Lúcuma (“déjame que te cuente, Limeña”)

No me gustó porque era seca y a mí me gustan las frutas por acuosas y frescas y por frutas. La lúcuma me pareció como un mineral o un tubérculo o una rama pero no frutal.

Pero me gustó Lima y me refrescó (y no necesariamente por el frío o los pizco sour).  Aún con su cielo gris, su humedad nublada, su smog, su barroquismo, sus vendedores -acosadores- de rosas y su desmadre vial. Me gustó el puente de Barranco y las olas de la Costa Verde. Me gustaron los soles monedas, los soles barandales, los soles del crepúsculo, los sol -itarios.  Y de Cusco, ni qué decir, todo el Valle Sagrado me invita a regresar. Machu Pichu es el sitio arqueológico que hasta ahora más me ha sorprendido. 

Pero, sin ánimo de ofenderos, limeños, la lúcuma no me gustó.

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