Reivindicar, reiniciar, reír

Anoche revisaba algunos blogs y me encontré con esto: http://lobamarino.blogspot.com/2012/01/ella-sabe-que-ha-cruzado-una-linea-de.html y con esto: http://softellez.tumblr.com/day/2011/11/09/ Dos maravillosos textos que considero <<de culto>> porque hay un autor-dios “que hace que leer sea tan pero tan parecido a orar, con una atendible diferencia: no sólo sentimos que nos escucha sino que, además, nos habla nada más que a nosotros ” (Irma Gallo, 2012). Lo que refieren ambos textos es la experiencia del paso del tiempo y las decisiones acerca de lo que uno llena la vida.

Puedo hacer un recuento muy extenso de todo lo que he vivido desde que me separé de mi último amor o desde que llegué a vivir a la ciudad de México o desde que me cambié de casa a los 3 años, etcétera. No lo haré porque además de que a nadie le interesa, sólo hablaría de la memoria de la imagen que me gusta proyectarme y proyectar acerca de mí misma. Constaría de una memoria más mental, la memoria emocional sólo raras veces la contacto y poquísimas logro escribrir sobre ella.

Ese más bien es mi drama – o mi conflicto, para ser más correcta – actual: consigo menos veces de las que quisiera escribir y vivir desde el corazón. Sin embargo me propongo a cada día, a cada minuto, a cada parpadeo, no marchitarme y no hacer demasiado caso a esa entidad mía que dice no sentir nada. Leer estos textos revirtieron dicha sentencia, eso y la carta que recibí ayer de mi maestro espiritual. Y esta tarde, al ver por la TV (tenía otra vez algo de tiempo sin asomarme al aparato) que los vikingos fueron una etnia grandiosa, que se sigue haciendo títeres para entretener a los niños, que se sigue intentando hacer documentales y reportajes sobre todos los mundos vivientes en este planeta, que se continúa buscando curas de enfermedades para ayudarnos unos a otros, … Y entonces me pregunto “¿quién me ha robado el mes de abril?” ¿quién me quitó la curiosidad por el mundo y las ganas de vivir? ¿quién me vino con la mentira de que no me amo? Y aunque aún no encuentro la respuesta y en realidad no busco un culpable sino un eslabón perdido, sé que una vez que he descubierto cuál es mi conflicto es más fácil que éste desaparezca porque voy a llevar conciencia a él tantas veces como aparezca.

Tal parece que la señorita cascabelera necesita de ritos cotidianos que le recuerden que es bueno estar alegre y que es su naturaleza ser feliz, buscar desesperadamente ser feliz, tener voluntad para ello, pero la voluntad es algo que incluso puede ir en contra de mí misma y de mis comodidades, en contra de la imagen esa que tanto cuido, la voluntad reside justamente en no buscar la felicidad fuera sino dentro de mí y en eso consiste la reivindicación, en que reclamo mi felicidad a mi interior y cada vez que eso sucede ocurre un milagro, en una asana, en la meditación, en unas palabras de mi mamá al despedirme de Ixhuatán, en un gesto de algún amigo del Trabajo; sí, allí se refleja mi sentimiento pero está adentro.

Por eso no significa nada para mí la fila de “logros” del año pasado, la estadística; de hecho hace un par de meses me levanté y pensé que a mis 31 años no había vivido nada, mi existencia era un desperdicio porque no había nada en mi corazón, pero no lo dije para flagelarme, quejarme o hablar mal de mí misma, sino para darme cuenta de mi situación actual, para aprovechar en el ahora esta sangre que me fluye, estos músculos que uso, este esqueleto de memoria porque hoy puedo morirme y morir sin nada. A eso me refería cuando comía con Nora y me dijo ¿y por qué te importa que pase el tiempo? y pensé que era mi necesidad de controlar, pero no, me preocupa el tiempo porque no quiero que pasen otros treinta años sin sustancia, porque puede pasar un sólo día más y llegar mi muerte. Y si así fuera llegaría sedienta no saciada.

Sin embargo -y contra todas los pronósticos de este post- referiré lo que me ha ocurrido en los últimos dos años que no he escrito en este blog que se ha vuelto mi confesionario. No, mejor no, lo único que puedo decir es que cuando me encuentro con gente me dicen que me veo muy bien, mejor que nunca, y yo me sigo preguntando a qué se lo atribuyen (porque percibo que cuando uno luce mejor es un reflejo del interior) y me digo que este año he tenido pruebas de que puedo acceder a cualquier mortal que me atraiga; tuve encuentros que jamás hubiera imaginado… lo más inesperado es que intuyo que <<mi poder>> radica en mi juventud y energía sexual y esto es muy perturbador.

Y también, contra todo pronóstico, este post no relatará mis propósitos de año nuevo, los propósitos tienen en realidad una proyección a futuro que no deseo, no es que no tenga esperanza pero prefiero ser real y tomar acciones en lugar de tener expectativas de mí misma.

Las acciones que he ido tomando en este reinicio, en este nuevo año (estoy cambiando de piel, literalmente, por la asoleada en las vacaciones) es que estoy dejando de juzgarme; lo interesante de mis últimos días es que estoy aprendiendo a no dejarme ir por mis estados negativos como hilo de media, es decir, de no descoserme, de no darme tanta importancia ni dársela a los sucesos y eventos y mucho menos a mis emociones. Es como una meditación en activo.

¿Cómo he andado ese sendero tan hipotético, tan lleno de truculentos vericuetos, falsos atajos, endebles puentes? Bueno, primero con mucha ayuda de la influencia divina y de mi maestro, en segunda, parando en seco en cuanto las observo, ciertos hábitos, por ejemplo, ya no me critico y ya no digo cosas feas de mí y ya no me persigo por las cosas que hago, trato de quererme imperfecta (aunque en realidad sea perfecta y solo lo esté aparentando para no despertar envidias, jaajaja), en fin este es un trabajo fino, delicado porque en cualquier momento puedo ser jalada por severo pensamiento habitual que se toma muy en serio, entonces este trabajo consiste en no tomarse nada en serio y más bien reirme mucho, sobre todo de mí misma, incluso en mis sueños me he tomado menos en serio y me doy cuenta más veces dentro del sueño que estoy soñando y me he mirado las manos.

Por eso, este reinicio con mi vida y con la escritura no tiene propósitos sino desafíos y estos son que quiero escribir sobre lo que me asombra y conmueve. Y, por lo tanto, quiero estar asombrada y conmovida, sólo eso.

Activos y pasivos del viaje a Cabo, 2a. parte.

Pero la geografía aún con su apabullante belleza de rocas, cactus, corales, nubes y astros que anunciaron el amanecer, el ocaso y la noche, fueron lo de menos.

Yo estoy pasando desde que terminé la maestría por una etapa de incertidumbre muy aguda y en mis vacaciones de diciembre planée hacer un retiro espiritual en el istmo pero no pude (en el istmo hay puro carnaval y bacanal, es imposible sustraerse).

Lo que realmente gané en este viaje fue estar cerca de una de las personas que más cómoda me hacen sentir en este planeta: mi hermano. Siempre peleamos en la infancia y no nos soportamos hasta vivir separados. Desde hace años hemos radicado en ciudades distintas, yo siempre en el DF y una minitemporada en Oaxaca y él en Oaxaca, Voralberg, Puebla, Oaxaca, Tabasco, Baja Sur. Desde entonces siento que siempre sí la paso bien con él. Seguimos ‘agarrándonos del chongo’ pero me siento en confianza casi como con nadie.

Ahora en Cabo no me aislé ni hice un retiro completo por las condiciones del viaje, pero mi corazón se nutrió todo lo que podía hacerlo, además de que pasé largos ratos en la playa en solitario, hice hatta yoga y lo mejor: conocí a dos mujeres nuevas, una dentro de la otra.

Llegué cargada de una energía suave al DF, me hizo bien estar cerca de mi hermano porque yo había andado muy pesimista por esta situación de incertidumbre y él con todo su desastre que suele traer realmente está cargando “un paquete” mayor pero lo está viviendo no con pesar como Luci toma sus dudas, sino que ha tomado “al toro por los cuernos”.

Él va a ser papá por primera vez (igual que R., la madre) y me iluminó ver cómo trata de renunciar a sí mismo para entregarse a la responsabilidad de un ser pequeñito que dependerá de ellos. Mi cuñada y yo éramos casi extrañas y creo que ahora nos entendemos muy bien. Y su panza… ¡su panza! donde vive mi sobrina hasta hoy es lo más increíble y misterioso que he visto; el habitat donde está guardada la esperanza de todos los corazones que queremos ver surgir a ese ser que unió dos sangres y que viene en camino.

Celebro haberte conocido, querida sobrina y pronto iré a conocerte afuera de la panza, en el mundo.

Luna, naces mañana. Luna ya estás aquí y –no por soledad ni por necesidad, sino por amistad- yo soy feliz.

Soy más rica. Invertí y gané.

Activos y pasivos del viaje a San Lucas: riesgos, gastos, acreedores, pérdidas y ganancias, 1a. parte.

Hace poco más de un mes hice un viaje a la Baja Sur. Por ir allá perdí dos buenas oportunidades de trabajo en una de las universidades más importantes de este país. La paga no era mala, eran pocas horas, se trataba del área disciplinaria que más disfruto, pero comenzaba sus cursos en los días que yo estaría en Cabo y simplemente lo descarté.

También hice un examen para un diplomado interesante que me prepararía para un futuro a mediano plazo con trabajo en el norte del continente. Pasé el examen pero no me inscribí porque la fecha de entrevista coincidía con mi estancia en Cabo.

En ese mes, por primera vez mi beca mi beca sería íntegra para mí y no para pagar deudas pues ya estaban saldadas las últimas en diciembre, por lo que podría ahorrar para tomar talleres artísticos que me alimentan tanto. No me inscribí a taller alguno. No ahorré un solo peso, me gasté todo (y a muchos quizá podría parecer sacrilegio “rechazar” trabajo en estos tiempos).

Falté a unas sesiones que tengo con un grupo de meditación que me importa mucho y me perdí de toquines interesantones de amigos y artistas que disfruto mucho.

Suspendí encuentros románticos y divertidos con gente con la que he estado saliendo y a mi vuelta encontré una nefasta noticia sobre la salud de un familiar materno.

Y sin embargo, volvería a hacer ese viaje si me lo dieran a elegir; tres veces decidiría lo mismo.

Además de que la geografía es una conjunción maravillosa de desierto y mar que se agradece al cosmos, el ambiente a pesar de la gringada es de pueblo. Uno no puede sentirse con muchos humos si tiene por techo el cielo y por horizonte el oceáno.

Estuve en la punta de uno de los extremos del país, entre el mar de Cortés y el Océano Pacífico, maravillada del milagro de que sea una playa de unos cuantos cientos de metros la que divide estas contrastantes aguas que imaginé conocer desde los trece años, más o menos y que tenía olvidado el sueño.

Creo

Como suelo ser – y parecerá que me contradigo del post de los reyes magos- cito algo que me encontré hace unos meses, antítesis del grinch*.

Y para alimentar mi esperanza, como siempre no dejo de encontrar ayuda y resonancia en el entorno. No sé cómo encontré este texto el blog de aquel semejante:

<<Credo.

Es igual si crees en Cristo, Moisés, Buda, Krishna, Marx, Paris Hilton, Christian Dior, en ninguno de ellos o en todos a la vez. Cree en ti, cree en el ser humano, confía en que aún hay esperanza para encontrar un camino, una pequeña luz, un impulso que nos permita seguir adelante y ser felices de vez en cuando. Confía en la perra vida, que es puñetera pero hay que vivirla. Te quiero. Os quiero. Me quiero. Quiero seguir queriendo. Y puede que el amor nos salve de las miserias o al menos, las haga más soportables.

Cree en el amor. Yo quiero creer más.

Y amar.>>

Menuda tarea: Seamos como el universo, cambiemos y creamos. OM.

*ay, me choca este término, es la primera vez que lo uso, pero tengo que reconcer que tal vez sea el adecuado para describir esa actitud de ayer frente a la tradición.

Eso nomás se piensa pero no se dice

A veces me disfruto tanto que compadezco a quienes no me disfrutan. A veces disfruto tanto de estar conmigo y gozo tanto de la vida que tengo pena de quienes no la disfrutan. A veces disfruto tanto mi soledad y libertad que me gustaría compartirlas, ja, pero sé que la pura enunciación es una paradoja. No se puede compartir la soledad, ni la libertad. ¿Quizá sí la felicidad? Me gustaría encontrar la mañosa manera, ese vivir ladino de ir creciendo acompañado pero sin dejarse a la suerte del otro; sin renunciar a la enorme responsabilidad de estar solo; de ser libre de hacer o no hacer.

Cuando me siento así veo lo frágil que en realidad es este estado de armonía, belleza y soltura porque de inmediato quiero atraparlo y gritarlo, pero es de una delicadeza que si se vierte se transforma en otra cosa, como la belleza de una capa seca de arena sobre la playa. Y es así de delicada porque esta libertad aún no me pertenece, sólo me dan probaditas de vez en cuando.

Esta libertad es aún muy externa, llena de condiciones favorables, como mantenerme a mí misma y estar sana y más o menos guapa sin que necesite a tres galanes que me lo vengan a decir –aunque no me falten tres que me lo digan, dijera Ximena: ¡hasta hacen fila!-, tener una familia numerosa y amigos que me aman y me dan todo si lo necesito, porque vivo sola en un sitio que me gusta y lo conservo, porque tengo de qué alimentarme (en todos los sentidos).Y no puedo compartir mi libertad justamente por esa vulnerabilidad y condicionamiento: en un momento paso tiempo con alguien y se lleva mi soledad y “escapo” y me fundo en el exterior. Y no puedo negar que eso también lo disfruto y a veces lo necesito. Por eso esta soledad y libertad todavía no son mías del todo, porque no en todo momento acepto que estoy sola y acepto que así moriré.

Intuyo que la clave para permanecer es hacerme responsable de mi pobreza y riqueza. Y agradecer, recordar lo más posible el acto de agradecer.

Hoy hablé por teléfono con mi madre. Por primera vez algo que dijo me hizo gracia cuando antes eso mismo me molestaba un chingo. Me quiere mi madre y yo he sido tan tonta, tan inmadura que desde la adolescencia (esa etapa que en realidad no he brincado a uno de mis treinta) he creído que está en mi contra. ¿Cómo puede caber tanta soberbia en mi humanidad tan pequeñita?


La última discusión la tuve hace como cuarenta días cuando me acababa de mudar. “No me trates como una niña”, le he dicho tantas veces, creía que ella quería decirme una vez más cómo hacer las cosas exactamente. Y creía que lo hacía porque no le gusta lo que soy, que no me acepta y que no ve quién soy. Pero ¿será verdad que no sabe quién soy? ¿y quién con más derecho que ella de preocuparse por mi bienestar? La pregunta es: ¿por qué me irrita tanto que me haga recomendaciones como taparme por el frío, comer bien, acostarme temprano, no andar en la calle hasta tarde y ser ordenada, acicalada, puntual y amable?
Tal vez yo me haya terminado de formar en todos esos aspectos (espero que no en otros, espero que haya alguna posibilidad aún de pulir ciertos rasgos) y tal vez ella no logre nada con decirme sus recomendaciones tantas veces, pero parece que necesito comprender que se trata de la mujer que me ha dado la vida no sólo porque mi vida nació de su útero, sino porque me cuidó hasta que tuve oportunidad de moverme sola y aún cuando me quedo sin trabajo o sin aliento me sostiene; además, toda la educación emocional de la que puedo presumir está gracias a ella y a mi abuela;  los valores y esas cosas de no dañar al semejante han sido su ejemplo.

¿Por qué desde niña no quería que me cuidara? ¿Por qué me hacía la autosuficiente y la poderosa? ¿Por qué he sentido esa lejanía entre nosotras? Es como si yo no quisiera recibir de ella, como si me pareciera que ya tuve mucho con salir de su placenta como para que todavía me tenga que dar más ¡pero ella quiere darme! Porque para ella yo soy como un brazo, como una rama. Suena igual de estúpido que si me enojara con la tierra porque sigue dando frutos y no seca sus ríos a pesar de que no la procuramos. Había querido cortar el cordón umbilical antes de estar unida y antes de necesitarlo.
Hoy que surgió la plática de que pronto viajaré al Istmo para verla, me dijo: –Cuídate bien en el viaje, te abrigas bien, no vayas a perder el autobús y -una frase nueva- “no tomes nada que te ofrezcan de beber o comer”. Involuntariamente solté una risa, pero no fue burlona ni en forma de queja, esta vez sentí la ternura de su indicación (a mis veintitantos y a casi quince de andar viajando y acercarme o alejarme de su seno, de no vivir juntas, pues) y ella se sacó de onda y me pidió disculpas por empezar con la letanía conocida.

Ya no le expliqué nada y no creo que haga falta pero espero haber comenzado a darme cuenta de por dónde va la onda; hoy me pareció tener un atisbo; ¿por qué me enojo si sus cuidados tienen tanta dulzura? Fue Humberto quien me dijo -al día siguiente de que me pelée con ella (¡me pelée! qué vergüenza) –  algo que me despertó por un momento : “Todo lo que salga de la boca de tu madre es sagrado, considera sagrado todo lo que ella haga o diga” –de dónde venga, me interesa poco, creo que es un consejo de hinduismo, simplemente es algo que no había escuchado– Amén.

Ollin -kilométrico- ¿otra vez?

Alguna vez Nora me comentó: “a todos nos gusta el cambio, pero a nadie nos gusta estar cambiando”, es decir, disfrutamos el cambio una vez que ha llegado. Yo, Luci, siempre me he jactado de disfrutar los cambios, es delicioso despedirse de lo viejo y al mismo tiempo recibir impresiones nuevas; es alucinante para mí el tipo de sensaciones hasta corporales que pasan con ello; es un ambiente parecido al de los sueños, donde todos los afectos se mezclan y forman un todo original pero lo esencial siempre queda claro y uno siempre es uno; es un barrido emocional, como cuando muevo los muebles de la recámara (que es algo que hago al menos tres veces por año). Así me gustan los cambios de mi vida, pues parece que al dejar de ser algo, la saboeo de otra forma. Pero llevo un año aterrada a cambiar de otra manera. Hay cambios externos que tienen incidencia en nuestros estados interiores y esos son los realmente cabrones. Hechos conectados con lo que uno es o al menos con lo que cree ser, con lo que lo identifica a uno.  Y por eso nos duelen pues no nos queremos mover ni un centímetro de la costra, del chicle que significa nuestra personalidad. Pero hay otros cambios más raros: el cambio de manera de ver el mundo, de sentir el mundo y de ver y sentir a uno mismo. Hay cambios interiores que -dicen- casi sólo las experiencias cercanas a la muerte nos los traen. De uno de esos cambios estoy hambrienta, los otros, los de color y estilo me tienen un poco aburrida y cansada, desilusionada, de ver que lo único que cambia es la cáscara.

Aquí la letra. Remarco lo que me interesa.

Ya tuve que ir obligado a misa,
Ya toque en el piano “Para Elisa”,
Ya aprendí a falsear mi sonrisa,
Ya caminé por la cornisa,
Ya cambié de lugar mi cama,
Ya hice comedia,
Ya hice drama,
Fui concreto,
Y me fui por las ramas,
Ya me hice el bueno,
Y tuve mala fama…

Ya fue ético,
Y fui errático,
Ya fui escéptico,
Y fui fanático,
Ya fui abúlico,
Y fui metódico,
Ya fui púdico,
Fui caótico,
Ya leí Arthur Conan Doyle,
Ya me pasé de nafta a gas oil,
Ya leí a Breton y a Molière,
Ya dormí en colchón y en sommier,
Ya me cambie el pelo de color,
Ya estuve en contra y estuve a favor,
Lo que me daba placer ahora me da dolor,
Ya estuve al otro lado del mostrador…

Y oigo una voz
Que dice sin razón
Vos siempre cambiando
Ya no cambias más
Y yo estoy cada vez más igual
Ya no sé que hacer conmigo

Ya me ahogué en un vaso de agua,
Ya planté café en Nicaragua,
Ya me fui a probar suerte a USA,
Ya jugué a la ruleta rusa,
Ya creí en los marcianos,
Ya fui ovolacto vegetariano, ¡Sano!
Fui quieto y fui gitano,
Ya estuve tranqui,
Y estuve hasta las manos,
Hice el curso de mitología,
Pero de mí los dioses se reían,
Orfebrería la salvé raspando,
Y ritmología aquí las estoy aplicando,
Ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé,
ya firmé, ya viajé, ya pegué, ya sufrí, ya eludí,
Ya huí, ya subí, ya me fui, ya volví, ya fingí, ya mentí,
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Y entre tantas falsedades,
Muchas de mis mentiras ya son verdades,
Hice fácil adversidades,
Y me compliqué en las nimiedades…

Y oigo una voz…

¡Adentro!

Ya me hice un lifting,
Me puse un piercing,
Fui a ver al Dream Team,
Y no hubo feeling,
Me tatué al Che en una nalga,
Arriba de mami para que no se salga,
Ya me reí y me importo un bledo,
De cosas y gente que ahora me dan miedo,
Ayuné por causas al pedo,
Ya me empaché con pollo de spiedo

Ya fui al psicólogo,
Fui al teólogo,
Fui al astrólogo,
Fui al enólogo,
Ya fui alcóholico,
Y fui lambeta,
Ya fui anónimo,
Y ya hice dieta,
Ya lance piedras y escupitajos,
Al lugar donde ahora trabajo,
Y mi legajo cuenta a destajo,
Que me porte bien,
Y que arme relajo…

Y oigo una voz…

Vi en esta canción esa última idea: el ansia de cambiar interiormente. Durante algunos años he buscado mi vocación y no la encuentro; sólo ando cambiando de acuerdo a la suerte y a las circunstancias.  Y creo que no la he hallado por miedo a verme interiormente; encontrarla entonces no sería un cambio cualquiera, sino que estaría acompañado de un movimiento interior: aceptar quien soy.

Como sea, cualquier cambio externo me da por lo menos la oportunidad de moverme interiormente, de recordar el asombro por el mundo y por mi ser. Ahora voy a mudarme por octava vez en una década. Y me da miedo. Me aterra que ese cambio ya no me hable adentro, que la ciudad de todas formas ya no tenga encanto ni nada que descubrirle para mí, estoy dejando pues de creer en los cambios externos como salvación.