Sin beso ni apretón, salvajismo.

Cuando llegué a vivir al DF no saludaba a nadie con un beso en la mejilla; no entendía esa compulsión convencional capitalina de besarse en el cachete cada vez que se encontraban y despedían. De niña sólo besaba así a mi madre al irme y llegar de la escuela pero ¡era mi madre! Cuando mi familia de la ciudad llegaba a mi pueblo, la saludaba una vez y no volvía a besarla hasta que se retiraba, varios días después. Pero así el beso se justificaba porque o había mucho cariño o los había dejado de ver en mucho tiempo. En cambio en la Facultad de Ciencias Políticas veía a varias docenas de compas todos los días y sólo eran eso, compas, porque sólo hice un par de amigos íntimos, así que ¿para qué besarlos en la mejilla? Me parecía que me miraban como la mamona que nunca saluda o cómo la provincianita rara que no sabe saludar en la mejilla. Y cualquier cosa que me imaginara que pensaran me valía madre, yo no iba a saludar de beso a quien no fuera cercano a mí. Y tampoco esperaba que lo hicieran conmigo. Lo malo es que si no besas, te dan la mano y eso sí que me parecía más artificial y acartonado aún, además de que a veces te expones a unos apretones terribles sólo para que ellos puedan mostrar su machinez. Esa racha le tocó incluso a un novio capitalino, quien no entendía cómo no lo saludaba de beso cuando llegaba a su casa. Después, en mis tiempos uameros, gracias a Pablo y su popularidad tuve que ir cediendo y saludar a casi todos sus/nuestros amigos, pero me costó meses de resistir miradas de otredad (me sentía como la barbarie de los griegos, que detestaban a cuanta cultura extranjera no tuviera sus costumbres y no hablara su idioma, ja!). Pero a mí los raros me parecían ellos. Luego, esa marchita manera de dar la mano sin elementos adicionales como tretas o chocarlas, pero a eso también tuve que entrarle, sobre todo cuando trabajé como profesora porque me di cuenta que entre profes es una manera establecida de acercarse.

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Ahora ya me he domesticado, ya beso en la mejilla y aprieto la mano según el contexto, pero sigue sin gustarme del todo. Aún en estos tiempos, con algunos semejantes el beso de saludo para mí es un trámite: cuando no es una persona cercana estoy muy lejos de sentirlo; lo hago casi en automático, como todo el mundo. Y cuando se trata de alguien más cercano, me siento hipócrita porque en realidad espero algo más; pero en fin, son convenciones sociales aceptadas por todos, inventaré desde ahora más formas para saludar a mi gente querida, para que haya con ellos una diferencia entre mis trámites de mejilla con la gente que me presentan en un contexto accidental o de intereses. Digo todas las personas importan, debería tratarlas igual; tal vez sólo estoy justificando mi timidez o mi exclusivismo; o tal vez, soy medio salvaje; medio pueblerina y aún no estoy lista para ciertos refinamientos y articicios, je, je, je. O en el fondo sólo soy como un gatito asustado que busca escondite cada vez que un desconocido llega a casa. Al final prefiero los abrazos, las miradas, los besos mojados y las buenas sonrisas.

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7 comentarios sobre “Sin beso ni apretón, salvajismo.

  1. Pues soy defeña de nacimiento y también me caga saludar de beso a todo el mundo. De verdad lo hago por pura necesidad de encajar pero no me gusta. Amo la sinceridad de los niños cuando alguien los besa y ellos sin ninguna pena se borran el beso con la mano. Odio a los papás que los regañan por ser algo “grosero” cuando en realidad no se fijan que se invade el espacio del niño. Mi redacción estuvo pésima. Si un día te veo prometo sonreirte y no darte beso.

  2. Jajaja, Pablo qué buen enlace me presentaste. Tenkiu. Pos no se de dónde lo niegas, si desde que te conocí te conoce medio mundo. Chau
    Gracias, Liz. Y qué gusto me da tu visita.

  3. Aquí en Austria se saludan con dos besos, uno en cada mejilla. También los hombres! Yo me equivoco a cada rato y, como buena chilanga, doy un solo beso, con lo que al no voltear la cara corro el riesgo de besar de frente a la otra persona… Al parecer, en Suiza se dan incluso tres besos… Qué raro, no se supone que los cálidos y besucones éramos los latinos?

  4. Sí, a mí también me parece muy raro. Y en España me pregunté lo mismo: ¿No que los diplomáticos éramos nosotros? Eso sí, pa’ despedirnos no hay quien nos gane. Nunca queremos soltar al otro tan fácilmente, en lo que se va lo acompañamos a la puerta, lo volvemos a abrazar, le tomamos la mano, le damos palmaditas, le decimos “cuídate”, lo volvemos a abrazar…

  5. ¿En serio te tapaste? Yo sólo usé dos días mi mascada marroquí al estilo burka (primero muerta que perder el estilo, ja). Y sí, me relajé frente a los extraños pero seguí con el saludo de abrazo con mis seres queridos, sonrisas y a uno que otro más cercano hasta con beso.

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