-¿Quiere cambio? -No, gracias

Nadie quiere a la gente que no se ríe. Es pesada, aburrida. Yo tengo mucho tiempo de no reírme realmente.  Y me vengo a dar cuenta en Lima, después de muchos tropezones, que mi estilo para sonreír es viajar ligero.  Lo malo es cuando uno se acostumbra a cargar -y lo digo en todos los sentidos posibles-.  Creo que lo único a que debiéramos acostumbrarnos es al cambio, digo, no por nada es un aforismo budista: “lo único constante es el cambio”. Y yo creía que me gustaba el cambio, que incluso era toda una “aventurera”; hasta movía los muebles de la casa varias veces al año, intentaba siempre viajar a lugares que no conocía, cambiaba mis contraseñas por diversión y para retar a mi memoria y “n” número de ejemplos.  Sin embargo me gustaba siempre y cuando yo (lo que sea que eso signifique) lo provocara y controlara.  En realidad soy un monolito a veces; cuando me ha cambiado algo que me proporcionaba calor, comodidad y -por qué no decirlo?- amor o pasión allí sí que me han movido el tapete; y las sacudidas han llegado a ser tan fuertes que me he agrietado. Mis días desde hace algún tiempo son sin risas y llegado a la conclusión de que me tomo demasiado en serio hasta a mi misma y quiero calcular absolutamente todo (y a todos), hasta calcular cuándo voy a ser vulnerada.  No hay sorpresa suave como aire que me refresque en vez de sofocarme.  Yo culpo a la ciudad (Chilangotitlán of course); a mi regreso a esta ciudad, cuando ya había visto un oasis y percibido a lo lejos un olor a refugio.  Ahora no me acuerdo cuál era ese refugio  y lo que es peor, a veces tengo miedo de recordarlo.  En fin, este cambio al que no me adapto y al que me resisto -hasta ahora- ya llegó hace un rato y yo sigo viajando con demasiado equipaje -otra vez en todos los sentidos posibles- y en vez de recordar la sonrisa, me aferro a un pasado que me pone la cara apretada y la boca hacia abajo.  Quiero mirar al futuro. Dejar de tomarme en serio y abandonarme a la risa loca de la incertidumbre inocente. Que Dios se apiade de mi y voltee mis ojos hacia dentro amorosamente.

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2 comentarios sobre “-¿Quiere cambio? -No, gracias

  1. El cambio es sano y fresco y lindo y purificante. Pero todo eso lo pensamos cuando ya pasó. A todos nos gusta cambiar, a nadie le gusta estar cambiando.

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