La teta asustada

Me enteré de la existencia de este largometraje peruano desde hace año y medio mientras buscaba información para viajar por Perú, cuando estuve en ese país durante el festival de cine latinoamericano la busqué sin hallarla.

Lamentablemente a México apenas llegó hace un par de meses pero tuve la fortuna de verla en la pantalla grande en la semana de estreno. Lamento también que no haya logrado el ruido que debería causar por su calidad.

Me parece que, siendo una fábula, es una película muy realista y muy triste. El mundo marginal que retrata no es privativo de Perú sino de los cinturones de miseria de todas las grandes ciudades que han atraído a millones de campesinos emigrados en la desesperación por integrarse a la economía de su país, movidos por el hambre, más que por elección. Obligados a convivir con un ambiente totalmente hostil para quienes no compiten en la lógica capitalista, forzados a adoptar modos de vida que les son completamente extraños y en muchas ocasiones a renunciar a su cosmogonía, tradiciones y creencias más íntimas y antiguas.

La teta asustada podría bien titularse “los olvidados” o “los vencidos”, ese mestizo que añora su lengua y cultura indígenas pero que añora también la sensación de no tener hambre, de sentirse satisfecho, digno y respetado.

Las escenas más delicadas están teñidas del color del canto dulce tejido en quechua, una casi al principio y otra al final. La primera es una muestra de la naturaleza oral de la transmisión del saber de las comunidades antiguas y la segunda es una muestra de la individualidad del sentimiento de una joven que vive un duelo y que lucha por aferrarse a la subsistencia y a la defensa y conservación de sus creencias.

Podría escribir varias páginas acerca de esta película de visión cruda y no menos poética y pesimista de la ignorancia y la deshonra en la que viven cientos de peruanos, latinoamericanos, indígenas, campesinos, migrantes, indocumentados, … en fin: miserables hombres y mujeres que han quedado excluidos o mal parados de/en esa quimera llamada “modernidad”.

El título y el cartel de promoción aluden a una experiencia espeluznante de vejación que vive la madre de la protagonista, quien cree que ha heredado la desgracia mediante la leche materna y aterrorizada de por vida decide protegerse con lo que le queda más a la mano: una papa. Esta metáfora lleva a plantearse una pregunta: ¿realmente eleva la dignidad la memoria colectiva? ¿realmente alienta la transmisión de la historia de los vencidos y el recuerdo de los antepasados? Este sistema parece gritarnos que no.

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