.

Ayer me lavaba las manos y me vi en el espejo hacia dentro.  Recordé la que yo era cuando pensaba en mi futuro durante mi infancia.; la niña que se preguntaba cómo sería de grande, de súbito tuvo una respuesta: – Así, como ahora.  Como si entonces esta que ahora soy –o que era anoche- fuera el futuro de la de ayer.  Estoy toda por crearme a cada instante y mi presente es el futuro. A cada momento que soy consciente del tiempo, percibo que soy el futuro y puedo ser lo que quiero y puedo ser audaz y punk, imaginativa y emancipada.  Puedo estar de buen humor. Y tan sólo de saberlo sonrío y estoy de buen humor, es sorprendente la libertad de acción que otorga saber que el tiempo que viene es creación pura.

I. Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Julio Cortázar.

PD Espero darme tiempo de comentar Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, de Michel Gondry, para seguir dándole vueltas a esta desquiciante  idea.

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