Lo prometido es deuda

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Si uno pudiera tener la facultad de decidir lo que guarda en la memoria, otro gallo nos cantaría. Con frecuencia sucede que la gente vive amarga porque no puede desechar un mal recuerdo; otras veces, algo que no se quisiera olvidar, joyas de la memoria, se desvanecen frente a un evento traumático. Según el arte retórica, existen por lo menos dos tipos de memoria, la natural, que es la que funciona libre y espontáneamente y la artificial, que es la que uno estimula y trabaja para mantener mediante ejercicios y asociaciones deliberadas. En nuestra educación escolar tradicional se nos motiva a usar la segunda y así aprender todo; sin embargo, ya quisiéramos tener el mismo control con nuestra memoria natural. He conocido personas que han olvidado elementos de su profesión de un día para otro y personas que olvidaron un capítulo de su vida, su adolescencia, por ejemplo, como si los hubieran formateado, se les borró todo. Qué terror debe ser no recordar quién fuiste durante cierto tiempo o la imposibilidad de recordar hacia donde te diriges. Ocurre que hay otro tipo de memoria que te distancia del presente, aquella que le hace jugarretas a una persona que divaga en sus recuerdos y hasta los modifica, haciéndolos más brillantes cada vez y así “los recuerdos son mentiras”. La memoria artificial pues, puede controlarse con recursos mnemotécnicos como la repetición, la asociación, la agrupación, etcétera, pero la memoria natural, personal íntima ¿cómo se controla?.

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Este es uno de los temas que se debaten en Eternal Sunshine of the spotless mind, donde se dibuja la posibilidad no de elegir qué recordar, pero sí qué borrar. Son interesantes los límites morales a los que lleva tal decisión, pues al decidir borrar de la memoria a una persona, se suprime todo el trato con ella y su entorno, pudiendo llegar a hacerle daño por no recordarla. Otro tema es el libre albedrío y la pregunta de si el ser humano tiene la capacidad de no volver sobre sus errores y vivir condenado a repetirse gracias a las relaciones de codependencia con otras personas. Siempre me pareció que Jim Carrey es mejor como actor de drama. Y es la primera vez que le creo un personaje a Kate Winslet. El tiempo de la narración es deliberadamente “desordenado”; no sigue una línea recta sino que comienza en el final y luego regresa al medio, pero durante la narración surgen muchas analepsis a manera de reflejar los episodios o spots de memoria desconectada, sin eslabones claros sobre la relación erótica-amorosa de ambos protagonistas. Ello también es una metáfora de cómo al término de una relación, los implicados tratan de revisar en el pasado qué fue lo que falló y no encuentran una secuencia lógica de hechos, sino que todo está siempre mezclado con los afectos y pasiones de uno y otro y la historia de la relación parece difusa, desconectada, como si en realidad no se conocieran tanto y quedaran frente al otro casi como desconocidos. Y para volver a construir una relación con la misma persona o con otra, ¿cómo elegir los recuerdos que hay que conservar? ¿qué hay que olvidar? Si se olvida todo, se pierden experiencias y si se recuerda todo será difícil tener esperanza en la relación. ¿Tenemos la capacidad de decidir qué, cómo y cuándo recordar? ¿Por qué a veces recordamos a largo plazo pero no a corto plazo? ¿Por qué confundo datos que he leido con otros que he escuchado en una conversación o con algo que oí en la TV? ¿Por qué a veces en mis sueños tengo recuerdos y por qué a veces recuerdo lugares que sólo conocí en sueños? Son preguntas que me obsesionan un poco, por eso me gustó esta película, además de ser otra película romántica pero no tan tonta. Y bueno, ya sabemos, quién es el director, nada menos que Michel Gondry (no confundir con el gordito Michael Moore, con quien yo siempre lo confundo), cuyo trabajo fílmico habla por sí mismo, dirigió videos de Bjök (“Human Behaviour”, “Army of Me”, “Isobel”, “Hyperballad”, “Jóga”, “Bachelorette”), Chemical Brothers y Massive Atack y realizó la ensoñadora película sobre los debrayes de Oniris, titulada, The Science of Sleep . Buena ambientación, excelente plástica, etcétera, etcétera, y ya me voy porque si no, no termino.

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2 comentarios sobre “Lo prometido es deuda

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