Del manuscrito a la computadora

Si la escritura nos fue arrebatando poco a poco la memoria, la computadora fue el paso último para pasar a un proceso intelectual distinto en la integración de las ideas.  Entre la gente que estudia la socialización de la escritura a fines de la Edad Media, se menciona que ésta no sólo cambió la técnica para publicar una obra “literaria”, sino que cambió todo el sistema cognitivo.  Y la pérdida más lamentable es la memoria.  A raíz de la escritura, en vez de juglares, hubieron más sermones, en vez de trovadores, hubo más teatro, etcétera.  No es que la literatura no haya ganado con la escritura, ni se haya enriquecido, sólo que las obras perdieron esa energía viva del aquí y ahora, dejaron de haber performancia y ejecución inmediata, para haber oralización de textos (lectura en voz alta frente al público con algunos ademanes), lectura en voz alta en pequeños grupos o a solas.  Y finalmente, lectura en silencio y aislada. La memoria que conservaron los hombres que memorizaron leyendas como la Ilíada, obras de teatro, El Mío Cid, etcétera, entre el Medievo y los siglos de Oro cuado aún la escritura no era totalmente popular (pues aún los pliegos sueltos eran leídos muchas veces por el personaje culto del barrio a todos los demás) debe haber sido descomunal para lo que hoy estamos acostumbrados, una memoria ligada al ritmo, al movimiento, a las emociones y a la memoria colectiva. Debe haber sido estupenda, grandiosa.

A pesar de haber nacido en los ochenta, yo todavía experimenté el proceso del manuscrito a la máquina de escribir y de la máquina de escribir al ordenador –dijeran los españoles –.  Mi percepción actual de tales modos de escritura es la siguiente.  Escribir en un cuaderno con lápiz y papel sigue siendo un proceso un poco más íntimo, pero también ha perdido prestigio, a veces es visto hasta como de mal gusto; así sean las notas más interesantes si están a tinta o a carboncillo se ve descuidado, sucio, improvisado, pobre, infantil, casi en el ámbito que sea: oficina, academia o cualquier contexto donde se use la escritura.

Las notas en máquina de escribir casi dan risa pues creo que es la forma menos usada, ya que al contrario del manuscrito, esa sí fue sustituida.  Cuando entré a la Facultad de Ciencias Políticas, yo venía de un Colegio de Bachilleres en Oaxaca, donde si uno era fresa, quería lucirse y tenía los medios, entregaba un trabajo hecho a máquina de escribir, en algunos casos hasta en máquina eléctrica, pero donde eran aceptados los trabajos a puño suelto, en varios colores de tinta y hasta con fotos recortadas y pegadas a mano.  Cuando me enfrenté a escribir en la máquina de escribir, me daba terror equivocarme, en primer lugar por economía de papel, tinta y tiempo y en segundo porque no había forma de regresarme en la escritura, se empezaba y se terminaba, punto.  Y a pesar de, como ni siquiera había noción de que eso se podía hacer, pues también tenía una actitud más inocente y escribía de un modo más aventurero.  Intentaba buscar sinónimos y poner en orden mis ideas y antes de comenzar a escribir seguro tenía en la cabeza un borrador del texto.  Y bueno, en algunas ocasiones sí hice un borrador manuscrito previo.  En fin, era una especie de viaje más incierto.

Poco después, tomé un curso de uso de software y adquirí una computadora, donde puedo ver todas las mañas (ejem, perdón, herramientas) de las que uno puede valerse al escribir en computadora; para empezar, el diccionario de sinónimos, pero después, si crees que aún con la bibliografía que posees te falta información, recurres a la búsqueda en internet.  Por supuesto, esto me parece una ventaja, lo que creo es que cada vez hay menos esfuerzo intelectual de nuestra parte y la memoria se ha hecho tan frágil como una hojita seca entre el viento del otoño. Y luego ¡la mayor cosa! La edición.  Esta es una herramienta básica casi para cualquier documento.  Y entre los escritores e investigadores ha significado un gran ahorro de energía.  Eso de hacer fichas de trabajo en tarjetitas de cartón o escribir un texto denso y fragmentario se ha hecho enormemente sencillo y casi forma parte de un retórica de la sintaxis de la escritura a computadora.  Si algo que habías puesto en el medio no te gustó, lo pasas al final o al principio.  Si una nota al pie está mal colocada, la mueves de lugar y listo.  Pero el chiste de esto es que muchas veces ya no tenemos el bosquejo de nuestro trabajo en la cabeza, sino en la computadora (si por alguna razón se borran archivos de la compu, estamos per-di-dos) y éste muchas veces varía con cada “inicio de sesión”, se va armando e improvisando de acuerdo al transcurso de la escritura.  Eso realmente es lo que me ha fascinado de este tipo de escritura y es un asunto que hasta suena viejo (digo, ya Sartori reeditó no sé cuántas veces el Homovídens), pero a mi me sigue sorprendiendo y creo que distingue la forma de estructurar las ideas de muchos contemporáneos.

 

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