51 Muestra Internacional de Cine: Los abrazos rotos

Pedro Almodóvar se vuelve cada vez más previsible para su espectador y principalmente para su espectador fanático pero también más entretenido. No hubo un solo momento de “Los abrazos…” en que percibiera indiferencia, creo que es una de sus virtudes poner personajes muy humanos y comunes, personajes que parecen espontáneos, ligeros y auténticos, pocas veces hay alguno inalcanzable, la mayoría de las veces están muy a la mano. La elección de los actores o casting es muy acertada: la mamá (la maravillosa Ángela Molina) de Lena (Penélope Cruz) – aunque sólo apareciera en un trío de escenas – y Ernesto Martel hijo (Rubén Ochandiano) o “Ray X” son mis favoritos; sin hablar de Blanca Portillo, personaje que carga gran parte del peso de la historia y cuya calidad histriónica no representa ninguna duda.

Pero lo que resalta, más allá de cualquier personaje peculiar es esa obsesión a lo telenovelesco de Almodóvar por el secreto, la intriga y las coincidencias que me recuerdan mucho a Julio Médem, nomás que en éste las coincidencias son románticas y sutiles y en Almodóvar groseras. Mateo Blanco alias Harry Caine (Lluis Homar), el supuesto protagonista, es el que más palidece, le hace bien de ciego pero no le creo lo galán-donJuan y eso que en “La mala educación” me gustó (es muy bueno para ser un galán y muy simplón para ser escritor); Penélope Cruz actúa mejor cuando la dirigen ídem y cuando no tiene que ser mucho más que una mujer bella y deseada.

En fin, podría seguir, creo que Almodóvar es muy auto-referencial no sólo en cuanto a la historia, sino al discurso de su cine, utiliza nombres y personajes de sus filmes anteriores, pero también actores, utiliza técnicas narrativas como elipsis y prolepsis, metaficción (el cine –su cine– dentro del cine y una ficción dentro de la ficción ¡ama el cine!) y elementos recurrentes de la trama como accidentes devastadores, infidelidades, encuentros accidentales, retrato de relaciones familiares; la música no acompaña sino que también narra, elementos gráficos como tacones, objetos  y conversaciones que aludan a una parafernalia sexual-femenina.

En síntesis, diría que es una película muy entretenida no memorable, las pelis de Almodóvar son tan melodramáticas que nunca me identifico del todo pero sí me río o reconozco haber visto alguna situación parecida, en ésta, hay una escena cerca de la anagnorisis en que participan los tres personajes principales, incluido el protagonista –en la cual Judith (Blanca Portillo) habla sobre un boicot fílmico– que es tan melodramática y solemne que da risa y sólo puede ser tomada como sátira entre la gente que realiza cine; sí, en efecto es muy satírico y eso es lo que nos acerca a sus personajes y sociedad.

Respecto al título, esta vez no es para mí tan lucidor, pues sólo se relaciona con el destino de los amantes y con el del filme dentro del filme, pero digamos que sí hubo algo de ruptura de la continuidad respecto a unas fotos rotas a las que se les dió mucha importancia fotográfica y de trama pero queda quebrada la razón de su rotura. Sí diría véanla.

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