Descripción exclusiva del antiguo ombligo del Tanhuantinsuyu, el centro del Cusco.

Cusco me ayuda a sentir que todo está bien. Aquí recordé que saber respirar es un trozo de felicidad. No sé por qué mi vínculo con ciertos espacios, pero definitivamente parte de mi tranquilidad y gozo depende del espacio que me rodee. Tengo una obra pendiente –creativa, de investigación o de ambas– acerca del espacio como parte del personaje. No se trata del todo de una propuesta surrealista, aunque admire trabajos como los de Remedios Varo, Sir Edward James, en la plástica y la arquitectura, o de Ende y Lewis en la literatura (y últimamente el trabajo de Robert Polidori, fotógrafo) y al mismo tiempo sí se trata de algo surrealista puesto que es una perspectiva personal, individual, onírica, emocional pero también pragmática; es saber que los espacios del exterior están siempre conectados con mis habitaciones interiores.
En fin, volviendo al Cusco, no sé qué tenga la piedra que en cualquier cultura que se respete ha sido usada con maestría en las grandes obras arquitectónicas y siguen impresionándome (nos) en pleno siglo XXI. El metal, la madera, el vidrio, son materiales interesantes, pero la piedra no tiene símil alguno, conecta a todos los hombres y mujeres de cualquier punto del orbe.

Además de piedra, lo que predomina en Cusco es barro y tejas, cal, arena ocre, frío, calles angostas, con estrechos escalones de subidas y bajadas, algunas orinadas (y empedradas, por qué no?,). Si miro sólo la Catedral o la Compañía de Jesús no me dicen gran cosa por sí solas, si miro por separado la casa de Garcilaso, apenas escucho un balbuceo, pero es la mirada de conjunto la que me embruja, la que acalla todas mis quejas acerca de la ignorancia de esta gente sobre el Inca Garcilaso y sobre su región, aquieta mis lamentos de falta de dinero para comprar artesanías de los fabulosos textiles, mis quejas sobre la corta curiosidad de los extranjeros nacos europeos, la confusión que le causo a la gente de aquí porque me asumen de inicio como peruana y como muy chamaquita y cuando descubren mi nacionalidad y mi verdadera edad recomponen a tropezones sus descortesías. Y Cusco sobre todo invita a la humildad, a dejarle de poner tanta salsa a los tacos. Los oriundos pueblan todas las calles, no como en Lima, tan pretenciosa y taan orgullosamente criolla. Digo, a estas alturas no sé si existan indígenas puros ni me encanta que sean desplazados por la modernización, etc. etc. pero al menos no se dejan embaucar tan fácilmente y muchos parecen felices con la vida que llevan ¡¿y quién no podría vivir en Cusco?!

Bueno, aquí con calles pequeñas y edificios altos, uno recuerda su tamaño, pequeñito, pequeñito, pero en las noches puede ver las luces de la ciudad gracias a los cerros que rodean, puede oler un humito de pan o de anticuchos, salir a bailar un son o dormir en el silencio pues por alguna razón no ladran perros ni retumban discotecas.

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2 comentarios sobre “Descripción exclusiva del antiguo ombligo del Tanhuantinsuyu, el centro del Cusco.

  1. No, de hecho en esta segunda visita he sabido que Perú ya me ha dado lo que me tiene que dar. Lo disfruto mucho y amo al Inca pero me toca voltear a otros hemisferios. Saludos, gracias por leerme y comentar, el congreso está de pelos, hoy escuché una teleconferencia exquisita de Mazzotti por Skype, ¿cómo ves?

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