con dos palabras o más

A mí me encanta decir las cosas en pares o por lo menos con dos palabras, si se puede y me dejan que las diga con más, mejor. Por ejemplo, si escribo mixto, después pongo híbrido, si escribo, medular, luego pongo toral, crucial, y así, es una especie de necesidad de no querer alcanzar las cosas, los conceptos, una suerte, un cierto tipo de búsqueda del lenguaje, pero en el fondo es un no querer, un resistirse, a alcanzarlo, a conquistarlo, domarlo al indómito. No es necedad, es como saber que no se tienen las cosas bien claras, como estar muy conciente de ello, que el mundo es mundo por inasible, si fuera rodeable sería manzana no mundo. Me gusta sentir que no acaba la búsqueda, pues, el rastreo, el incontenible impulso de soñar que se puede decir algo más algún día, diferente de todo lo primero que se planteó y para que realmente eso que venga sea totalmente nuevo, hay que tratar las mayores posibilidades actuales. Pero sí es una necedad porque está mal escribir así en un trabajo de investigación, es incorrecto y da un aire de imprecisión y de molestia al que lo lee, ¿por qué carajo me aumentan palabras si esto se puede decir con menos? –dice el lector. Y yo digo, es que si la quito, siento feo, como que se suprimiera una parte de mi y mis ideas, entonces lo dejo y al lector real no le agrada y no lo entiende, pero a mí sí, mi lector implícito es alguien que entiende que por muchas palabras que se suelten nunca se podrá decir bien todo, siempre queda algo sin poder ser traducido, algo indescifrable. Por eso aumento palabras equivalentes (no sinónimas desde hace mucho no me gusta esta palabra porque si los términos realmente significaran lo mismo, no habrían más términos, no significan lo mismo, si cambia la forma y su carácter, cambia el sentido) pero tampoco equivalentes me gusta, como que en realidad lo que siento a la hora de emplear dos o más palabras lo que hago es un ensayo de completitud, como que aviento varios términos para que entre los tres me acerque más a la idea, aunque en el fondo sepa que tres palabras no hacen un mundo y eso me guste de mi mundo. Bueno pues sí, soy necia, pero no está en ese ensayo una búsqueda de más palabras, tal vez lo que me gusta comprobar es que cada vez puedo conocer una palabra al bordear una idea, por eso, muchas palabras que no conocía me las ha dado la invención, la curiosidad; las he encontrado así, tratando de entender una canija idea desordenada, muchas palabras que no conocía de repente aparecen en mi cabeza con el sentido adecuado y digo “¿dónde escuché esto? ¿dónde lo leí? ¿quién habla así? ¿quién me la enseñó? ¿en qué lugar de mi memoria estaba que nunca la había usado y ahora brota? No puedo creer tanta genialidad y la busco y resulta que sí existe y que la estoy aplicando bien, ¿cómo funciona ese fenómeno? Entonces me maravillo de que sigo aprendiendo a hablar, de que en el fondo soy una nena inocente, de que mi lengua tiene un mar, un infinito, un cosmos y un sótano interminable que decirme que aún con todo no hacen un mundo, pero lo rozan, ¿de eso se trata el camino, no? ¿de eso se trata el lenguaje qué no? Todo se trata de vivirlo.

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