Sant Jordi y día internacional del libro, 23 de abril.

Pocos días encuentro festejos tan ganones como el del libro (como si la pirinola cayera en la casilla “todos ganan” o todos tienen ganas). Me acuerdo de la primera celebración que hace seis años ocurrió en la que quise participar con la lectura ininterrumpida de Don Quijote en todo el mundo.

Hoy, propongo que recordemos y festejemos no sólo a Cervantes y Shakespeare, sino también al Inca Garcilaso, quien murió en la misma fecha y publicó La Florida (1605) en el mismo año que Cervantes “El ingenioso hidalgo…” además de ser el primer (y preside en muchos sentidos) escritor netamente hispanoamericano. Por si fuera poco estos escritores que casi estrenan la imprenta, vaya, que publican cuando ya comienza una industria del libro tal como lo conocemos ahora, son autores testigos (y parte) de los encuentros culturales y la mezcla que se fragua a partir de países europeos en todo el mundo; el Inca Garcilaso, el mejor ejemplo de armonización de los opuestos, traductor de la otredad.

Ahora, este año, coincide en España con la celebración de Sant Jordi que supone otros intercambios materiales y espirituales pues l@s <enamorad@s> truecan rosas por libros, miradas por sonrisas, tiempo por canto, … y todo confluye en un escenario de lenguas diversas. Los libros suponen riqueza cultural y las rosas riqueza espiritual. Algo me ha traído aquí este día, valga la utopía loca de la que seré testigo.

Los reyes magos

Chale. A mí nunca me trajeron nada los reyes y parecerá que soy una resentida y que por eso el sesgo parcial y amargo de mi post. Pero no; juro que no, casi cualquier digno ciudadano (¡qu’ ubo con mi autorización!) pediría lo mismo que yo:

Pido sensatez para nuestros gobernantes.

Pido sensatez para nuestros medios de comunicación.

Pido sensatez para los padres de familia y ciudadanos comunes.

No es posible, no concibo cómo el gobierno del DF no sólo permite, sino acondiciona y fomenta la soltada de globos con carta para los reyes ¿no que ya éramos muy modernos y se le enseñaba ecología a los escuincles en la escuela? ¿Y esos anuncios de CONAGUA con la niña que dizque quiere mucho al Agua? Ash.

No sólo me parece estúpido, sino ridículo que los padres anden corriendo el cinco de enero o el meritito seis en la búsqueda de una buena ganga para comprarle a su hijo y unos hasta llegan con el regalo el 7 y le cuentan al chamaco que los reyes se atoraron en el tráfico. Muchos no alcanzan a comprar lo que el niño pide y le compran otra cosa o la versión patito ¿a poco por mocosos son tontos?

Me parece que a las minieconomías familiares les sangra el regalo del día de Reyes; con tal de dizque no ofender la inocencia del niño, con tal de mantener una mentira, de recrear una fantasía respaldada por Disney,  la industria juguetera y el catolicismo son capaces hasta de endeudarse. Me parece deprimente ver en diciembre y enero en los vagones del metro publicidad de casas prestamistas, cada vez estamos más jodidos, ah, pero eso sí, el día de Reyes, de la Guadalupe y en el Bicentenario bien vestiditos y compraditos todos, por favor. Que se transmita la tradición pa’ los que pueden, pero no para los más golpeados, es muy triste ver a la gente jodida (como yo) buscar desesperados un regalazo de tres pesos.

Operativos extras de seguridad (como si los demás días no hubiera necesidad de vigilar) diurnos y nocturnos ¿de dónde sale el dinero para esta gran producción si estamos en crisis? pues ¡qué importa!); parafernalia para los Reyes magos en la Alameda; extensos, santurrones, subjetivísimos, moralinos y tendenciosos reportajes del “canal de las estrellas” y de otros canales y medios por largos minutos… ¿a qué hemos llegado, carajo? no les da vergüenza contestar esas entrevistas, padres de familia? ¿no les da pena, noticiarios, transmitir ese comprismo de locura y cuentos de bondad que nadie cree? Ash.

Y luego, lo peor, lo que verdaderamente me parece un robo institucionalizado: ¡las cartas a los reyes magos por el Servicio Postal Mexicano! Inaudito que aprovechen un cuento en el que los niños creen para manipular sus deseos y hacer un negocio como si los adultos también lo creyéramos; eso es mentir. No digo que se les revele ya de una vez por todas a los chamacos que los Reyes Magos no existen (aunque no sería mala idea, pero luego ¿cómo negociarían la buena conducta?) pero que los adultos hagamos como que existen y nos hagamos de la vista gorda de un negocio ruin, peor que el Teletón, eso sí que me parece absurdo, ¡en qué momento se estableció ese código de verosimilitud que a mí no me avisaron! Entiendo que MexPost necesite recursos pues ya sólo las editoriales, comercios, bancos y demás instituciones por el estilo usan sus servicios, pero ¡que no mamen, que se ideen otras formas! “Las tarjetitas a los reyes cuestan 1o pesos nada más y tienen espacio para que los niños hagan algún dibujo, luego las depositan en el buzón y Correos las envía a sus centros de distribución para hacerlas llegar a los Reyes Magos”, palabras más palabras menos del encargado de la oficina de correo del Centro Histórico, ¡cómo ven!

No sé, pero a mí me daría vergüenza, tener entre mis recuerdos infantiles haber ido a la Alameda a soltar un globo de gas con una carta que caerá a algún río por separado del globo. O haber ido al correo a depositar mi carta y mis dibujitos para quién sabe qué basurero.

Quizá un economista me vendría a decir que no sea mensa, que eso reactiva la miserable economía del país, y tal vez le conceda razón, pero entonces ¿de qué podría quejarme hoy? 🙂

Aquí los indios son los que naufragan

Estoy trabajando en el doctorado con la crónica de Indias, específicamente con las expediciones españolas hechas a esa zona que hoy es el sur de EUA que acarreó naufragios y una cierta tortura de los indios a los españoles (tómenla, barbones, por fin una de cal por las que iban de arena). Anoche me quedé hasta las tres de la mañana leyendo la crítica de mi corpus de investigación. Luego me dormí tranquila pero tratando de ordenar/construir mi planteamiento. Para no hacerles el cuento largo, hoy desperté con una sensación en el pecho de sollozo, pero el sollozo en el sueño me dijo – “despiértate (porque esto te duele, es demasiado para ti)”.

Desperté y no habían lágrimas en mis ojos pero sí la sensación en el pecho. Con esto de otro año más de la Revolución y ‘la manga del muerto’ que igual que la Independencia desde niña no celebro (excepto en cierta época y por motivos distintos a la mera revolución porque en mi pueblo las escuelas solían organizar desfiles muy creativos el 20 de noviembre en el que lucía toda mi gracia infantil y mi ansia de expresarme se calmaba) y no me contagia fe en absoluto, ando muy pensativa acerca de mi participación ‘patriótica’ y mi incursión pasada en la educación indígena multicultural en Oaxaca y lo feliz que me hacía, etcétera.

Bueno, pues soñé que en tiempos actuales estaba la misma explotación de los indios (sé que nuestra realidad actual no está lejos de eso) en las formas de la Colonia y que yo llegaba a un pueblo como una especie de mediadora. Resultaba que ni bien me había compenetrado con la situación y antes de que pudiera intervenir directamente en la vida de los indios (quienes físicamente eran como chamulas pero iban vestidos ya como occidentales) un mandamás los mandaba a una expedición pero era bien sabido que esas expediciones eran una amenaza porque además de pasar trabajos excesivos en el barco, las condiciones climáticas no eran las mejores y su vida corría peligro. Cuando uno de los muchachos indígenas me lo comunicaba, me daba rabia y dolor de que fueran a ir para allá, si ellos no oponían nunca resistencia se los iban a seguir jodiendo, necesitaban empezar a oponerse, le pregunté al mismo muchacho a dónde irían, me dijo que a las Indias (que en mi sueño significaba Tierra Firme y luego la isla Borinquen);  le dije –”¿y dónde está?” Y se alzó de hombros con una mirada triste. Me molesté más y casi le grité: – “¿cómo no sabes? ¡debes saber porque se los están chingando por eso! ¡tienes que conocer la tierra!”.

Por un segundo él me miró como pidiendo auxilio sin decir una palabra, sabíamos que él no podía hacer mucho por sí mismo en esas condiciones.  Luego, cuando ya me iba a compadecer de él, algo me dijo que no era el momento, que estuviera más alerta y sí, hice bien en pensarlo, porque inmediatamente después él me puso un dedo índice sobre mi párpado izquierdo y yo sabía que eso era para embrujarme. Por instinto y casi con violencia retiré su mano de mi párpado y dije: – “No”, ahí fue el sollozo; por un lado, sentía enojo, dolor e impotencia de ver cómo se los jodían, se los llevarían una vez más a un viaje riesgoso y por el otro, sentía miedo de dejar embrujarme porque no era la forma correcta, con ello me ponía a mí en peligro también. Interrumpí el ritual de su dedo porque tuve miedo de quedar sin voluntad: sería como ellos y me perdería. Definitivamente yo no tenía que ser como ellos, yo era distinta, la punta de su dedo tenía sangre.

Alguien en quien confío, después de escuchar mi sueño me dijo:

– ¿Qué te enoja, Luci; dónde no quieres ir?

Y luego:

– ¿A qué le temes que te pierda; a quién, quién quiere perderte?

Trato de responderme sinceramente. El indio era yo, la mediadora era yo. Por eso todo el orden de la historia real se trastoca.

51 Muestra Internacional de Cine: Los abrazos rotos

Pedro Almodóvar se vuelve cada vez más previsible para su espectador y principalmente para su espectador fanático pero también más entretenido. No hubo un solo momento de “Los abrazos…” en que percibiera indiferencia, creo que es una de sus virtudes poner personajes muy humanos y comunes, personajes que parecen espontáneos, ligeros y auténticos, pocas veces hay alguno inalcanzable, la mayoría de las veces están muy a la mano. La elección de los actores o casting es muy acertada: la mamá (la maravillosa Ángela Molina) de Lena (Penélope Cruz) – aunque sólo apareciera en un trío de escenas – y Ernesto Martel hijo (Rubén Ochandiano) o “Ray X” son mis favoritos; sin hablar de Blanca Portillo, personaje que carga gran parte del peso de la historia y cuya calidad histriónica no representa ninguna duda.

Pero lo que resalta, más allá de cualquier personaje peculiar es esa obsesión a lo telenovelesco de Almodóvar por el secreto, la intriga y las coincidencias que me recuerdan mucho a Julio Médem, nomás que en éste las coincidencias son románticas y sutiles y en Almodóvar groseras. Mateo Blanco alias Harry Caine (Lluis Homar), el supuesto protagonista, es el que más palidece, le hace bien de ciego pero no le creo lo galán-donJuan y eso que en “La mala educación” me gustó (es muy bueno para ser un galán y muy simplón para ser escritor); Penélope Cruz actúa mejor cuando la dirigen ídem y cuando no tiene que ser mucho más que una mujer bella y deseada.

En fin, podría seguir, creo que Almodóvar es muy auto-referencial no sólo en cuanto a la historia, sino al discurso de su cine, utiliza nombres y personajes de sus filmes anteriores, pero también actores, utiliza técnicas narrativas como elipsis y prolepsis, metaficción (el cine –su cine– dentro del cine y una ficción dentro de la ficción ¡ama el cine!) y elementos recurrentes de la trama como accidentes devastadores, infidelidades, encuentros accidentales, retrato de relaciones familiares; la música no acompaña sino que también narra, elementos gráficos como tacones, objetos  y conversaciones que aludan a una parafernalia sexual-femenina.

En síntesis, diría que es una película muy entretenida no memorable, las pelis de Almodóvar son tan melodramáticas que nunca me identifico del todo pero sí me río o reconozco haber visto alguna situación parecida, en ésta, hay una escena cerca de la anagnorisis en que participan los tres personajes principales, incluido el protagonista –en la cual Judith (Blanca Portillo) habla sobre un boicot fílmico– que es tan melodramática y solemne que da risa y sólo puede ser tomada como sátira entre la gente que realiza cine; sí, en efecto es muy satírico y eso es lo que nos acerca a sus personajes y sociedad.

Respecto al título, esta vez no es para mí tan lucidor, pues sólo se relaciona con el destino de los amantes y con el del filme dentro del filme, pero digamos que sí hubo algo de ruptura de la continuidad respecto a unas fotos rotas a las que se les dió mucha importancia fotográfica y de trama pero queda quebrada la razón de su rotura. Sí diría véanla.

De manteles largos

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Órale, no me había dado cuenta que hoy hace un par años comencé con este chorro de voz, justamente hace dos años me dió una diarrea verbal cuyo discurrir a veces es abundante y líquido y otras duro y seco, pero finalmente existe. Festejo sin tirar la casa por la ventana porque no se puede con esta crisis. Aún no sé pa’ que sirve mi blog y pa qué escribir pero lo seguré averiguando. Por cierto, creo que crée el blog en mayo de 2007 pero no comencé a escribir hasta octubre de ese año.

Na Florentina

Este cortometraje documental me lo envió un querido amigo etnomusicólogo y paisano (cualquier cosa relacionada con el sonido del corto, saben a quién dirigirse, él es el responsable: Amilcar V. Meneses). Bon appétit (recomendable con un totopo acompañado de camarón oreado, queso seco o fresco y una taza de café. Ya después, pa’l desempance, mi larga perorata que bien me vendría con un mezcalazo tobashishe).

La verdad el video me conmovió mucho, a pesar de tener muy presentes los paisajes istmeños, la enorme labor de estas señoras y de saborear los totopos cotidianamente (es decir, no soy de las que menosprecian un totopo).

Me conmovió porque ando metida en una (espero que breve) etapa de aridez y de improductividad en el terreno de la investigación, que es en el que me desenvuelvo y donde todo el trabajo es intelectual y el poco esfuerzo físico es permanecer sentada durante horas, transportarse a la biblioteca y sumergisrse en un mundo de saberes (en vez de sabores), el otro esfuerzo es posar la vista varias horas sobre letras impresas o en la computadora, donde lo único que se cansa es la vista.

Esta señora me ha enseñado/recordado la disciplina, ella no se cuestiona la utilidad de su trabajo como yo lo he hecho con el mío cada mañana que no quiero despegarme de la cama y postergo el trabajo, pero ya quiero yo que esta tesis que va a salir del doctorado sea tan sabrosa y cara como esos totopos que vende Na’ Florentina. Brindo por su ejemplo de esfuerzo, sencillez y convencimiento de lo que hace.

No es que menosprecie mi trabajo, sino que parece que me estoy volviendo apática hacia las disciplinas intelectuales y no sé si será que estoy envejeciendo (!) pero me parece que las actividades físicas tienen más vida, quiero ir hacia ellas y hacia lo que me hace despertar el corazón, ya chale con las puras ideas.

Descripción exclusiva del antiguo ombligo del Tanhuantinsuyu, el centro del Cusco.

Cusco me ayuda a sentir que todo está bien. Aquí recordé que saber respirar es un trozo de felicidad. No sé por qué mi vínculo con ciertos espacios, pero definitivamente parte de mi tranquilidad y gozo depende del espacio que me rodee. Tengo una obra pendiente –creativa, de investigación o de ambas– acerca del espacio como parte del personaje. No se trata del todo de una propuesta surrealista, aunque admire trabajos como los de Remedios Varo, Sir Edward James, en la plástica y la arquitectura, o de Ende y Lewis en la literatura (y últimamente el trabajo de Robert Polidori, fotógrafo) y al mismo tiempo sí se trata de algo surrealista puesto que es una perspectiva personal, individual, onírica, emocional pero también pragmática; es saber que los espacios del exterior están siempre conectados con mis habitaciones interiores.
En fin, volviendo al Cusco, no sé qué tenga la piedra que en cualquier cultura que se respete ha sido usada con maestría en las grandes obras arquitectónicas y siguen impresionándome (nos) en pleno siglo XXI. El metal, la madera, el vidrio, son materiales interesantes, pero la piedra no tiene símil alguno, conecta a todos los hombres y mujeres de cualquier punto del orbe.

Además de piedra, lo que predomina en Cusco es barro y tejas, cal, arena ocre, frío, calles angostas, con estrechos escalones de subidas y bajadas, algunas orinadas (y empedradas, por qué no?,). Si miro sólo la Catedral o la Compañía de Jesús no me dicen gran cosa por sí solas, si miro por separado la casa de Garcilaso, apenas escucho un balbuceo, pero es la mirada de conjunto la que me embruja, la que acalla todas mis quejas acerca de la ignorancia de esta gente sobre el Inca Garcilaso y sobre su región, aquieta mis lamentos de falta de dinero para comprar artesanías de los fabulosos textiles, mis quejas sobre la corta curiosidad de los extranjeros nacos europeos, la confusión que le causo a la gente de aquí porque me asumen de inicio como peruana y como muy chamaquita y cuando descubren mi nacionalidad y mi verdadera edad recomponen a tropezones sus descortesías. Y Cusco sobre todo invita a la humildad, a dejarle de poner tanta salsa a los tacos. Los oriundos pueblan todas las calles, no como en Lima, tan pretenciosa y taan orgullosamente criolla. Digo, a estas alturas no sé si existan indígenas puros ni me encanta que sean desplazados por la modernización, etc. etc. pero al menos no se dejan embaucar tan fácilmente y muchos parecen felices con la vida que llevan ¡¿y quién no podría vivir en Cusco?!

Bueno, aquí con calles pequeñas y edificios altos, uno recuerda su tamaño, pequeñito, pequeñito, pero en las noches puede ver las luces de la ciudad gracias a los cerros que rodean, puede oler un humito de pan o de anticuchos, salir a bailar un son o dormir en el silencio pues por alguna razón no ladran perros ni retumban discotecas.