Mary and Max

El arte de esta película es de lo más relevante y sin embargo no lo único. Decía Aristóteles que todo arte debe docere, delectare et movere (enseñar, deleitar y conmover) y esta película lo logra, desde mi punto de vista, en todos los aspectos que se pueden apreciar de un filme. Al comienzo de esta reseña me refería al arte como a la técnica de lo estético, es decir, a la iluminación, los encuadres, la musicalización, la gestualidad, que, en este caso tiene más mérito porque es casi teatral debido a que los personajes y toda la utilería están hechos de pasta y animados por “stop motion” (y desconozco si con alguna ayudadita de los programas de computadora).

La iluminación es adhoc al tono oscuro de la narración al estilo “darkie” pues los protagonistas y casi todo el mundo que se recrean distan mucho de ser modelos de belleza occidental. Mary está muy lejos de ser Venus, y Max completamente alejado de un Zeus. Volviendo al tono, dadas las circunstancias de vida de Max and Mary, el tono no podía ser dulzón y amable, se trata más bien de un relato irónico y en ocasiones sarcástico; es, de esas historias en las que lo que mueve a risa debería mover al llanto, el llamado humor negro (que por cierto, no sería avalado por Aristóteles, pues lo que mueve a lástima no puede mover a risa, según su Poética, pero claro él hablaba de otro género, en otra sociedad y otra época). Por lo tanto, es un discurso si bien realista en tanto que critica, no es menos hiperbólico en tanto que satiriza. En cuanto al tono de la narración, podría parecernos el de una película dirigida por Tim Burton pero con más fondo que forma, aquí lo retratado es el mundo de los marginados.

Por otro lado, es una historia que intenta desentrañar hasta un punto casi de didactismo la dimensión psicológica de los personajes principales. Y al final cierra con un aforismo paradójico que no desluce entre las muestras de humor negro de toda la película. El uso de la música, como de los colores y la iluminación no es excesivo y me parece dentro de un estilo expresionista.

Considero esta película una completa obra de arte: los detalles de la técnica en plastilina son muy deleitables; adiestra porque critica de una manera mordaz el estilo de vida de la sociedad global actual (sobre todo a su máximo dictador: U. S. A. y su hermanito pintito Australia) y conmueve porque la anagnórisis y catarsis a las que llegan los personajes hace que el espectador sufra esa empatía terrible que teme o se compadece de estar en los zapatos del “héroe”.

Otro aspecto que encarece esta película es el rompimiento del género tan característico de las obras de arte posmodernas. La definición del género infantil ha sido una larga discusión desde los inicios de su teorización.

Hay quienes afirman que es literatura creada para niños con ciertas caractéristicas como la ejemplaridad, lo maravilloso y el preciocismo y puede prescindir por ejemplo del conflicto y otras complicaciones y artes narrativos.

Hay otros que dicen que la literatura infantil es literatura para adultos que pueden leer también los niños y que pueden o no tener función ejemplarizante pero no debe prescindir de una inmersión en la identidad del lector.

Me inclino por la segunda y en efecto el dilema parecería solucionado al emplear dos nominaciones: literatura para niños para la primera definición y literatura infantil para la segunda definición, que más bien estaría destinada a un lector infantil o “inocente” aunque fuere adulto.

Esta película sin embargo, rompe tales definiciones: el arte es arte y no importa quién lo reciba, por ser de animación podría pensarse que está dirigida a los niños, pero al ver las escenas lóbregas y la cáustica sátira, por ejemplo de la sexualidad irresponsable, el crecimiento poblacional desmedido y la corrupción de las instituciones, tal vez algún padre le negaría a su hijo mirar tales escenas.

Para acentuar dicha paradoja y el tono oscuro, las voces de los personajes las hacen actores adultos con voces graves y no tan agudas como estarían en Toy Story o Finding Nemo (hacia las cuales por cierto no tengo ninguna aversión, al contrario, sólo que supuestamente son películas especialmente creadas para niños), algunas de estas voces son de Philip Seymour Hoffman, Toni Collette, Eric Bana, Renée Geyer y otros.

Imperdible.

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2 comentarios sobre “Mary and Max

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