La felicidad en la espera

Desde que no escribo por aquí, escribo mucho por allá, donde nadie me lee y eso que en mi vida han comenzado a suceder cosas realmente dignas de ser escritas, el asunto es que aún no encuentro el camino para contarlas. A veces, cuando narro a mis amistades lo que sucede dentro de mí, me experimento como un ser extraño, como si fuera la única en el mundo que tuviera dudas o no supiera tomar decisiones o cada decisión fuera tan angustiosa como un estreñimiento. Estos últimos días, por ejemplo, me sucedió algo digno de Shakespeare, me vi como cualquier personaje dentro de un mito o tragedia griega, atormentado por un acto libre y después luchando contra su destino, hasta oponerse a él y finalmente caer, por esa misma causa, en tal destino. ¿Cómo carajos he llegado a tomarme tan en serio, tan dramáticamente? Y cómo escribir sin ese ingrediente de preguntas filosóficas tan sobado y rebuscado por lo menos los últimos quince años de mi vida? Ayer leí una cita que me dejó perpleja (porque, como escribí en mi penúltimo post, ya sólo me interesa hablar de lo que me asombra y lo que me asombra es lo que se comunica con una parte profunda de mi que apenas conozco pero que intuyo más real que mi biografía):

Cual gusano que va de sí tejiendo

su cárcel y su eterna sepultura,

así me enredo yo en mi pensamiento…

                                            Diego de Silva.

Ya no me creo lo de ser un gusano (eso también me lo cuenta mi pensamiento) pero sí lo de ser autodestructiva. Y mi escritura cuando es muy mental o muy pensada, es efectivamente pesada como lápida, pesada hasta para mí misma. Mi vida está cambiando y se está poniendo climática, pero por alguna razón mi escritura y mis sueños vienen todavía unos kilómetros atrás; estoy esperando esa maduración que ya empiezo a sentir en mi mirada, mi mirada no es lo que ven los demás, sino lo que yo veo, y no me refiero al contenido, sino a la forma de mirar y no me refiero a la perspectiva, sino al momento en que miro, el método. Por lo que creo que mi escritura podría irse liberando de vez en cuando, poco a poco, de aquellas referencias pasadas para colocarse donde yo estoy ahora. Y me da la impresión de que no tengo la menor idea de cómo será, y que no tendré control sobre ella. Y como cualquier amor real que no podré poseer. Tengo una cita con la escritura a la que por primera vez en mi vida, la puntual seré yo. Ya estoy esperando.Imagen

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