PD, public domain

He sabido de ti tantas veces y por tantos medios y mi vida ha seguido avanzando. Del dolor de arrancarme de tu vida cotidiana nacieron después una lucha y una búsqueda en oposición permanente: la lucha por sobrevivir y la búsqueda por un sueño del corazón que fuera lo más parecido al nuestro. El sobreviviente dentro de mí se dijo que no habría persona que llegara a amarme otra vez como tú, y que probablemente yo no confiaría en nadie más como en ti.

Después de una larga y tensa pelea interior y después de tantos años he encontrado a “Someone like you” y me siento tan agradecida con la vida que he matado mis ataduras a este país, a mi capital cultural, a mis libros y a mi pasado. Decido que me voy, que lo tomo, que me abrazaré a la  persona más parecida a ti, no sólo por amor, sino por desesperación y por enmendar la plana; porque si no hubiera sido alguien como tú, serías tú, porque después de que me fui tú te fuiste y cuando lo hiciste mi corazón se rompió y miré todo el ego que podía contener en mí misma al grado de envolverme en un maremagnum que me alejó de lo más preciado que tenía, lo más delicado y valioso; del susurro más fino, como el del ave de pecho rojo que cantó en la ventana de mi habitación, el día que dejé nuestra casa y que trataba de prevenirme con un canto místico de amor, para que no me fuera.

No había vuelto a tener muchas mañanas soleadas y relajadas desde tu ausencia; el espacio para confiar y soltar, dejarme sostener, hasta ahora. Me volví a enamorar dos veces más de una manera ardorosa y asombrosa pero nunca, nunca nada como tu amor, tu amor, tu amor, tu amor, nunca tu amor. Sé que también buscaste a alguien como yo y que perfeccionaste con tu dama el amor cortés que me rendías, hiciste con maestría una parodia de nuestra tragedia y una imitación perfecta en la que cambiaste el género a comedia romántica, así como esos primeros días y meses en que compartimos juntos y fuimos más que pan y sal, cuánto te  admiraba entonces y cuánto te sigo admirando, cuánto me admirabas tú también y cuánto te has llevado de mí a tu nueva obra… (eso último nunca lo sabré).

Pero tuve varias señales en la espera triste si no de ti, de alguien como tú, porque has de saber que hace tiempo que ya acepté que no regresarías. Y llegaron a mí más dolores y más pérdidas, como si estuviera depurando mi corazón. Junto con la canción de moda, someone like you ha llegado y me aferro a él como se aferra un náufrago a una tabla en medio del océano, él no es el barco que se perdió, ni la tierra, pero es el camino a lo más parecido a conservar la vida. Es por eso que veo que llegó un momento en que mi lucha y mi búsqueda dejaron de ir en sentidos opuestos y empezaron a tomar un rumbo pararelo, pero separado, hasta que por una vuelta fortuita del destino, en una curva, las líneas se tocaron y se hicieron una: más gruesa y de un sólo sentido.

Ahora mi sobreviviente no lo hace en contra del corazón, sino que va con el que busca, en realidad renuncio a ser un náufrago, ahora busco y lucho por sobrevivir en el amor maduro, quiero sostener la ternura y la encuentro, como una mariposa que elige descansar en la palma de mi mano. Aún con todo lo agradecida que estoy con mi vida ahora, puedo mirar hacia el pasado y hacia ti con un inmenso amor.

Pero aún con toda mi felicidad, la tristeza que me da que mi familia o algunos amigos en común estén más cerca de ti que yo, el no saber de ti y el no compartir tu propia felicidad, incluso al lado de quien estás, es inconmensurable, el haberme desterrado de tu vida cotidiana, el perder tu amistad. Porque para mí, por encima de todo, incluso de nuestra historia de amor, lo más importante era ser amigos. Gracias por todos los días de tu vida conmigo y gracias por todos los días de tu vida, admirado poeta, entrañable amigo perdido.

A manera de colofón,  una pérdida es siempre una pérdida, no importa que una nueva e inmensa alegría  llegue, por eso, en honor a ti y en compensación de esa gran pérdida estoy haciendo todo de manera diferente y decido estar dispuesta a pasarla mal y a estar vulnerable; he decidido que esta vez la que se canse no seré yo.

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Sant Jordi y día internacional del libro, 23 de abril.

Pocos días encuentro festejos tan ganones como el del libro (como si la pirinola cayera en la casilla “todos ganan” o todos tienen ganas). Me acuerdo de la primera celebración que hace seis años ocurrió en la que quise participar con la lectura ininterrumpida de Don Quijote en todo el mundo.

Hoy, propongo que recordemos y festejemos no sólo a Cervantes y Shakespeare, sino también al Inca Garcilaso, quien murió en la misma fecha y publicó La Florida (1605) en el mismo año que Cervantes “El ingenioso hidalgo…” además de ser el primer (y preside en muchos sentidos) escritor netamente hispanoamericano. Por si fuera poco estos escritores que casi estrenan la imprenta, vaya, que publican cuando ya comienza una industria del libro tal como lo conocemos ahora, son autores testigos (y parte) de los encuentros culturales y la mezcla que se fragua a partir de países europeos en todo el mundo; el Inca Garcilaso, el mejor ejemplo de armonización de los opuestos, traductor de la otredad.

Ahora, este año, coincide en España con la celebración de Sant Jordi que supone otros intercambios materiales y espirituales pues l@s <enamorad@s> truecan rosas por libros, miradas por sonrisas, tiempo por canto, … y todo confluye en un escenario de lenguas diversas. Los libros suponen riqueza cultural y las rosas riqueza espiritual. Algo me ha traído aquí este día, valga la utopía loca de la que seré testigo.

Activos y pasivos del viaje a Cabo, 2a. parte.

Pero la geografía aún con su apabullante belleza de rocas, cactus, corales, nubes y astros que anunciaron el amanecer, el ocaso y la noche, fueron lo de menos.

Yo estoy pasando desde que terminé la maestría por una etapa de incertidumbre muy aguda y en mis vacaciones de diciembre planée hacer un retiro espiritual en el istmo pero no pude (en el istmo hay puro carnaval y bacanal, es imposible sustraerse).

Lo que realmente gané en este viaje fue estar cerca de una de las personas que más cómoda me hacen sentir en este planeta: mi hermano. Siempre peleamos en la infancia y no nos soportamos hasta vivir separados. Desde hace años hemos radicado en ciudades distintas, yo siempre en el DF y una minitemporada en Oaxaca y él en Oaxaca, Voralberg, Puebla, Oaxaca, Tabasco, Baja Sur. Desde entonces siento que siempre sí la paso bien con él. Seguimos ‘agarrándonos del chongo’ pero me siento en confianza casi como con nadie.

Ahora en Cabo no me aislé ni hice un retiro completo por las condiciones del viaje, pero mi corazón se nutrió todo lo que podía hacerlo, además de que pasé largos ratos en la playa en solitario, hice hatta yoga y lo mejor: conocí a dos mujeres nuevas, una dentro de la otra.

Llegué cargada de una energía suave al DF, me hizo bien estar cerca de mi hermano porque yo había andado muy pesimista por esta situación de incertidumbre y él con todo su desastre que suele traer realmente está cargando “un paquete” mayor pero lo está viviendo no con pesar como Luci toma sus dudas, sino que ha tomado “al toro por los cuernos”.

Él va a ser papá por primera vez (igual que R., la madre) y me iluminó ver cómo trata de renunciar a sí mismo para entregarse a la responsabilidad de un ser pequeñito que dependerá de ellos. Mi cuñada y yo éramos casi extrañas y creo que ahora nos entendemos muy bien. Y su panza… ¡su panza! donde vive mi sobrina hasta hoy es lo más increíble y misterioso que he visto; el habitat donde está guardada la esperanza de todos los corazones que queremos ver surgir a ese ser que unió dos sangres y que viene en camino.

Celebro haberte conocido, querida sobrina y pronto iré a conocerte afuera de la panza, en el mundo.

Luna, naces mañana. Luna ya estás aquí y –no por soledad ni por necesidad, sino por amistad- yo soy feliz.

Soy más rica. Invertí y gané.

Activos y pasivos del viaje a San Lucas: riesgos, gastos, acreedores, pérdidas y ganancias, 1a. parte.

Hace poco más de un mes hice un viaje a la Baja Sur. Por ir allá perdí dos buenas oportunidades de trabajo en una de las universidades más importantes de este país. La paga no era mala, eran pocas horas, se trataba del área disciplinaria que más disfruto, pero comenzaba sus cursos en los días que yo estaría en Cabo y simplemente lo descarté.

También hice un examen para un diplomado interesante que me prepararía para un futuro a mediano plazo con trabajo en el norte del continente. Pasé el examen pero no me inscribí porque la fecha de entrevista coincidía con mi estancia en Cabo.

En ese mes, por primera vez mi beca mi beca sería íntegra para mí y no para pagar deudas pues ya estaban saldadas las últimas en diciembre, por lo que podría ahorrar para tomar talleres artísticos que me alimentan tanto. No me inscribí a taller alguno. No ahorré un solo peso, me gasté todo (y a muchos quizá podría parecer sacrilegio “rechazar” trabajo en estos tiempos).

Falté a unas sesiones que tengo con un grupo de meditación que me importa mucho y me perdí de toquines interesantones de amigos y artistas que disfruto mucho.

Suspendí encuentros románticos y divertidos con gente con la que he estado saliendo y a mi vuelta encontré una nefasta noticia sobre la salud de un familiar materno.

Y sin embargo, volvería a hacer ese viaje si me lo dieran a elegir; tres veces decidiría lo mismo.

Además de que la geografía es una conjunción maravillosa de desierto y mar que se agradece al cosmos, el ambiente a pesar de la gringada es de pueblo. Uno no puede sentirse con muchos humos si tiene por techo el cielo y por horizonte el oceáno.

Estuve en la punta de uno de los extremos del país, entre el mar de Cortés y el Océano Pacífico, maravillada del milagro de que sea una playa de unos cuantos cientos de metros la que divide estas contrastantes aguas que imaginé conocer desde los trece años, más o menos y que tenía olvidado el sueño.

Creo

Como suelo ser – y parecerá que me contradigo del post de los reyes magos- cito algo que me encontré hace unos meses, antítesis del grinch*.

Y para alimentar mi esperanza, como siempre no dejo de encontrar ayuda y resonancia en el entorno. No sé cómo encontré este texto el blog de aquel semejante:

<<Credo.

Es igual si crees en Cristo, Moisés, Buda, Krishna, Marx, Paris Hilton, Christian Dior, en ninguno de ellos o en todos a la vez. Cree en ti, cree en el ser humano, confía en que aún hay esperanza para encontrar un camino, una pequeña luz, un impulso que nos permita seguir adelante y ser felices de vez en cuando. Confía en la perra vida, que es puñetera pero hay que vivirla. Te quiero. Os quiero. Me quiero. Quiero seguir queriendo. Y puede que el amor nos salve de las miserias o al menos, las haga más soportables.

Cree en el amor. Yo quiero creer más.

Y amar.>>

Menuda tarea: Seamos como el universo, cambiemos y creamos. OM.

*ay, me choca este término, es la primera vez que lo uso, pero tengo que reconcer que tal vez sea el adecuado para describir esa actitud de ayer frente a la tradición.

En 2010

Quiero este año ser perfecta; impecable en mi tarea de ser lo que quiero. Nomás eso.  🙂

Eso nomás se piensa pero no se dice

A veces me disfruto tanto que compadezco a quienes no me disfrutan. A veces disfruto tanto de estar conmigo y gozo tanto de la vida que tengo pena de quienes no la disfrutan. A veces disfruto tanto mi soledad y libertad que me gustaría compartirlas, ja, pero sé que la pura enunciación es una paradoja. No se puede compartir la soledad, ni la libertad. ¿Quizá sí la felicidad? Me gustaría encontrar la mañosa manera, ese vivir ladino de ir creciendo acompañado pero sin dejarse a la suerte del otro; sin renunciar a la enorme responsabilidad de estar solo; de ser libre de hacer o no hacer.

Cuando me siento así veo lo frágil que en realidad es este estado de armonía, belleza y soltura porque de inmediato quiero atraparlo y gritarlo, pero es de una delicadeza que si se vierte se transforma en otra cosa, como la belleza de una capa seca de arena sobre la playa. Y es así de delicada porque esta libertad aún no me pertenece, sólo me dan probaditas de vez en cuando.

Esta libertad es aún muy externa, llena de condiciones favorables, como mantenerme a mí misma y estar sana y más o menos guapa sin que necesite a tres galanes que me lo vengan a decir –aunque no me falten tres que me lo digan, dijera Ximena: ¡hasta hacen fila!-, tener una familia numerosa y amigos que me aman y me dan todo si lo necesito, porque vivo sola en un sitio que me gusta y lo conservo, porque tengo de qué alimentarme (en todos los sentidos).Y no puedo compartir mi libertad justamente por esa vulnerabilidad y condicionamiento: en un momento paso tiempo con alguien y se lleva mi soledad y “escapo” y me fundo en el exterior. Y no puedo negar que eso también lo disfruto y a veces lo necesito. Por eso esta soledad y libertad todavía no son mías del todo, porque no en todo momento acepto que estoy sola y acepto que así moriré.

Intuyo que la clave para permanecer es hacerme responsable de mi pobreza y riqueza. Y agradecer, recordar lo más posible el acto de agradecer.