Nublado frío

A mí los días nublados me vaticinan buen tiempo, no afuera, sino dentro. Y si hace fuerte viento todavía mejor. En eso soy totalmente individual y me separo de la convención del significante y significado de los días parduzcos. El frío aire me viene bien porque me despabila, me refresca no sólo el rostro, sino la entraña, me despeina, me recuerda mi estado natural original, me vuelve una especie de hoja suelta. Luego, viene el color del ambiente, percibir eso no lo cambio por nada, el tono que toman los objetos, los árboles, las personas me trae suspiros que atraen hondonadas de presencia de lo real maravilloso, múltiples puertas (o-port uninades) que conducen al camino que quiera y siempre me decido por vivir el extrañamiento; llegar al estado de desconocimiento de todo lo conocido, volverme una pequeña observadora asombrada que aspira inmensidad. Los días nublados con viento frío me vuelven la ciudad más liviana, como la que veía cuando era niña. Venía al DF en verano, es decir, en temporada de lluvias y para mí el DF era eso, una ciudad nublada y fría, así que cuando vuelve a estar nublado en esta vida “adulta”, me torno niña.

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